La visita de Isabel Díaz Ayuso a México no solo provocó indignación: dejó al descubierto una visión profundamente colonial, arrogante y ofensiva hacia la historia y la dignidad de nuestro país.
Decir que “México no existió hasta que llegaron los españoles” no puede minimizarse como una simple polémica o un error de discurso. Es una declaración que desprecia deliberadamente siglos de civilización, cultura y conocimiento de los pueblos originarios que construyeron esta nación mucho antes de la conquista.
México no nació con la invasión española. México nació de sus raíces indígenas, de su historia milenaria y de la resistencia de generaciones que sobrevivieron al sometimiento, al saqueo y a la imposición colonial. Pretender borrar eso en pleno 2026, no solo es ignorancia histórica: es una falta de respeto inadmisible hacia el pueblo mexicano.
Por eso la respuesta de la presidenta Claudia Sheinbaum fue tan importante. Porque respondió con firmeza, inteligencia y dignidad frente a un discurso que intentó menospreciar la identidad nacional.
La presidenta defendió algo mucho más grande que una postura política: defendió la memoria histórica de México, la soberanía cultural del país y el orgullo de millones de mexicanas y mexicanos que ya no están dispuestos a aceptar discursos colonialistas disfrazados de opinión.
Y hay que decirlo claramente: México no tiene nada que aprender de quienes todavía justifican la conquista como una supuesta misión civilizadora. Los tiempos en los que algunos políticos europeos podían hablarle a América Latina desde la superioridad moral quedaron atrás.
Hoy México tiene liderazgo, tiene voz propia y tiene una presidenta que no agacha la cabeza frente a nadie cuando se trata de defender la dignidad nacional.
Eso es precisamente lo que incomoda a ciertos sectores conservadores: ver a un México más fuerte, más consciente de su historia y menos dispuesto a aceptar lecciones de quienes siguen atrapados en nostalgias imperiales.
Porque mientras algunos continúan mirando a América Latina con mentalidad colonial, México decidió caminar hacia adelante con soberanía, memoria histórica y orgullo nacional.
También es justo reconocer a las voces españolas que sí marcaron distancia de las declaraciones de Díaz Ayuso, como Manuela Bergerot, quien entendió que reivindicar la conquista y utilizar un tono de provocación hacia México solo profundiza heridas históricas y lastima la relación entre ambas naciones.
La relación entre México y España debe construirse desde el respeto mutuo, nunca desde la arrogancia ni desde discursos que pretendan humillar a nuestro país.
Porque México no necesita tutores.
No necesita validación extranjera.
Y mucho menos necesita que vengan a explicarle su propia historia.
México tiene memoria.
Tiene dignidad.
Y tiene una presidenta que la defiende con firmeza frente al mundo.
María Teresa Ealy Díaz, Diputada Federal LXVI Legislatura.
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