“Todo lo que el perpetrador pide es que el testigo no haga nada”.

Judith Herman, Trauma and Recovery

“La acción para reclamar la indemnización por actos de violencia sexual sufridos durante la niñez y la adolescencia es imprescriptible”.

Suprema Corte de Justicia de la Nación

Luis de Llano podía contar lo de Sasha frente a una cámara. Disculparse ante otra le tomó requerimientos judiciales, resistencia y hasta un arresto. Para presumir el “romance” tuvo palabras. Para reconocer el daño necesitó una sentencia.

Ahora pide perdón. Habla de “asimetría temporal” y de declaraciones “desafortunadas e inexactas”. Asimetría temporal: ella tenía 14 años de edad; él, 39 y poder sobre su carrera, su psique, emociones y futuro. Qué manera tan pulcra de decir algo tan sucio. Hasta en la disculpa, la niña queda escondida detrás del vocabulario.

Yo no encuentro motivos para aplaudirle. Cumplir una orden judicial después de resistirse no es generosidad ni buena acción cívica. Es cumplimiento tardío. La disculpa era apenas una parte de la reparación. Y ni eso quería dar.

En septiembre escribí “No romanticemos a un pederasta”. Propuse quitarle el nombre, los discos y la nostalgia. Quedaba un adulto que abusó de una menor bajo su autoridad. Hoy añadiría algo: tampoco pongamos música de redención al video.

La fama hizo una operación perversa. A ella la volvió suficientemente adulta para protagonizar un “romance”. A él lo volvió suficientemente anciano para inspirar lástima. Sasha tuvo que crecer de golpe en el relato; De Llano pudo encogerse cuando llegó la hora de responder.

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El sociólogo David Finkelhor y la psicóloga Angela Browne identificaron cuatro dinámicas del daño por abuso sexual infantil: sexualización traumática, traición, estigmatización e impotencia. Esta última importa aquí. Si hasta el reconocimiento público debe arrancársele al responsable, la víctima sigue pagando con tiempo, dinero y exposición lo que él ha retrasado con abogados.

Ese es el privilegio menos discutido: administrar el calendario de la reparación. Que la otra persona insista. Que vuelva al juzgado. Que explique otra vez. Que se canse. El poderoso puede hacer del cumplimiento una segunda carrera de resistencia para quien ya sufrió el abuso.

La sentencia es civil. El arresto de septiembre fue por incumplirla, no una pena de prisión por el abuso. Precisamente por eso sostengo que le salió barato. No porque la victoria de Sasha valga poco. Sino porque fue enorme su esfuerzo para obtener algo que, frente al daño, sigue siendo insuficiente.

Yo sería mucho más severa con la violencia sexual contra menores. Quiero consecuencias penales efectivas, reparación exigible y protección real frente a adultos con autoridad. Una disculpa no devuelve la adolescencia. Un curso no equilibra el abuso de poder. Y una indemnización no compra la absolución.

También falta mirar alrededor. ¿Qué mecanismos protegen hoy a los menores cuya carrera depende de un productor? ¿Quién recibe una denuncia sin poner en riesgo su trabajo? La industria que fabrica estrellas infantiles debe responder por su protección con algo más que comunicados cuando el escándalo ya es… adulto.

Y tampoco le encarguemos ahora a Sasha el bienestar emocional de De Llano. Vendrá la pregunta cómoda: ¿lo perdonas? La recuperación es una cosa que en lo fundamental significa devolver poder y control a la sobreviviente. Exigirle indulgencia para completar la escena sería volver a decidir por ella. Él debe reparar. Ella (la sociedad) no debe consolarlo.

Por eso escribo de esto. Cómo tratamos a una niña frente a un hombre poderoso dice más del país que muchas de las pinchurrientas mañaneras de Sheinbaum. Aquí se ve a quién creemos, a quién protegemos y a quién le exigimos paciencia.

A De Llano le salió barato. Lo miserable fue que hasta eso le pareciera demasiado.