Muchos aseguran, con fundamento, que el mañana no está escrito. Hay, en cierta forma, mucha lógica en ello, especialmente cuando se trata de procesos electorales. Sin embargo, lo que se expresa en las urnas, visto en retrospectiva, tiene matices que resultan fáciles de descifrar. Podemos decir que uno de los elementos a favor, sin duda, son las encuestas que circulan en la previa. No todas son creíbles; empero, conseguimos citar algunas que, por su exactitud, acortan distancia y, de plano, no podemos negarnos ante esa realidad.
Siendo así, hay algo de razón en los pronósticos que adelantan las metodologías. Pero, de igual forma, la perspectiva social también nos ofrece un panorama propio, dado lo relevante que se vuelve en cada coyuntura.
El ejemplo más claro, por supuesto, es la elección presidencial celebrada en junio de 2024. Antes de la votación —por la diferencia de proyectos y la preparación de las aspirantes— ya se intuía cuál sería el desenlace. Si buscamos algunas razones, partiendo de la premisa de que la última palabra la tenían los votantes, el grueso de la población salió en grandes proporciones a refrendar el respaldo a la mujer con mayor preparación; es decir, a quien generaba mayor identificación y empatía.
De hecho, la única incógnita que surgió fue precisar el margen con el que Claudia Sheinbaum obtendría la presidencia. Se hicieron algunos cálculos apresurados que, viéndolo bien, se quedaron cortos después de conocerse el abultado resultado que promedió la candidata. Al detenernos en ello, hablamos del reconocimiento a su liderazgo y del ejercicio de continuidad de la Cuarta Transformación.
Mientras el PAN se vuelca en una guerra sucia sin cuarteles, Morena sigue aprovechando las brechas para abrir nuevos frentes. Se nota que, prácticamente en todo el territorio, tienen muy claras las metas que se han trazado. Ayer mismo, desde este espacio, recalcamos que la coalición Seguimos Haciendo Historia es, por lo que trasciende, inmensamente favorita para ganar 15 de las 17 entidades federativas.
Ese es el caso de Querétaro, donde el proyecto ha encontrado identificación con todos los sectores de la ciudadanía. Ese éxito —o reconocimiento— debe capitalizarse en votos.
De hecho, tienen un peso determinante los recorridos territoriales que realizan los aspirantes a la coordinación de la defensa del voto. Incluso, en ese intento por trepar a la cima —si queremos verlo como un proceso de planeación dentro de la contienda— la dirigencia nacional reunió a todos y todas para encauzar la unidad y, de paso, evitar pugnas internas que puedan estropear el triunfo que la izquierda considera inexorable en ese enclave.
Y Morena, partiendo de la realidad que impera en Querétaro, está construyendo las condiciones tal y como ocurrió en Yucatán y en el Estado de México. Sé que la lista de aspirantes es larga y se dice mucho al respecto; sin embargo, todos los pronósticos apuntan a la imagen de Santiago Nieto. Recalcando esa realidad, podemos afirmar que él es la carta fuerte de Palacio Nacional para poner fin a la hegemonía de un panismo que —como lo dijo en su momento el presidente López Obrador— está moralmente derrotado. Al ser un elemento que permea en la conversación pública, la izquierda busca asegurarse competitividad y, desde luego, cohesión interna. Esa combinación de factores explica por qué el proyecto en Querétaro se ha vuelto tan relevante en la estrategia nacional.
A sabiendas de que Morena es una opción viable para ganar en Querétaro, las semanas y los meses que se avecinan serán cruciales para organizar la avanzada. Existe, de hecho, un rumbo claro trazado por la dirigencia nacional que encabezan Ariadna Montiel y Citlalli Hernández. Ambas, figuras de absoluta confianza para la presidenta, han sentado las bases al concluir que, por encima de cualquier cosa, están la unidad y el proyecto de transformación.
Al ver que ese fin colectivo se ha ido alcanzando tras las reuniones internas, vendrá la madre de todas las batallas para expandir la Cuarta Transformación. Desde luego, no será una tarea sencilla; sin embargo, la coalición Seguimos Haciendo Historia enfrentará a una derecha adormilada que ha incumplido el mandato popular en Querétaro. Todo ello nos lleva a entender la reconfiguración y el reacomodo de fuerzas que hoy resulta evidente.
Mientras ese instante llegue, como pasó en Estado de México y Yucatán, Morena afina la maquinaria y, en algún momento, le atribuiremos esto como el preludio de una victoria.



