La tragedia de la organización familiar en la política es que los liderazgos no se ganan por capacidad en las urnas, sino por consanguinidad en el acta de nacimiento.

Anónimo

Si hay un partido que ha encontrado la fórmula perfecta para sobrevivir a la alternancia en el poder, es el Verde Ecologista de México, que cambia de aliado sin cambiar de dueño y convierte una votación reducida en una cuota de poder desproporcionada.

La historia del PVEM es la de una familia que convirtió un partido político en patrimonio propio.

Capacidad para negociar

Jorge González Torres proviene del priismo y de crear vínculos con las élites políticas de aquellos años. En 1986 una organización ecologista surgida en Coyoacán dio paso a la creación del Partido Verde Mexicano. En 1988 se incorporó al Frente Democrático Nacional y apoyó a Cuauhtémoc Cárdenas. En 1991 obtuvo registro condicionado, que perdió por no alcanzar la votación requerida, y lo recuperó en 1993, ya como Partido Verde Ecologista de México.

Para su consolidación y obtener el registro definitivo, fueron importantes las relaciones de González Torres con Manuel Camacho Solís y con Carlos y Raúl Salinas.

El Verde vino a ocupar el espacio que habían dejado los tradicionales partidos satélite del PRI, como el PPS y el PARM, que pasaron a conformar el movimiento encabezado por Cárdenas.

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En 1994, González Torres fue candidato presidencial y obtuvo apenas 0.93% de votos. A partir de entonces encontró una estrategia mucho más rentable: negociar con quien tuviera mayores posibilidades de ganar.

En 2000 fue parte de la Alianza por el Cambio con el PAN y Vicente Fox. Después rompió con Fox y regresó al PRI. En 2003 participó con los priistas en la Alianza para Todos; en 2006 apoyó a Roberto Madrazo; en 2012 acompañó a Enrique Peña Nieto y en 2018 respaldó a José Antonio Meade.

La herencia del Niño Verde

En 2001, Jorge González Torres entregó la presidencia del partido a su hijo, Jorge Emilio González Martínez, el famoso “Niño Verde”, lo cual significó la consolidación de su dinastía política.

Jorge Emilio convirtió a Quintana Roo en territorio de operación. Cancún se transformó en su bastión político y electoral y desde ahí tejió relaciones con gobiernos, alcaldes, legisladores y empresarios. Llegando a alcanzar una influencia decisiva para impulsar candidaturas y negociar posiciones.

Luego llegó la familia Velasco para convertirse en pieza fundamental de esta red.

Manuel Velasco Coello, nieto del exgobernador chiapaneco Manuel Velasco Suárez y vinculado a las viejas élites priistas, se convirtió en uno de los dirigentes del PVEM. En 2012 llegó a la gubernatura de Chiapas mediante la alianza Verde-PRI-Nueva Alianza y posteriormente se convirtió en uno de los principales interlocutores con Morena y Andrés Manuel López Obrador.

De satélite a aliado estratégico

La metamorfosis llegó después de 2018. En aquella elección, el Verde todavía acompañó al PRI y a Nueva Alianza en la coalición Todos por México. Pero tras el triunfo de López Obrador, el PVEM cambió nuevamente de aliado y terminó incorporándose al bloque político de Morena y PT.

Más tarde, la alianza que llevó a Claudia Sheinbaum a la presidencia en 2024 otorgó al Verde una fuerza legislativa muy superior a la que correspondería a su condición de partido minoritario.

Sin embargo, en Quintana Roo, Jorge Emilio impulsa al senador Eugenio GinoSegura Vázquez como carta para suceder a Mara Lezama, pero los intereses de Morena y de cercanos a los López Obrador modifican el escenario.

Aparece la figura de Rafael Marín Mollinedo, personaje cercano a AMLO que pasó por Aduanas y, quien a pesar de los señalamientos en torno a su trayectoria, juega un papel relevante en la sucesión quintanarroense.

El estado es botón de muestra de cómo funciona la política mexicana: la disputa sucesoria no es entre proyectos, sino entre grupos.

El Verde compite contra la oposición y contra su aliado, por el control de su propio bastión.

Jorge González Torres lo creó, el Niño Verde lo heredó y los Velasco ampliaron la red, pero el Verde siempre se ha mantenido del lado del poder. La verdadera hazaña de los González ha sido convertir un partido minoritario en una máquina de negociación política y mantener el control familiar durante décadas.

El Verde puede cambiar de color, de discurso y de aliado siempre que sea necesario. Sus supuestos principios parecen ser tan flexibles como sus coaliciones y claramente, el poder viene primero y la ideología no les estorba.

X: @diaz_manuel