Las conferencias matutinas, heredadas por el expresidente López Obrador, son el centro de posicionamiento político de una estrategia de comunicación que ha estado marcada por constantes contradicciones entre el discurso y la realidad.
La mañanera, como un espacio privilegiado, más que informar, administra la narrativa pública con evasivas, descalificaciones, medias verdades y afirmaciones difícilmente sostenibles frente a los hechos.
La evasión
Uno de los rasgos más notorios es la minimización de temas incómodos. Un ejemplo reciente lo ilustra: ante los cuestionamientos sobre fotografías difundidas en redes sociales y medios de comunicación donde se observa a una persona asoleándose en un balcón de Palacio, la respuesta de la presidenta no fue una aclaración, sino una desviación de críticas a la prensa y descalificación hacia quienes difundieron la información. Es decir, se evita el fondo del asunto para desplazar la conversación hacia los adversarios.
De acuerdo con el guion, la primera respuesta sobre el tema para descalificar al director de Excélsior fue desafortunada.
A la pregunta formulada por Pascal Beltrán del Río:
“El PRI y el PAN cometieron muchas cosas sin nombre cuando estuvieron en el gobierno, pero en esos tiempos nunca se vio a nadie asoleándose las piernas en una ventana de Palacio”.
“¿Alguna respuesta a esto?”
La presidenta Sheinbaum respondió:
“Ya, eso ya”.“¿Y qué dice del PRI en el ‘68? ¿Y qué dice de la guerra contra el narco? ¿Y qué dice de las represiones de Zedillo? ¿Y qué dice de los 500 muertos de Salinas? ¿Y qué dice de la violación a la democracia de Fox? ¿Y qué dice de las corruptelas de Peña? O sea, la verdad, porque ahí sí… esta boca no es mía”.
Y en temas de mayor gravedad, como el informe de la ONU sobre desapariciones, ocurrió algo similar. En lugar de asumir el problema, la reacción fue relativizar los datos, cuestionar la metodología o insinuar motivaciones políticas.
Una estrategia que desgasta la credibilidad del gobierno y envía un mensaje preocupante sobre su disposición para reconocer la magnitud de la crisis.
El relato económico
En el terreno económico también hay inconsistencias evidentes. Aunque los datos oficiales pueden mostrar señales mixtas, el discurso insiste en presentar escenarios optimistas que la mayor parte de las veces no coinciden con la percepción cotidiana.
La narrativa del “éxito económico” se sostiene más en la reiteración de la narrativa que en evidencia.
Detrás de esta estrategia hay operadores como Jesús Ramírez Cuevas y Jenaro Villamil, piezas centrales en la construcción y ejecución del modelo comunicativo que privilegia el control del mensaje. Su influencia se percibe en la selección de temas, en la forma de responder o no responder a preguntas incómodas y en la definición de las líneas discursivas que la titular del Ejecutivo sigue.
El esquema responde a la misma lógica impuesta desde el sexenio anterior, donde la conferencia matutina funcionó más como un instrumento de poder narrativo que como un ejercicio de rendición de cuentas. La continuidad de este modelo, tiene que ver con el control de la agenda pública y la simplificación de problemas complejos.
La credibilidad
Sin embargo, el problema de fondo radica no tanto en lo que se dice, sino lo que provoca. Cuando la narrativa oficial se percibe como evasiva, comienza el desgaste de la credibilidad. Cada respuesta incompleta y cada intento por desplazar la responsabilidad debilitan la confianza pública.
Por otro lado, se profundiza la brecha entre el país que se describe desde el poder y el que experimentan los ciudadanos. Si bien, el discurso insiste en la disminución de la violencia o en el éxito económico, la realidad no lo confirma lo que termina por restar legitimidad a la palabra presidencial.
La mañanera amplifica este fenómeno y la figura presidencial asume el costo de cada evasiva y contradicción.
En ese contexto, la polarización funciona como recurso que sirve para contener el daño, descalificando a los críticos y reforzando la lealtad de la base, pero ese mecanismo tiene límites, porque narrar no es gobernar.
X: @diaz_manuel





