Durante décadas, el debate sobre la seguridad en México estuvo dominado por la narrativa del espectáculo y la simulación. La estrategia de “golpe al avispero” de las administraciones del PRI y el PAN no solo resultó ineficaz, sino que profundizó la violencia y permitió la consolidación de las grandes organizaciones criminales. Episodios históricos como la fuga de capos de penales de máxima seguridad o la colusión de altos mandos de la seguridad pública evidenciaron un contubernio sistémico: un problema de fondo que jamás se iba a solucionar con discursos electoralistas ni con operaciones improvisadas.
Frente a ese pasado de impunidad, la evidencia reciente sugiere un cambio de rumbo estructural basado en estrategia, inteligencia operacional y coordinación estratégica de alto nivel.
Cifras e inteligencia: Un combate real al crimen organizado
El enfoque actual de seguridad, liderado por la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana en coordinación con las fuerzas armadas y el Gabinete de Seguridad, prioriza la inteligencia sobre la fuerza bruta. Este modelo ha comenzado a mostrar avances significativos que desarmaron la retórica opositora con datos contundentes y oficiales:

- Desmantelamiento financiero y logístico: La destrucción masiva de laboratorios clandestinos ataca directamente la fuente de ingresos del crimen organizado, ahogando su capacidad operativa de forma estructural.
- Detenciones estratégicas y carpetas sólidas: En lugar de capturas mediáticas e improvisadas, las acciones recientes derivan de investigaciones científicas que evitan la llamada “puerta giratoria” en los tribunales.
- Coordinación e internacionalización: La efectividad operativa ha sido reconocida por agencias internacionales como la DEA y la representación diplomática de los Estados Unidos, validando que el combate al crimen transnacional requiere de una colaboración técnica y bilateral estrecha con respeto a la soberanía.
Los pendientes de fondo: Armas y “Follow the Money”
A pesar de los contundentes avances, un problema arraigado durante décadas requiere una visión integral de largo plazo. Para asestar un golpe definitivo a la delincuencia organizada, la agenda bilateral debe concentrarse con mayor rigor en dos pilares fundamentales:



1) Freno al tráfico de armas: El flujo masivo de armamento de alto poder proveniente de los Estados Unidos hacia México es el verdadero combustible de la violencia. Se requiere mantener una exigencia punitiva y regulatoria estricta contra fabricantes y traficantes estadounidenses.
2) Rastreo financiero (Follow the Money): El crimen organizado opera como una corporación multinacional. Resulta imprescindible rastrear y congelar la riqueza que se lava en negocios legalmente constituidos en México, EE. UU. y el extranjero, abarcando sectores estratégicos como el agrofinanciero, los bienes raíces y el sistema bancario.
Propuesta de futuro: Retomar el sentido común y la regulación
Para consolidar los avances y terminar definitivamente con el ciclo de violencia, es necesario ir más allá del paradigma prohibicionista. Retomar los valores de la paz y la salud pública exige decisiones pragmáticas e informadas por diagnósticos serios.
Conclusión
La retórica que pretende ignorar los datos olvida que el deterioro institucional tomó más de tres décadas en gestarse. Hoy, la combinación de inteligencia operativa, combate al lavado de dinero, exigencia del freno al tráfico de armas y una sólida postura de cooperación bilateral trazan un camino firme y certero.
Hay que reconocer la gran labor del secretario Omar García Harfuch al frente de la estrategia de seguridad y el compromiso inédito de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, quienes han demostrado con hechos y evidencias que la paz en México se construye con carácter, inteligencia, coordinación institucional y verdadera voluntad de Estado.



