LA POLÍTICA ES DE BRONCE
Todo el juego de la selección de Argentina, durante el desarrollo del Mundial, para bien y en la final contra España para mal, pasaba por Messi. Se respetaba su jerarquía, pero también se reconocía su genialidad. Esta estrategia le funcionó muy bien hasta el partido final, cuando la selección española neutralizó a Messi, lo borró de la cancha y, en el primer minuto del segundo tiempo extra, metió el único gol del encuentro.
Valga la comparación mundialista, algo similar pasa con la presidenta Claudia Sheinbaum, con su gabinete y con otras instituciones del Estado mexicano. Para bien o para mal, todo pasa por la presidenta; a veces mete gol, otras veces la anulan y otras tantas le quitan el balón.
La gran diferencia entre Messi y la presidenta, en la centralización del juego, es que en la selección de Argentina todos respetan la jerarquía de Messi; todos jugaban para él y todos hacían su chamba, desde el Dibu hasta Lautaro Martínez. Messi es el capitán y su palabra es ley en el campo.
En cambio, en el gobierno de Claudia Sheinbaum esperan que la presidenta haga todo: pare tiros a gol, incluidos los penales producto de las faltas de otros; defienda con garra los avances rivales; genere juego creativo en el medio campo; ponga pases a gol y, por supuesto, meta goles.
Desde la conferencia mañanera, que durante el gobierno de López Obrador y lo que va del gobierno de Claudia Sheinbaum se ha convertido en la principal actividad, y en ocasiones la única, en materia de comunicación del día a día del gobierno, la presidenta hace el trabajo que le correspondería al gabinete.
Por ejemplo: ¿dónde está y qué hace la secretaria de Gobernación para meter en orden a los gobernadores y presidentes municipales que traicionan o se desvían del proyecto de la 4T?
¿Dónde está la presidenta de Morena que meta en cintura la voracidad de los aspirantes a puestos de elección popular, que no solo violan la ley, sino que vulneran los estatutos de su propio partido? ¿Quién les jala las orejas a las frivolidades de los mirreyes poblanos o a las descaradas campañas de promoción anticipada en las alcaldías de la Ciudad de México?
¿Dónde está la Consejería Jurídica que esclarezca el panorama constitucional y legal de las acciones de la Presidencia? ¿Dónde están las acciones anticorrupción, que aún no han podido procesar a los peces gordos de la presente o de pasadas administraciones, para mandar mensajes de que, en verdad, la corrupción no será tolerada?
Estas servidoras públicas y secretarias deben comprender que apoyar a la presidenta no es estar sentadas en las conferencias y aclarar una que otra duda; tampoco es apoyarla con mensajes en redes sociales. Se trata de que pongan el pecho, de que se desgasten en el cargo, que utilicen su encargo, como decía López Obrador, para resolver problemas antes de que estallen en preguntas incómodas para la presidenta en las conferencias mañaneras.
Instituciones como la Fiscalía General de la República deben hacer su chamba. La fiscal tiene que explicar sus acciones y defenderlas públicamente, no la presidenta de la República. Lo mismo ocurre con los gobernadores y gobernadoras; ellos ya están grandecitos para responder por sus acciones y por las acusaciones en su contra. La presidenta es jefa de Estado y jefa de Gobierno, no la mamá que regañe a los miembros de una familia de desordenados, torpes o corruptos.
En la selección de Argentina todos jugaban para Messi; en México, todo el gabinete y los aduladores quieren que la presidenta los salve de sus errores y tranzas.
Eso pienso yo. ¿Usted qué opina? La política es de bronce.



