Leí lo que publican hoy Joaquín López-Dóriga, en Milenio, y Jorge Fernández Menéndez, en Excélsior, sobre el impacto de las elecciones de Estados Unidos en México. Plantean un panorama terrible para nuestro país.
Ya diagnosticaban, desde antes del 3 de noviembre, que había una crisis brutal en la relación de México con Estados Unidos. Así veían las cosas sus mentes atormentadas por la falta de la sustancia a la que se hicieron adictos en los gobiernos anteriores a la 4T: los privilegios que recibían desde las oficinas públicas.
El factor que supuestamente originaba la ruina para México era el poder inmenso de Donald Trump y de sus aliados en EEUU, como Marco Rubio y J. D. Vance. Tanta fuerza atribuían al régimen trumpista que festejaban lo que consideraban absolutamente inevitable: que nuestro país, por contar con un gobierno de izquierda, se iba a quedar solo en una América Latina que giraba hacia la derecha siguiendo la melodía hechicera que interpretaba la flauta mágica de los grupos ultraconservadores estadounidenses.
López-Dóriga y Fernández Menéndez están entre quienes pensaban que nada podía impedir una invasión militar de Estados Unidos a México. En efecto, lo pensaban y quizá hasta lo deseaban.
La presidenta Claudia Sheinbaum siempre descalificó tal tesis como un exceso de la comentocracia. Lo es por la inviabilidad de que algo así ocurra.
¿En qué quedó la América Latina ultraconservadora, ultraderechista, encabezada por Estados Unidos? En fantasía, con un único logro que hoy podemos apreciar como lo que es: una caricatura. Hablo del famoso Escudo de las Américas, que el gobierno de Trump integró sumando países con gobiernos ideológicamente afines, como Argentina, El Salvador y otros.
Que eso era un sueño loco quedó demostrado en dos elecciones celebradas con apenas días de diferencia: la brasileña —cuya segunda vuelta se celebró el 25 de octubre— y la estadounidense, nueve días después, el 3 de noviembre. Estos procesos electorales derrumbaron la fantasía de los columnistas mexicanos hipnotizados por Trump, Vance y Rubio.
Brasil no se fue a la derecha, sigue en la mejor izquierda. ¿Qué ocurrió en Estados Unidos? Ayer The New York Times explicaba que el electorado de no pocos grupos sociales, en numerosas partes del vecino país, se había desplazado hacia la izquierda. Entendámonos. Izquierda en lógica estadounidense significa mantener posiciones políticas e ideológicas no precisamente contrarias, sino muchísimo más moderadas, que las del presidente Trump y el Partido Republicano.
Hoy en EEUU —y en todo el mundo, particularmente en Latinoamérica— el escenario es absolutamente otro. ¿Y qué dice nuestra comentocracia acerca de la innegable pérdida de poder del monstruo ultraconservador que iba a engullir a México? ¡Que ahora nos va a ir peor!
Fernández Menéndez, en su artículo de Excélsior, “Las repercusiones del tsunami”, primero hace un balance más o menos serio para justificar por qué el partido de Trump lo perdió prácticamente todo. Después sostiene que el presidente de EEUU ya venía trabajando en un modelo de operación previendo la pérdida del Congreso, y que por eso no será un pato cojo —un gobernante debilitado—. Asegura el columnista que Trump gobernará con decretos y vetos y que se endurecerá, sobre todo en política exterior.
Algo así opinaba ayer Jorge Castañeda en El Universal, lo que convierte a este excanciller en el coreógrafo del nado sincronizado que ahora ejecuta nuestra comentocracia siguiendo la tonadilla boba de que “tralalá, tralalá. Trump sí perdió, pero será peor para México. Tralalá, tralalá”.
Fernández Menéndez, sobre el tema que sí importa, el acuerdo comercial de América del Norte, asegura que el gobierno de Donald Trump no presentará a un Congreso dominado por un partido distinto al suyo ningún proyecto que pudiera ser modificado por la mayoría demócrata. Es decir, para el columnista de Excélsior no vale la pena ni siquiera soñar con que habrá arreglos favorables para México, Estados Unidos y Canadá.
López-Dóriga, en Milenio, expresa lo mismo, con un título de columna muy amarillista: “Trump viene por México”. Afirma que el presidente de EEUU relanzará la ofensiva contra México porque lo importante para él ya no será la guerra con Irán, sino intervenir en nuestro país.
Si López-Dóriga compara la relación México-Estados Unidos con la guerra en Irán, ¿se debe a que sigue en la necedad de que los gringos nos invadirán? Textualmente, el colaborador de Milenio habla de que llegará “algún tipo de intervención territorial contra los cárteles y los narcopolíticos”. Y duda de que en Palacio Nacional alguien esté viendo las cosas con la claridad que solo un periodista ya senil presume poseer.
En Alemania ven un escenario favorable para México
Eso obedece a que quizá los y las analistas de la mayor potencia económica europea no leen a tan distinguidos columnistas mexicanos.
Die Zeit, el prestigiado semanario alemán, publicó hoy, 5 de noviembre, un análisis de Heike Buchter, corresponsal en Nueva York, titulado “Auch die Demokraten sind nicht unsere Freunde” (“Los demócratas tampoco son nuestros amigos”).
La periodista no ve perspectivas favorables para el comercio entre Europa y Estados Unidos. Pone como ejemplo los problemas de Audi y otras armadoras europeas.
En cambio, considera que la dura derrota electoral sufrida por Donald Trump abre perspectivas favorables para Canadá y México. Y ahí leo lo más importante, que contradice directamente el pronóstico de Jorge Fernández Menéndez en Excélsior: según el análisis de Die Zeit, lo más probable sería renovar la zona de libre comercio norteamericana, es decir, el T-MEC, con la participación incluso de Donald Trump, quien podría presentar el acuerdo como una victoria política propia.
Es exactamente lo contrario de lo que plantea nuestra comentocracia, que considera que Trump no someterá al Congreso, ahora dominado por los demócratas, ningún proyecto comercial que estos puedan modificar.
Es decir, mientras nuestros sabios de la comentocracia pronostican que México sufrirá todavía más después de la derrota electoral de Trump, la analista de uno de los medios más respetados de Europa considera que el nuevo equilibrio de poder en Washington podría favorecer a nuestro país.
Por lo visto, para entender correctamente las cosas, a los y las especialistas en economía de Alemania les hace falta leer a los sabios Castañeda, Fernández Menéndez y López-Dóriga.



