“Ir de narices contra una pared, resulta cómico
Más repetirlo una y otra vez es un mal crónico
Creo que haciendo el tonto por la vida voy
Creo que en medio de un berenjenal siempre estoy
A cada paso que doy.”
LUZ CASSAL
“Volverme niña, cuando cae la lluvia
Tatuar los árboles del parque
Ver la vida como un arcoíris, lleno de color
Y tú me pesas, como pesa un lastre
Excesivo que hace ingobernables
Los aviones en mitad del aire
¡Demasiado y no!”
YURI
Esta tragedia es multifactorial. Es tan grande que hasta la propia SEP no le está pasando completa la información educativa de México al INEGI.
No sabremos con regularidad sobre índices educativos y de aprovechamiento. Ya desconocemos, de hecho, lo que aprenden —y hasta qué punto aprenden— los infantes (si es que algo aprenden…). Los padres, las autoridades y el sector educativo como un todo no tienen manera de saber ni lo básico sobre el desempeño de educandos (tampoco del de los educadores).
Aberración e ignorancia que están atacando el de por sí vapuleado sistema educativo en nuestro país. Un problema de años que ahora ha tomado nuevas dimensiones y va con velocidad hacia el precipicio.
Aproximadamente hace un año expuse aquí en SDPnoticias que una importante razón que explica el porqué los alumnos no han mejorado su capacidad de aprendizaje es que el gobierno no se ha propuesto separan las necesidades y exigencias laborales de los docentes de lo relativo al modelo educativo (el cual incluye la visión para los educandos, el desarrollo de contenidos, la propia formación docente y los métodos pedagógicos). A veces pareciera que en materia educativa en México lo único importante son los sindicatos de maestros (ni siquiera los maestros perse), la administración del aparato educativo, y eso de enseñar a pensar a nuestros niños y jóvenes no se toma en cuenta.
Pero esto que delineé es apenas el primer gran fracaso. El segundo resulta más importante y alarmante: no saber estructurar el porqué de la política educativa y condenarnos como sociedad a vivir exclusivamente del y para el entorno inmediato.
Me explico. Las civilizaciones pasadas son generalmente recordadas más por las contribuciones al conocimiento y la cultura que se dieron en ellas que por la fuerza de sus ejércitos, la grandeza de sus dominios, la riqueza de sus líderes. Los pueblos de Mesopotamia, por ser los primeros en “escribir” y “contar”; los egipcios, por sus pirámides, templos cubiertos por jeroglíficos y el sistema sexagesimal para medir y numerar; los griegos y helenos, por su arquitectura, escultura, filosofía, literatura y matemáticas; los romanos, por su obra civil, su jurisprudencia. Y los ejemplos continúan a lo largo de los tiempos.
Hay quienes afirman que la sofisticación de las civilizaciones se puede medir por la cantidad de información que se intercambia (se usa) en ellas diariamente. El académico Douglas Robertson por ejemplo señala que en una tribu analfabeta solo se intercambia lo que saben o recuerdan los integrantes de la esta, mientras que una población alfabetizada puede abrevar también de lo que le escriben parientes lejanos o de los escritos de sus ancestros. Que una nación alfabetizada —que además cuenta con imprenta y, por tanto, con libros, revistas diarios, etcétera— usa e intercambia mucho más conocimiento. Señala por último que en la civilización digital, en cuyas primeras décadas nos ubicamos, la magnitud de la información que usamos, procesamos e intercambiamos diariamente es verdaderamente grande gracias a las computadoras que lo hacen posible.
En este nuevo “nivel de civilización” las máquinas no sólo facilitan el trabajo físico de animales y humanos, sino que están facilitando (SUSTITUYENDO) el trabajo intelectual.
La llamada inteligencia artificial ya es capaz de “leer y consultar” miles de libros y millones de artículos y de “escribir” textos y “conversar” sobre cualquier tema en medio centenar de lenguas sin que sean inmediatamente reconocidos como inhumanos.
Pues bien, es en este contexto en el que debemos dimensionar lo que la SEP está haciendo a la “civilización mexicana”. En vez de ayudarnos a transitar hacia el dominio de los conceptos y la autosuficiencia en las tecnologías cada vez más dominantes y necesarios, pretende que, como hace siglos, dependamos de lo inmediato a nuestro entorno.
A medida que de por sí aumenta la distancia entre los conocimientos de frontera y los que poseemos la mayoría de las personas, la Secretaría de Educación Pública se empeña en aumentar en vez de acortar esa distancia.
Pronto seremos, si no es que lo somos ya, un país de analfabetas en el que cualquier App (aplicación) pueda hacer mejor, más rápido y sin que cueste nada lo que será capaz de hacer el mexicano promedio.
¿Esa es la apuesta? ¿Egresar generaciones incapaces de pensar, discernir información en un vasto océano de esta? ¿De transformarla, utilizarla?, ¿analfabetas en tecnología?
Sabemos del interés del actual gobierno en culpar al pasado. Lo que a veces no nos percatamos es de esta otra tragedia: que al mismo tiempo, por cuanto a su estrategia educativa, ‘la cuarta transformación’ trata de emular… ¡al pasado también!
Casi cinco años se han ido discutiendo cuál presidente del pasado causó más daño, pero ni un mínimo atisbo de imaginar el futuro o de preparar a los estudiantes para que puedan ser no digamos competitivos —palabra satanizada por la 4t—, sino que puedan medianamente comprender los cambios tan fundamentales a los que se están enfrentando.
Un mundo donde, si no se dimensionan los alcances de la inteligencia artificial, y no se sabe cómo mejorarla/manejarla/trabajar con ella, estaremos contribuyendo a crear el peor de los futuros. Un futuro que ya está aquí.
Por si todo lo anterior no fuera suficiente, la ‘Nueva Escuela Mexicana’ tendrá entre sus víctimas a “primero los pobres”, así la irresponsable propuesta —que no estrategia— de la autoridad educativa.
La educación participativa y a mano alzada que mucho tiene de adoctrinamiento. Escuelas convertidas en asambleas en las que se desconfía de la libertad individual, se endiosa el voto mayoritario y se impulsa una falsa “armonía fraterna”. Toda una farsa, pues.
Una política que ataca derechos humanos y limita el desarrollo individual e impulsa la noción de comunidad basada en ideologías y en repetición de conceptos caducos.
¿De cuándo acá enseñar a pensar, a dilucidar de manera libre —y sí, individual— está peleado con el trabajo en equipo, en sociedad?
Pero lo que se comienza a ofrecer ahora son los anacrónicos libros de texto gratuitos y, para peor, llenos de loas y de pasajes tergiversados de la historia de nuestro país.
Egresar ignorantes, mientras se hacen a un lado los avances científicos, pedagógicos, tecnológicos, sociales, parece ser la consigna. Una tragedia convertida en herencia; generaciones enteras sin preparación para sus tiempos. Burladas.




