La prisa es mala consejera. No pasaron veinticuatro horas desde que la gobernadora de Baja California compareció para acusar a Jaime Bonilla de haberle tendido una trampa, cuando dos nuevos audios la devolvieron al lugar exacto del que intentaba salir, igual de desesperada por recuperar su visa y evitar una detención que al inicio, pero ahora, teniendo que lidiar con la traición política y la exhibición de carácter que ha dado. Marina necesita recordar las lecciones de la mar y la Baja California, con mar de sobra, le está dando la peor de sus lecciones. El agua nunca miente.

Cuando el fondo se revuelve, las piedras no dejan de estar pero sí desaparece la posibilidad de distinguirlas. Ella habló dando una teoría de fuego amigo que en nada le quita gravedad a lo que ya ha dicho, a su fragilidad para sostener su propia inocencia mediante actos, a la limitada perspicacia ante supuestos mensajeros. La metáfora de nadar en aguas agitadas cuando la arena, suspendida por la violencia de las olas, convierte la profundidad en una sospecha le aplica perfecto porque acelerarse en las declaraciones hoy le cuesta a todo el movimiento del que emana la presidenta. Entonces cualquier sombra parece un precipicio y cualquier reflejo, una certeza. Marina del Pilar pensaba que culpar a Bonilla es suficiente, pero los audios revelados hoy la dejan aún peor.

Hay personas que, ante ese paisaje, se lanzan a nadar con más fuerza. Otras entienden que el movimiento solo prolonga la turbidez y permanecen quietas. No por resignación, sino porque conocen una ley antigua: el agua termina haciendo con el desorden lo que el tiempo siempre hace, decantarlo.

También la vida pública tiene mareas así. Marina del Pilar debió guardar silencio. Máxime cuando la presidenta ya había ofrecido respaldarla y Omar García Harfuch había minimizado el contenido de las grabaciones al sostener que de ellas no se infiere la entrega de información confidencial. Con todo y los intentos por calmar las aguas, esas que justamente no le permiten ver, la gobernadora decidió lanzarse de clavado a la corriente.

Hoy jueves, otros dos audios salen a la luz. Dijo Denise Maerker en mesa de opinión de Nmás que la ingenuidad cuestiona la capacidad de la gobernadora para el cargo. La torpeza y la ingenuidad son coartadas que alivian la responsabilidad a costa de la competencia porque restan dolo, pero cuestionan la capacidad de origen para ocupar un cargo o participar de la vida pública. Y es cierto que algunas cualidades solo salen a la luz cuando quien gobierna se encuentra bajo presión.

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El problema no es únicamente la disposición de la gobernadora a colaborar sin límites; en ello hay ya, al menos, una traición política. El verdadero problema es lo que los audios revelan sobre el tamaño de la piedra que carga. Dice estar dispuesta a hablar de todo lo que pueda saber. Ofrece lo que ha escuchado en las mesas de seguridad. Admite que desconoce las leyes y los procesos del país con el que negocia, que le inquietan reglas que no conoce, que está dispuesta, literalmente, a lo que sea con tal de no ser procesada. ¿Y si le pidieran algo más? ¿Qué abarca ese todo? ¿Y si le pidieran una parte del territorio? ¿De qué tamaño es la piedra, que parece tan dispuesta a cualquier cosa con tal de soltarla?

Los nuevos audios revelados, de nuevo, por Héctor de Mauleón agregan una coordenada geográfica inquietante y se trata de una primera reunión, autorizada según el supuesto intermediario por el Departamento de Seguridad Nacional y el Departamento de Estado, a finales de agosto, en Panamá. Territorio neutral. Ni en Estados Unidos ni en México, en ningún lado, para que nada se filtre. La sola idea de que una gobernadora en funciones considere viajar a un tercer país a ser “abierta y honesta” con agencias extranjeras, fuera de todo cauce institucional, describe mejor que cualquier adjetivo la naturaleza del asunto. En el fragmento más revelador se escucha a la gobernadora decir que ha estado dando “seguimiento institucional” mientras cuenta que todos a su alrededor le repiten que no diga nada, y pedir un enlace que pueda hablar con su abogado “para darle toda la formalidad a este tema”. Su nerviosismo la hace bromear y hablar de más, algo extraño frente a personas que, según su propia versión, jamás acreditaron representar a nadie.

Ahí está el nudo jurídico que la conversación pública ha esquivado. La conducción de la política exterior es facultad exclusiva de la Federación en cabeza del Ejecutivo federal (artículo 89, fracción X constitucional). Un gobierno estatal no negocia, no pacta ni ofrece información a agencias extranjeras. Coopera por los cauces que la Federación define, con registro y con control. Aun concediendo su versión completa, que fue un montaje, que nadie se acreditó, que los audios están cortados a conveniencia, queda un residuo que ninguna edición explica, pues la voz es suya y las palabras son suyas, la desesperación y la prisa son malas amigas y todo apunta a que pone en riesgo más que su permiso para viajar libremente a Estados Unidos. El montaje podrá probar quién puso la grabadora; pero no puede desmentir quién habló. Ella misma reconoció la autenticidad del primer audio antes de que existiera la teoría de la trampa. ¿Realmente va a reaccionar a cada audio filtrado? Pues la reacción parece dejarla peor.

En los audios descarta Miami porque al parecer, existe un temor fundado a recibir acusaciones que impliquen su detención. Es peor. A la cárcel sobreviven varios; a la muerte política, muy pocos. Ambas son un escándalo. Pero la gobernadora eligió el peor de los caminos: el de la explicación sucesiva. Cada versión nueva no cancela a la anterior y va formando un mosaico de personalidades dispuestas cada vez, a más. Primero fueron reuniones transparentes e institucionales; luego, fragmentos aislados de una conversación privada; después, una trampa orquestada por su antecesor y difundida al arranque del periodo preelectoral. Entre tanto, la presidenta comprometió su propia voz respaldándola, aun cuando la gobernadora sabía lo que faltaba por salir. Ese respaldo no es gratuito: se paga con capital político ajeno.

Hay días en que la ofensa, el miedo o la pérdida levantan sedimentos que llevaban años dormidos. Bajo ese oleaje nadie piensa con nitidez. Se habla desde la herida, se decide desde el vértigo y se confunde la urgencia con la verdad. Entre más habla, pareciera, más se hunde. Esperar nunca ha sido un gesto pasivo. A veces es la forma más exigente de la inteligencia. Hay silencios que no nacen de la ausencia de palabras, sino de la voluntad de no entregarlas mientras todavía flotan, mezclados en el agua, el lodo de la rabia y la arena de la confusión. A Marina le hace falta escuchar su propio nombre para actuar marina, con la paciencia del agua, que sabe que sólo el reposo devuelve la transparencia.

Falta, sin embargo, la pregunta que ninguna marea decanta sola. Si un gobierno estatal puede acercarse a supuestas agencias extranjeras por la vía privada, sin acreditación, sin abogados, sin registro y sin control federal, ¿qué queda de la exclusividad constitucional en la conducción de la política exterior? ¿Y quién responde por ello: la funcionaria que se sentó a esa mesa, o el arreglo institucional que la dejó sentarse sola?