El inicio de un nuevo periodo ordinario, en el tercer año legislativo de esta Legislatura, no es solamente el regreso a sesiones, debates y votaciones. Es también una oportunidad para recordar por qué estamos aquí, a quién representamos y qué país estamos obligados a seguir construyendo.

México vive una etapa en la que legislar no puede reducirse a levantar la mano o presentar iniciativas. Legislar, hoy más que nunca, exige escuchar, caminar, dialogar y entender el momento histórico que atravesamos. Exige saber que cada decisión tomada en el Congreso tiene impacto en la vida diaria de millones de personas: en la familia que busca estabilidad, en el joven que quiere oportunidades, en la mujer que exige seguridad, en el trabajador que aspira a una vida más justa y en las comunidades que durante años fueron olvidadas.

Este nuevo periodo legislativo va a requerir altura de miras. Va a requerir seriedad, disciplina y mucho compromiso. Pero, sobre todo, va a requerir unidad. No una unidad de fotografía ni de discurso fácil, sino una unidad real, construida desde el trabajo, desde la responsabilidad y desde la convicción de que la Cuarta Transformación tiene todavía mucho por consolidar.

La 4T no nació para administrar lo mismo de siempre con otro nombre. Nació para cambiar de raíz la forma en que se entiende el poder público. Nació para poner primero a quienes nunca habían sido prioridad. Nació para recuperar la dignidad del pueblo y para recordarnos que la política, cuando se hace con honestidad, puede ser una herramienta profundamente humana.

Por eso, en este nuevo periodo, la unidad será indispensable. Porque vienen discusiones importantes. Porque el país necesita seguir avanzando con rumbo. Porque defender los principios de la transformación también implica cuidar la estabilidad, fortalecer las instituciones, atender las causas de fondo y construir acuerdos que sirvan verdaderamente a México.

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Esa misma unidad que se necesita en el Congreso es la que también estamos trabajando en Querétaro. No desde el escritorio, no desde la comodidad de una oficina, sino recorriendo el estado, escuchando a la gente, tocando puertas, visitando municipios, caminando comunidades y entendiendo que cada región tiene su propia voz, sus propias necesidades y sus propias esperanzas.

Querétaro es un estado fuerte, trabajador, con enorme talento y con una historia que siempre ha estado ligada al destino nacional. Aquí se han escrito páginas fundamentales de la historia de México. Por eso, hablar de Querétaro también es hablar de responsabilidad. No podemos permitir que nuestro estado se quede mirando desde lejos los cambios del país. Querétaro debe participar, proponer, sumar y ser parte activa de la transformación nacional.

La unidad que estamos construyendo en Querétaro no se trata de pensar todos igual. Se trata de caminar hacia el mismo lado. Se trata de entender que, por encima de cualquier diferencia, hay una causa más grande: el bienestar de la gente. Se trata de sumar liderazgos, abrir espacios, escuchar a todos los sectores y demostrar que la política puede volver a sentirse cercana.

Porque cuando la política se aleja de la gente, se enfría. Se vuelve trámite, se vuelve cálculo, se vuelve costumbre. Pero cuando la política camina las calles, cuando escucha en serio, cuando mira de frente a las personas, entonces recupera su sentido más importante: servir.

Este tercer año legislativo también debe ser un año para defender con claridad la soberanía nacional. Y hablar de soberanía no es hablar de una palabra antigua ni de un concepto reservado para los libros de historia. La soberanía se defiende todos los días: cuando México decide sobre sus recursos, cuando protege su democracia, cuando fortalece su economía, cuando impulsa su campo, cuando cuida su energía, cuando garantiza que las decisiones importantes se tomen pensando primero en el pueblo mexicano.

La soberanía nacional no significa cerrarnos al mundo. Significa pararnos frente al mundo con dignidad. Significa cooperar, comerciar, dialogar y competir, pero sin agachar la cabeza. Significa que México puede mirar hacia el futuro sin renunciar a su historia, a su identidad y a su derecho de decidir su propio camino.

Esa es una de las grandes tareas de la Cuarta Transformación: demostrar que un país puede modernizarse sin perder su alma. Que puede atraer inversión sin entregar su destino. Que puede crecer sin abandonar a los más pobres. Que puede ser competitivo sin olvidar la justicia social. Que puede construir futuro sin romper con el pueblo que le da sentido.

En Querétaro, esa visión también tiene que sentirse. Tiene que sentirse en los jóvenes que quieren participar, en las mujeres que están abriendo camino, en los trabajadores que sostienen todos los días la economía, en los empresarios que generan empleo, en las comunidades que piden ser escuchadas y en cada persona que quiere un estado más justo, más unido y más fuerte.

El nuevo periodo ordinario nos llama a trabajar con más fuerza. Nos llama a no distraernos. Nos llama a entender que la confianza de la gente no se gana con frases bonitas, sino con resultados, presencia y congruencia. La ciudadanía sabe distinguir cuando alguien está de paso y cuando alguien está verdaderamente comprometido.

Por eso, este arranque legislativo debe asumirse con humildad y con carácter. Humildad para escuchar. Carácter para defender lo que creemos. Humildad para reconocer lo que falta. Carácter para seguir empujando los cambios que México necesita.

La transformación no se sostiene sola. Se sostiene con trabajo diario. Se sostiene con territorio. Se sostiene con unidad. Se sostiene con mujeres y hombres que entienden que servir al país es una responsabilidad enorme, pero también un privilegio.

Hoy inicia una nueva etapa de trabajo legislativo. Y desde Querétaro, con la fuerza de nuestra gente y con la convicción de seguir recorriendo cada rincón del estado, seguiremos aportando a un proyecto nacional que tiene una idea muy clara: México se defiende trabajando por su pueblo.

Porque la soberanía también se construye desde lo local. Porque la unidad también se demuestra caminando juntos. Y porque el futuro de México no se espera sentado: se trabaja, se defiende y se construye todos los días.

Ricardo Astudillo Suárez, diputado por el PVEM

Agradezco a Federico Arreola por este espacio semanal, porque hay momentos en la vida pública del país que no deben pasar como una fecha más en el calendario.