Trauma vicario

En México, cuando la violencia ocupa un espacio en las redes sociales y otros medios de comunicación, lo hace todavía a la vieja escuela de la nota roja del siglo veinte: crueldad sin freno y ausencia casi total de un criterio de protección de la salud psicosocial.

Múltiples autores y autoras, de campos tales como la antropología, el derecho, la sociología y las ciencias políticas, han comprobado que la narrativa que se difunde en México acerca de la violencia alarmante que experimentamos no ayuda a frenarla, ni siquiera abre un resquicio de esperanza para el cambio. Todo lo contrario, la forma en que los hechos violentos se informan y difunden en nuestro país, contribuye a la normalización de la violencia.

¿Por qué? Desde el campo de la psicología podemos comprender el fenómeno de la normalización de la violencia como un sub-producto del trauma. ¿Qué es un trauma? Un trauma es la respuesta neurofisiológica que experimentamos frente a un evento devastador como, por ejemplo, la pérdida de un ser querido, un accidente, un divorcio o ser diagnosticados con una enfermedad grave. Los eventos violentos, donde nos sentimos intensamente en riesgo suelen ser también, por supuesto, traumáticos.

La respuesta neurofisiológica que llamamos trauma no ocurre solamente en la persona que vive un evento devastador. ¡Cómo quisiera subrayar esta oración mil veces y grafitearla en todos los muros de México! Quienes escuchamos el relato de un evento devastador que le ocurrió a alguien más, podemos experimentar también una respuesta neurofisiológica. Ni qué decir si, además de escuchar, vemos fotos o videos. Cuando la intensidad de nuestra respuesta al relato de la experiencia traumática de otra persona es elevada, o bien cuando nuestra exposición a semejantes relatos es repetida, podemos experimentar lo que se conoce como trauma vicario.

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Tanto el trauma como el trauma vicario son trastornos para los cuales existen instrumentos de diagnóstico validados científicamente. Requieren tratamiento psicoterapéutico y, muchas veces, psiquiátrico. No se resuelven “echándole ganas”, ni “dejándolo ir”. Un trauma se caracteriza, justamente, por ser una respuesta asociada a algo que no podemos dejar en el pasado y determina nuestro presente, así haya ocurrido hace un día, un mes, un año o treinta.

Aún no contamos con estudios científicos suficientes para tener una noción real de los niveles de trauma y trauma vicario presentes en la población mexicana actual. El daño psicosocial de la violencia es hoy el gran ausente de la nota roja que se difunde en los medios y las redes.

El bienestar psicosocial de los y las mexicanas debe ser de interés nacional. Es indispensable que el trauma y el trauma vicario salgan de los consultorios de psicoterapeutas y psiquiatras y ocupen un espacio relevante en la conversación pública. Una meta a perseguir puede ser la construcción de una Ley de Salud Psicosocial que responda al tamaño del crisis en la que nos encontramos.

Mientas tanto y para entonces, tú, que me lees:

- Cuida la frecuencia y la intensidad de tu exposición a la información relacionada con hechos violentos.

- Si has experimentado un evento devastador y sientes que no lo has superado, trata de no juzgarte por ello. Busca ayuda.

Margarita Martínez Duarte Psicóloga y escritora. Especializada en manejo de trauma. Instructora en técnicas psico-corporales. Ex miembro de la Junta Directiva del Centro de Comunicación No Violenta, fundado por Marshall Rosenberg. Premio “70 Años” de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Su libro más reciente es la novela Sin ella (2020).