He leído algunos datos públicos sobre los resultados de la estrategia de seguridad comandada por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo e implementada a través del liderazgo del secretario Omar García Harfuch, la cual ha dado resultados sin precedentes en los últimos 20 años. Se ha logrado un promedio de 1,525 personas detenidas al mes, lo cual duplica y en algunos casos cuadriplica la cantidad de personas detenidas en sexenios anteriores.

Estas cifras resultan alentadoras al señalar que más personas generadoras de violencia están siendo detenidas, pero eso nos conlleva a una serie de encrucijadas; la primera es que nuestra población penitenciaria está creciendo a pasos agigantados, y nos podría encaminar a una crisis de hacinamiento sin precedentes, al no tener dimensionado y estar preparados para un crecimiento constante hasta el final del sexenio, y lo peor; casi el 40% de estas personas que son detenidas, no cuenta con una sentencia judicial. Este es un problema profundo: estamos llenando las cárceles, pero no vaciando las calles de violencia. Sin embargo, la solución no reside en construir más penales, sino en derribar la ineficiencia del sistema judicial. Para revertir esta tendencia, planteo tres pilares fundamentales:

​1. El rezago procesal contra la justicia

Es inaceptable que un poco más del 40% de los internos no tenga una sentencia, y esto se puede deber a diversas razones, pero un elemento clave es que la mayoría de las fiscalías del país no han digitalizado y modernizado sus trámites y procesos internos; lo cual nos deja con una limitante inaceptable para la época en la que vivimos. El poder judicial debe agilizar y modernizar los procesos para garantizar que la prisión preventiva no sea una condena anticipada. La justicia que tarda no es justicia; es una falla administrativa que vulnera los derechos humanos y satura las instituciones.

​2. Continuar con la atención de las causas, realizar una prevención en la raíz

El enfoque principal debe desplazarse hacia la prevención social, la atención a las causas como lo propone la presidenta Sheinbaum. El gobierno federal y los gobiernos estatales cuentan con bloques de servidores públicos con territorio, como lo son Siervos de la Nación, que pueden llegar a todas las comunidades y con un enfoque de bienestar social, determinar zonas con alta incidencia delictiva y llevar los programas del gobierno para disminuir la deserción escolar, identificar posibles adicciones, mientras el gobierno atiende las causas más profundas en la desigualdad social.

​3. Cambiar el enfoque de centros de reclusión a centros de reinserción

Debemos transformar las cárceles en verdaderos centros de rehabilitación y de reinserción social. Ya que si los mantenemos sin una inversión pública en programas educativos y laborales dentro de los penales, el sistema seguirá siendo una “escuela del crimen”. La meta no debe ser solo el castigo a través del aislamiento, sino evitar la reincidencia y lograr que las personas encuentren un camino a volver a ser una parte productiva de núcleo trabajador, que es quien genera la verdadera riqueza del país.

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​La seguridad nacional no puede medirse por cuántas personas encarcelamos, sino por cuántos delitos logramos prevenir, en cuantas personas se salvan de caer en las manos del crimen organizado, por las diversas causas que conocemos, como lo son la precariedad económica, aislamiento y la vulnerabilidad social. No podemos convertirnos en un sistema penitenciario como lo es Estados Unidos. Debemos de pasar de una política de punitivismo reactivo a una política criminal inteligente y humana. Esto no significa que se debe de dejar de hacer una por la otra, es más bien, hacer ambas al mismo tiempo, lo cual plantea un reto mayúsculo y para nada creo que sea fácil; es como siempre comento: “debemos reparar el motor del avión en pleno vuelo, no podemos detenernos”.

Como conclusión, creo que la estrategia de seguridad planteada por la presidenta Sheinbaum e implementada por el secretario García Harfuch está dando resultados irrefutables y debemos presionar que las fiscalías se modernicen en digitalizar sus procesos, darles transparencia y trazabilidad, para estar al nivel del gobierno federal. También por nuestra situación geográfica, no debemos caer ante el canto de las sirenas, donde un gobierno externo va a llegar a “salvarnos”, ya que como dijo un sabio ex presidente: “solo el pueblo puede salvar al pueblo” y México es una gran nación autodeterminada, donde la solución está aquí mismo.

X: @lalodelmazo