Mucho se está hablando de VELAGRO y de la necesidad de avanzar en la formalización del trabajo en el campo mexicano. Es una conversación necesaria, pero desde la representación sindical creo que hay otra pregunta que debemos empezar a hacernos: ¿qué pasa después de formalizar a un trabajador?

Porque formalizar una relación de trabajo no significa solamente incorporarla a un registro o cumplir con determinados requisitos. En realidad, ahí puede comenzar una transformación mucho más profunda.

Cuando un patrón reconoce formalmente una relación laboral, también reconoce a una persona como trabajadora y, con ello, los derechos que derivan de esa relación.

Y aquí es donde empezaremos a ver uno de los cambios más importantes.

Para muchos trabajadores del campo, la formalización puede significar comenzar a tener una historia de cotización ante la seguridad social; acceso a servicios médicos y prestaciones; semanas cotizadas que tendrán importancia para su retiro; aportaciones vinculadas con su ahorro para el retiro y con la vivienda y, conforme se cumplan los requisitos correspondientes, posibilidades de acceder a prestaciones y financiamientos que antes parecían completamente ajenos a su vida laboral.

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Entonces la formalización deja de ser un concepto administrativo y empieza a tener nombre y apellido para el trabajador.

Es su atención médica. Es la protección de su familia. Es comenzar a construir un ahorro para el retiro. Es generar aportaciones para vivienda. Es entender que su salario, su antigüedad y las condiciones bajo las cuales está registrado tienen consecuencias que pueden acompañarlo durante años.

Y cuando un trabajador comienza a conocer esos derechos, inevitablemente comienza también a preguntarse si se están respetando.

Ahí puede estar uno de los efectos más profundos de VELAGRO.

El trabajador que antes difícilmente podía identificar qué derechos tenía empieza a contar con elementos para revisar su propia relación laboral. Puede preguntarse con qué salario está registrado, si sus cotizaciones son correctas, qué sucede con sus jornadas, si le pagan las horas extraordinarias, si recibe las prestaciones que le corresponden o si las condiciones en las que trabaja son seguras.

La formalización no solamente registra trabajadores. También puede generar trabajadores más conscientes de sus derechos.

Y cuando esa conciencia aparece, la conversación inevitablemente llega a los derechos colectivos.

Porque ese mismo trabajador tiene derecho a organizarse con otros, a decidir libremente si quiere pertenecer o no a un sindicato, a elegir quién quiere que lo represente y a participar en las decisiones relacionadas con la negociación colectiva.

Entonces puede ocurrir algo muy interesante: trabajadores que comienzan preguntando por su seguridad social, su salario o sus prestaciones pueden terminar preguntándose también quién los representa y qué está haciendo esa representación por ellos.

Y si descubren que existe una distancia entre los derechos que la ley les reconoce y lo que realmente sucede dentro de su centro de trabajo, naturalmente buscarán mecanismos para defenderlos. Uno de ellos será una representación sindical auténtica, cercana y capaz de responder a sus necesidades reales.

Por eso me parece que estamos observando solamente la primera parte de lo que puede generar VELAGRO.

Durante años, particularmente en algunas actividades agrícolas, la informalidad no solamente hizo difícil identificar correctamente las relaciones laborales. También hizo menos visibles las condiciones en las que esas relaciones se desarrollaban.

La formalización cambia esa realidad.

Cuando haces visible la relación laboral, tarde o temprano también se vuelven visibles sus condiciones.

Ya no se trata únicamente de saber si existe un contrato o si el trabajador fue registrado. Habrá que observar si está registrado correctamente; si las aportaciones y cotizaciones corresponden a su realidad laboral; si su jornada cumple con la ley; si las horas extraordinarias se pagan; si recibe las prestaciones que le corresponden; si existen condiciones adecuadas de seguridad y salud y si puede presentar una inconformidad sin temor a represalias.

Y también habrá que preguntarnos si ese trabajador puede ejercer libremente sus derechos de asociación y representación.

Ahí encuentro uno de los efectos menos discutidos de VELAGRO.

La formalización puede convertirse en la puerta de entrada al ejercicio efectivo de muchos otros derechos laborales.

Y eso necesariamente cambia también la conversación con los empleadores.

No considero que debamos plantearlo como una amenaza para las empresas. Por el contrario, representa una oportunidad para revisar hoy las relaciones laborales antes de que mañana los problemas se conviertan en conflictos.

Una empresa puede tener contratos, expedientes y registros perfectamente integrados y, sin embargo, mantener prácticas cotidianas que no correspondan con ese cumplimiento documental.

Lo hemos visto muchas veces en el trabajo sindical.

El documento dice una cosa y el trabajador vive otra.

Por eso, después de la formalización vendrá necesariamente una segunda etapa: pasar del cumplimiento en papel al cumplimiento en el centro de trabajo.

En un sector vinculado de manera importante con los mercados internacionales, tampoco podemos perder de vista que las condiciones laborales han dejado de ser exclusivamente un asunto interno entre empresa y trabajadores.

México asumió compromisos laborales que hoy también tienen relación con el comercio internacional y con las cadenas de suministro. Eso hace todavía más importante que la formalización venga acompañada de una verdadera cultura de cumplimiento.

Y aquí también los sindicatos tenemos tarea.

Sería muy sencillo señalar únicamente las obligaciones de las empresas. Pero si los trabajadores van a conocer mejor sus derechos, también van a exigir más de quienes dicen representarlos.

Eso nos obliga a construir organizaciones sindicales más profesionales, transparentes, democráticas y cercanas a sus representados.

Si queremos empresas que entiendan la nueva realidad laboral, también necesitamos sindicatos capaces de entenderla.

Por eso creo que el verdadero impacto de VELAGRO no debería medirse únicamente por el número de trabajadores que logren incorporarse a la formalidad.

Habrá que observar qué ocurre después.

Si tienen acceso efectivo a la seguridad social. Si comienzan a construir derechos para su retiro y vivienda. Si conocen con qué salario están registrados. Si mejoran sus condiciones de trabajo. Si conocen sus derechos. Si pueden organizarse libremente y si cuentan con una representación que realmente los defienda.

Tal vez ahí se encuentre la parte de VELAGRO de la que todavía hemos hablado poco.

Porque formalizar a un trabajador no significa solamente poner en orden un expediente.

Significa reconocer una relación laboral. Y cuando el trabajador descubre todo lo que nace de esa relación, también comienza a descubrir todo lo que puede exigir de ella.

Ese puede ser el verdadero efecto de la formalización. Y apenas estamos comenzando a verlo

X: @fenasin | Víctor Manuel Mendoza Pantoja, Secretario General de COCENA (Confederación Central Nacional).