Carlos Loret de Mola y Raymundo Riva Palacio difundieron ayer enormes mentiras sobre el paradero del gobernador Rubén Rocha Moya, de Sinaloa. Les desmintió el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch. ¿Se disculparán estos columnistas hoy en sus espacios de El Universal y El Financiero? Lo dudo bastante. Escribo de madrugada este viernes antes de leerles. Me atrevo a pronosticar que son tan arrogantes que defenderán su “información”. Dirán que tienen cuatro fuentes de alto nivel —ocho en total: cuatro cada uno—, y hasta agregarán dos o tres mentiras adicionales de otras tantas fuentes también de primer orden.
¿Qué hacer frente a periodistas que inventan impunemente porque las autoridades, en forma correcta en mi opinión, respetan totalmente la libertad de expresión —e inclusive el derecho que la comentocracia tiene a mentir—, mientras que sus medios les permiten eso y más por vocación amarillista y, sobre todo, para presionar a un gobierno, el de la 4T, que ya no reparte dinero a los medios en las enormes cantidades de antes?
Vuelvo a la distinción que hice ayer en mi artículo de SDPNoticias entre estercolar y defecar, periodísticamente hablando.
Los textos de Loret de Mola y Riva Palacio sobre Rocha Moya son excelentes ejemplos del manual del periodismo que solo busca ensuciar. Lo que hacen, por su ausencia de rigor —jamás verifican nada de lo que publican—, no puede considerarse crítica objetiva con el propósito de ayudar a mejorar el sistema político, sino que se trata únicamente de un ejercicio infame de lanzar mierda solo para intentar ensuciar al gobierno más limpio que México ha conocido.
Más allá del desmentido de García Harfuch, ambas columnas se contradicen —es decir, las cuatro fuentes de altísimo nivel de Loret de Mola opinan lo contrario a las cuatro fuentes de altísimo nivel de Riva Palacio—.
Carlos Loret de Mola afirma que fuerzas federales movilizaron a Rocha Moya de forma intempestiva para esconderlo de un supuesto operativo de EEUU.
Raymundo Riva Palacio sostiene que el Ejército tiene a Rocha Moya resguardado en una zona militar para evitar que se entregue él solo a EEUU o que lo maten sus enemigos de la Mayiza.
¿A cuáles cuatro fuentes de primer orden debemos creer, a las de Loret de Mola o a las de Riva Palacio?
En realidad, no hay que creerle ni a uno ni a otro. Sus textos no toman la suciedad del sistema —existente en todo sistema político— para usarla como composta en un proceso de estercolización para abonar el terreno político de tal modo que en el mismo florezcan proyectos de mayor beneficio social. Los dos columnistas toman lo feo del sistema, lo consumen y lo cagan solo con el fin de que la nación apeste, seguramente para complacer a patrocinadores inconformes con la 4T por el pecado mortal que ha cometido la izquierda: quitar privilegios indebidos a medios que han dejado de recibir fortunas y a empresarios a quienes se les permitía no pagar impuestos.
La verdad de las cosas es que pocas veces pasa por la verificación —la composta— el desecho de los columnistas que vacían sus vientres en los medios mexicanos. Lo de ellos es solo mierda destinada a generar un ambiente nauseabundo. Pero nada hay más hediondo que el uso de la especulación y la falsedad como arma para combatir a los enemigos políticos.
¿Qué hacer ante el periodismo que defeca solo para buscar que el sistema se vuelva asqueroso y así lograr, algún día, que la gente abandone a la izquierda mexicana en las urnas?
Reitero que el Estado respeta de forma irrestricta la libertad de expresión —incluso el derecho a mentir o a calumniar—. La salida, entonces, no está en la censura. Frente a la impunidad del mal periodismo, las opciones son otras dos:
1. El compostaje institucional. El desmentido del secretario García Harfuch era necesario, pero no será suficiente porque no fue proactivo, sino necesariamente reactivo. El gobierno de la 4T necesita apostar por la transparencia proactiva. Si la información oficial es oportuna, verificable y abierta, la mentira cae por su propio peso. En este caso mostrar a Rocha en su vida diaria sería muy útil.
2. Seguir haciendo lo que ya hace el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum al exhibir las mentiras mediáticas para elevar el costo reputacional del mal periodismo mediante la réplica rigurosa. No debe la 4T dejar de exhibir con datos duros y verdades irrefutables las tripas podridas de los estómagos de la comentocracia, alimentados en estos tiempos con la peor suciedad y que desechan solo más suciedad que nada bueno aporta a la sociedad.
Cuando se demuestra, con hechos contundentes, que las columnas de opinión no son investigación periodística seria sino solo la defensa de intereses económicos con el arma de la mentira, tales textos dejan de ser percibidos por el público como periodismo para ser calificados como lo que son: nada más mierda.
El periodismo que estercola —el que critica con fundamentos y de buena fe— indudablemente es indispensable porque expone la podredumbre presente en el sistema con el propósito de limpiar la casa.
¿Y el periodismo que solo defeca? El reto no es callarlo, porque hasta la libertad de expresión debe ser tan amplia como para permitir el exceso de mentiras y calumnias; el reto para la 4T es educar el olfato de la ciudadanía para que se aleje de lo que sí apesta.



