Cuando se celebran este tipo de eventos, afloran en mí sentimientos encontrados, porque si bien es cierto que trabajar por cuenta propia, sin mantener un contrato de exclusividad, o relación de dependencia laboral, otorga cierta libertad de tiempos, con total autonomía y libre albedrío para abordar temas e investigaciones.

Es igualmente verdadero que eso obliga a que todos los gastos operativos corren por cuenta de uno; y sí, hoy -como en muchas otras ocasiones- lamento no contar con los recursos económicos suficientes para asistir al próximo evento.

Aquí la historia: la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) me acaba de invitar a su próxima Asamblea General Anual, a celebrarse en Bruselas, y que este año tiene como tema principal el “Análisis de la realidad de SAF: de las palabras a los hechos”.

El evento está programado para llevarse a cabo en la capital de Bélgica los días 13 y 14 de octubre, y luego el “Wings of Change Europe (WOCE)”, durante el 15 de octubre. La invitación dice lo siguiente:

“Querida Ximena,

Las columnas más leídas de hoy

En la Asamblea General Anual de la IATA de este año, algo quedó claro: la sostenibilidad ha pasado de ser una aspiración a una urgencia. Desde la ampliación del uso de combustibles de aviación sostenibles (SAF) hasta la aceleración de la descarbonización y la subsanación de deficiencias normativas, la atención se centra cada vez más en la acción y la consecución de resultados.

Pero la ambición por sí sola no basta. Y las cifras lo demuestran.

Se prevé que la producción mundial de combustible de aviación alcance apenas 2,4 millones de toneladas en 2026, lo que representa solo el 0,8 % del consumo total de combustible para la aviación, además de suponer un coste adicional de 4300 millones de dólares para las aerolíneas. La brecha entre las ambiciones y la realidad sigue siendo considerable.

En el Simposio Mundial de Sostenibilidad (WSS), el debate pasa de la alineación a la acción. Únase a más de 500 líderes, responsables políticos e innovadores de la aviación este octubre para:

Impulsar la ampliación de escala y el desarrollo del mercado de SAF.

Investigar las oportunidades que ofrecen las soluciones de energía alternativa.

Explorar los desafíos relacionados con la financiación, la inversión en infraestructura y la armonización de los marcos normativos mundiales.

Descubra los resultados derivados de la colaboración a lo largo de la cadena de suministro.

Comprender las expectativas y prioridades cambiantes de las partes interesadas para la transformación de la sostenibilidad de la industria.

Participar en el desarrollo de soluciones sistémicas para este desafío global de la transición energética.

Forma parte del foro donde las prioridades de la junta general de accionistas se transforman en estrategias prácticas y en una colaboración real con la industria”.

Invitación de la IATA

Ustedes, amables lectores, saben bien que en este espacio es bastante recurrente el tema de los combustibles amigables con el medio ambiente dentro de la aviación, y que el uso que tiene en la actualidad sigue siendo bajo para alcanzar las metas trazadas por la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) para descarbonizar la aviación en el año 2050.

Por un lado, me halaga profundamente que la IATA me invite a eventos como este, que son de enorme envergadura e importancia dentro de la industria aérea; pero por otro es inevitable sentir frustración por no poder asistir, y no por cuestiones de agenda, sino por no poder destinar los recursos económicos necesarios que cubran gastos como boletos de avión y hospedaje…, y eso que la invitación trae descuentos para el hospedaje.

Para mí, hablar de sostenibilidad en la aviación es de suma importancia, porque a diferencia de otras industrias en donde solamente se hace un vulgar “greenwashing”, y el tema “verde” se utiliza únicamente con fines mercadológicos, en la aviación es algo completamente diferente.

Más allá de quedarse como un eslogan, o parte del mercadeo de las líneas aéreas, existe un Plan de Compensación y Reducción de Carbono para la Aviación Internacional (CORSIA, por sus siglas en inglés), que funciona a través de la adquisición de “créditos de carbono certificados”, compensando con ello las emisiones de Co2 a la atmósfera, pues el dinero se invierte para el desarrollo e impulso de utilización del SAF.

Gracias a su utilización se combate el cambio climático. Y no se trata solo de pensar en el futuro; sepan Ustedes que este fue uno de los veranos más caóticos y calurosos en Europa, y el fenómeno de “El Niño”, afecta a la aviación mucho más de lo que se pueden imaginar.

Porque podríamos experimentar lluvias mucho más intensas, que dejan a su paso cancelaciones y demoras. Recordemos que el transporte aéreo se caracteriza precisamente por ser el más seguro del mundo, y no puede operar bajo condiciones climáticas adversas. Por eso es que la industria aérea sí le invierte en la mitigación de los Gases de Efecto Invernadero (GEI), porque si hay mal clima, las líneas aéreas pierden mucho dinero.

Las predicciones para este y el próximo año no son nada halagadoras, pues habrá lluvias más intensas, y fenómenos como los huracanes son cada vez más frecuentes y dañinos; lamentablemente ahora hay más turbulencias en aire claro, que dejan cada año a cientos de pasajeros y tripulantes lastimados, si bien les va, pues en ocasiones hay quienes tristemente han perdido la vida.

Por eso es un tema del que debemos hablar y hacer conciencia, y aprender de la gente que más sabe, y que tiene la clara misión de exponer qué ruta podemos seguir para tener una aviación más segura y amigable con el medio ambiente.

Tal vez por el sumo interés que tengo sobre el tema es que no he respondido todavía el correo que me mandó la IATA; me encantaría ir, y mi lado más racional me dice que no debo hacerme ilusiones, pues no tengo ni para el boleto de avión, mucho menos para hospedarme tres días en Bruselas, Bélgica.

En la mitología griega, tras abrir la famosa caja de Pandora, todos los males y desgracias se liberaron en el mundo, pero al lograr cerrarla, lo único que quedó atrapado en su interior fue la esperanza.

Soy mexicana, y como tal mi esperanza es lo último que muere. Me encantaría -y esto es tan solo un buen deseo- encontrar el respaldo económico que me permitiera aprovechar esta invitación, para seguir hablando de la industria aérea y su importancia para la población, pues es una actividad que amo.