Hace un par de días se ratificó la crisis que vive la selección mexicana de fútbol, cuando fue eliminada de una competencia por su máximo archirrival del balompié internacional: EUA. De hecho, tuve la oportunidad de observar el partido los 90 minutos y, por más de que intenté encontrar una lógica del juego, los norteamericanos superaron por completo al conjunto Azteca. Incluso, en la medida que el curso de encuentro avanzaba, noté más concentrado al cuadro de EU.
Es verdad, cuando hay un choque de esta naturaleza hay mucha presión en el entorno. Es, ni más ni menos, la pasión de un clásico. Es decir, se tiene que asumir con una responsabilidad máxima de cada jugador. Además de ello, miles compatriotas arropan a la selección de México, cada que hay encuentro en el vecino país con su presencia en la tribuna.
No soy, lo he dicho en espacios de opinión, un experto en realizar análisis del balompié, sin embargo, es lógico darnos cuenta de la pobreza que exponen un conjunto de jugadores que, hace un par de días, fueron exhibidos, algo que curiosamente se ha vuelto rutinario cada que ambas selecciones se ven las caras.
No sé si el tema pase por el estratega del banquillo, lo cierto es que, el partido que ofrecieron hace un par de días, se sale de ese guion que otras selecciones nos tenían acostumbrados. Me tocó, por ejemplo, ver a la selección del 1994 a la fecha y, ninguna de ellas, había mostrado esa pobreza en todos los sentidos porque, mientras el encuentro transcurría, se cayó en la provocación que envuelve el entorno de este clásico. Y, con esa muestra que dieron en la cancha, no podemos augurar que, a la postre, México encuentre un nivel de competencia.
Lo que veremos, sí no se cambia la actitud, serán partidos semejantes a lo del encuentro con el equipo norteamericano. Es como si no estuvieran asumiendo el compromiso que les corresponde; cada uno de los jugadores gana una millonada por prestar sus servicios; no se diga en premios y regalías. Son cifras exorbitantes y, su trabajo, realmente no refleja lo que perciben. Es verdad, es un oficio en el qué hay que destacar entre miles y miles de jugadores que han apostado por esa profesión como forma de vida. Sin embargo, su rendimiento no puede seguir escudándose en pretextos sin razón.
De hecho, la afición de nuestro país se ha cansado de esas actuaciones y, lo de hace un par de días, fue un golpe durísimo, por lo que significa un partido de esa naturaleza. Y, como en la política, el balompié está lleno de grilla interna y golpes bajos. Hay, ni más ni menos, grupos internos que han tomado decisiones equivocadas, lo que ha imposibilitado un crecimiento como otros países de América del Sur, o del mismo continente europeo.
De hecho, no hay punto de comparación: nuestra selección está a años luz del potencial futbolístico que muestran otras naciones. La verdad es que no estamos compitiendo en los eventos internacionales. Venimos de un fracaso mundialista y seremos, dentro de muy poco, anfitriones del máximo marco del fútbol internacional en 2026. Eso no garantiza un buen rendimiento porque, tanto la selección de México, como la oposición, carecen de liderazgos de peso.
Algo semejante a lo que vive la alianza Va por México, está padeciendo la selección nacional de nuestro país. No hay, en este momento, un referente que marque la diferencia en la cancha. Y, sin protagonistas, el camino que podemos augurar es el fracaso. Así como el contrapeso perderá la elección presidencial del 2024, es muy probable que el balompié sufra un descalabro a posteriori. Es lógico. El mejor ejemplo es la exhibición que nos demuestran en cada partido.
Notas finales
Todo parece indicar que, el espiral de renuncias para buscar un cargo de elección popular, seguirá en las entidades federativas donde habrá transición del ejecutivo estatal. Después de eso, ese fenómeno se trasladará a los municipios y los distritos locales y federales. De hecho, Michoacán, que se ha caracterizado por ser un territorio efervescente para este tipo de coyunturas, no será la excepción. En esa lógica, nos guiamos por las alcaldías más importantes del territorio purépecha.
Nos cuentan que, arribados los tiempos, municipios importantes como Morelia, Uruapan, Pátzcuaro y Apatzingán, vivirán un fenómeno similar con miras a la transición política del 2024. Incluso, si nos basamos en los resultados positivos de cada alcalde, los últimos dos territorios que citamos son los qué más llaman la atención. Entonces, qué no llegue a sorprendernos si, llegado los momentos coyunturales, figuras como Julio Arreola, o el propio José Luis Cruz Lucatero, solicitan licencia a sus cargos para participar en el proceso electoral. De hecho, ambos están en el ánimo de la población civil en sus territorios y, con ese trabajo eficiente, podemos augurar que, su futuro en las boletas, está prácticamente garantizado en 2024.




