Los presidentes siempre parten de la idea de que una iniciativa de ley necesariamente debe ser aprobada. Casi siempre lo han tomado como una medida de su autoridad, por lo que consideran un revés un serio fracaso. Con la pérdida de mayoría en el Congreso, los presidentes tuvieron que entender necesario el acuerdo con las fuerzas políticas en el Congreso. Muchos proyectos no llegaron a ser ley o tuvieron que modificarse de manera sustancial. Con el obradorismo y su mayoría legislativa, la contención vino de la Corte y del Poder Judicial Federal y, en el agravio, se entendió que era indispensable su reemplazo, objetivo hecho realidad con la reforma judicial y la elección del acordeón.

Uno de los fallos legislativos de mayor calado del actual gobierno se dio con la mal llamada reforma electoral. Incomprensible que la presidenta Sheinbaum pensara que el PVEM y el PT aceptarían las bases para su desaparición. Morena nunca ha tenido la representatividad que se arroga. El saldo no sólo fue que la iniciativa de reforma constitucional fracasara, sino que devino en ruptura de la coalición, con un elevado costo para la presidenta. La recomposición de la dirigencia de Morena fue inevitable para que el entendimiento con los socios transitara de vista a la elección, ante la realidad de que Morena no tiene mayoría absoluta y difícilmente la obtendría en 2027. Ir solo con las mismas reglas mostraría su realidad: una minoría de poco más de un tercio de los votos y una quinta parte de los votantes.

La presidenta Sheinbaum decidió emprender un cambio en la legislación que regula la radio y la televisión, con el evidente propósito de someter todavía más a ese segmento. Los reducidos espacios de libertad son intolerables no por la situación actual, sino por lo que se avecina. El gobierno, acertadamente, ve un escenario adverso no tanto por razones electorales, sino producto de la agenda judicial de EU en México y de la fuerza de la realidad por la connivencia con el crimen organizado.

Someter a los medios electrónicos se advierte como una necesidad ante un escenario de guerra, no advierten que el ecosistema digital es lo que más importa, 60% se informa preferentemente por las redes y 40% lo hace de manera dominante. El régimen reacciona mal ante el posible enfrentamiento con el gobierno de EU. Como toda guerra, el control de la información y la propaganda se vuelven fundamentales. La cobertura informativa de los medios desde la solicitud de detención del gobernador Rocha Moya, el régimen advierte que la cobertura de la radio y la TV le es claramente adversa. El discurso soberanista no cobró fuerza alguna y sí la idea de que el gobierno protege a los narcopolíticos. La batalla por la narrativa no prende ni prenderá en las condiciones actuales.

El régimen está decidido a aprobar la legislación restrictiva sobre los medios de comunicación concesionados. Se parte de la tesis de que, por su propia naturaleza, está obligado a actuar a partir del interés del Estado; y en la visión obradorista el Estado les pertenece, casos claros la manera como ha operado el Canal 11 o la misma mañanera. En consecuencia, la radio y la TV deben ser un frente unificado de combate o resistencia ante la eventual batalla con el gobierno de EU. En su maniquea convicción, se trata de la defensa de la soberanía nacional.

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El debate sobre la reforma, bajo el pretexto de proteger a las audiencias, lo perdió el gobierno desde el inicio. Además, dejó al descubierto que el primero en violentar el derecho de la audiencia es el gobierno y la Presidencia. Los errores, mentiras, sesgo y manipulación siempre los ha habido. Pero ahora fue mayor en asuntos muy sensibles y a la vista de todos. Quien pretende erigirse en juez es quien con mayor claridad muestra la urgente necesidad de su regulación en el manejo de la información y la comunicación social.

El rechazo a la iniciativa no sólo se ha mantenido, se ha ampliado y amenaza con incorporar al ámbito internacional. Persistir en aprobar la reforma parecería un contrasentido. Sin embargo, el debate y la resistencia se han dado sin considerar que el régimen se advierte amenazado. La presidenta Sheinbaum está decidida y la reforma habrá de consumarse. En todo caso, es una batalla perdida por el peso que tienen los otros medios convencionales y, especialmente, el ecosistema digital.