Mara Lezama está bajo fuego.

La publicación de información sobre sus viajes en aeronaves privadas abrió una controversia que no debe minimizarse, pero tampoco utilizarse para construir una condena anticipada.

Hay preguntas legítimas.

Y Mara debe responderlas.

La propia gobernadora ha negado las cifras que se le atribuyen y ha asegurado algo fundamental: ninguno de esos vuelos fue pagado con recursos públicos.

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Si es así, hay una manera sencilla de terminar con buena parte de la polémica: transparentarlo todo.

¿Cuántos vuelos fueron realmente? ¿Quién los pagó? ¿Cuáles tuvieron carácter oficial y cuáles fueron privados? ¿Quién proporcionó las aeronaves?

Documentos sobre la mesa.

Ni cheque en blanco ni hoguera pública

Pero exigir transparencia no significa sumarse al linchamiento.

Mara Lezama no apareció ayer en la vida pública y su gobierno no puede reducirse a una bitácora de vuelo.

Quintana Roo es uno de los estados estratégicamente más importantes del país. Es la principal puerta turística internacional de México, recibe inversiones multimillonarias y administra una complejísima realidad económica, migratoria, ambiental y de seguridad.

Y Mara tiene resultados que defender.

Su administración ha acompañado años extraordinarios para la actividad turística, ha atraído inversión, impulsado infraestructura y mantenido gobernabilidad en un estado donde gobernar nunca ha sido sencillo.

Eso también cuenta. Y mucho.

Sería tan irresponsable utilizar esos resultados para evitar preguntas como utilizar los vuelos para borrar de un plumazo todo un gobierno.

Claudia hizo bien

La presidenta Claudia Sheinbaum pidió que el asunto se aclare.

Hizo bien.

No condenó a la gobernadora ni la abandonó políticamente. Hizo algo mucho más importante: estableció el estándar que debe prevalecer para cualquiera que ejerza responsabilidades públicas.

Explicar. Transparentar. Rendir cuentas.

Mara debería tomarle la palabra.

Porque una gobernadora que tiene resultados no necesita esconderse detrás de ellos.

Y una gobernadora que afirma que no utilizó un solo peso público tampoco debería temer abrir la información.

También cuidado con la grilla

Ahora bien: tampoco seamos ingenuos.

En política existen intereses, disputas, sucesiones y campañas de desgaste. Y sería extraordinariamente inocente pensar que toda filtración nace exclusivamente del amor a la transparencia.

Mara es una figura política nacional, cercana a la presidenta y con peso propio dentro de su movimiento.

Eso naturalmente genera aliados, adversarios e intereses.

Pero la mejor manera de derrotar cualquier operación política no es denunciarla. Es quitarle el combustible.

Que Mara publique la información.

Si hubo recursos públicos involucrados, habrá responsabilidades que explicar.

Pero si, como sostiene, los vuelos fueron cubiertos legítimamente sin dinero del erario, también habrá que decirlo con la misma fuerza con la que hoy se difunden las acusaciones.

Porque rendición de cuentas significa investigar lo malo.

Pero también significa no inventar lo que no existe.

Mara debe transparentar.

Sus críticos deberán probar.

Y después que hablen los hechos.

Ni impunidad para nadie.

Ni condenas sin pruebas para nadie.

X: @JaimeCulebroG