“En política internacional, la ingenuidad no es virtud: es vulnerabilidad.”

Raymond Aron

“El lenguaje del poder rara vez dice lo que parece decir.”

George Orwell

Rasgarse las vestiduras está de moda; organizar una manifestación que no cambió nada, más todavía. Pero mientras la 4T festeja cada frase amable —o supuestamente amable— del señor Trump, la Casa Blanca afina estrategias que, para México, pueden ser más que un dolor de cabeza.

Que el propio Trump se refiera a Claudia Sheinbaum como “fina persona” puede sonar a cumplido, pero viniendo de quien ha sido captado diciéndole a un obrero de Ford “fuck you” y mostrándole el dedo medio después de que lo llamaran pedophile protector durante un recorrido en una planta de Michigan, nos pinta la civilidad diplomática con brochazos de reality show barato. Por cierto, no sobra recordar que este mismo Donald Trump, en un episodio ampliamente documentado, llegó a insultar a una reportera llamándola “pig” —cerda— desde el poder, confirmando que cuando él habla de “fina persona” no describe virtudes morales, sino que ejerce dominación verbal.

Vamos por partes. La conferencia de prensa y el comunicado oficial de Palacio Nacional sobre la llamada de… ¡15 míseros minutos! entre Sheinbaum y Trump carecen de una narrativa estratégica clara: se habló de seguridad, de cooperación… y nada de lo fundamental. De hecho, un día después de esa misma llamada, Estados Unidos mantiene su presión sobre México en materia arancelaria, migratoria y de seguridad —cuestiona la utilidad y sobrevivencia del T-MEC— sin haber cedido en casi nada verdaderamente tangible que beneficie a México de manera estructural.

El problema, claro, no es la cortesía de la lengua inglesa trasformada en español entusiasta. El peligro es creer que un piropo de Trump —ese “fina persona” que más recuerda a una línea de póster de campaña que a una valoración genuina— equivale a una conquista diplomática. No lo es.

La relación México-EU ha estado tensionada por decisiones estadounidenses que van desde amenazas de usar la fuerza contra cárteles en territorio mexicano hasta el uso del T-MEC como arma de negociación y palanca de presión. Trump incluso ha sugerido que EU podría entrar en territorio mexicano para combatir cárteles —una idea que Sheinbaum rechazó, reiterando la soberanía constitucional de México—, lo cual ya de por sí dice mucho sobre el tono de la relación bilateral.

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El tratado, lejos de haber sido blindado, está sujeto a la lógica abierta de negociación de Trump: comercio por seguridad, aranceles por cooperación. Esa lógica no es altruista ni amigable; es transaccional y, como toda transacción con alguien que se jacta de hacer tratos duros, siempre coloca la balanza a favor del más fuerte. El presidente estadounidense conoce la importancia del T-MEC para México —especialmente en sectores como la industria automotriz— y lo utiliza como moneda de cambio para presionar en otros ámbitos de interés estadounidense. Esto no es especulación: es la táctica de siempre. ¡La de siempre!

Mientras tanto, aquí en México, la narrativa oficial parece más preocupada por rescatar la autoestima política de la presidenta y su gabinete que por cuantificar logros concretos:

• ¿Cuáles aranceles se han eliminado definitivamente y cuáles siguen activos?

• ¿Qué compromisos vinculantes obtuvo México en seguridad?

• ¿Qué mecanismos inmunizan a nuestras exportaciones de futuros chantajes comerciales?

Respuestas claras a esas preguntas brillan por su ausencia.

Y por si hiciera falta el contexto del personaje: este es el mismo Donald Trump que en público responde con insultos —y gestos groseros— a ciudadanos que lo critican. El mismo que ha minimizado públicamente las exigencias de transparencia sobre los archivos de Jeffrey Epstein, desatando reclamos incluso de sectores dentro de su propio país, y que no parece tener problemas en usar un discurso filo-populista para abordar desde aranceles hasta migración o alianzas estratégicas.

Entonces preguntémonos con honestidad brutal:

¿Ganar celebridad por haber sido calificada como “fina persona” resume una política exterior exitosa?

¿O coloca a México en el pedestal de quien cree que la diplomacia es un elogio en una nada exitosa llamada de 15 minutos?

La respuesta tiende a la segunda opción.

Porque a veces la diplomacia no se mide por lo que se oye, sino por lo que se deja de sufrir en el terreno de lo real.

Y en eso, esta 4T todavía está aprendiendo a distinguir entre la carcajada de Trump y sus verdaderos intereses.