Como se ha informado, Luisa María Alcalde ha recientemente renunciado a su cargo como presidenta de Morena, y ha aceptado una nueva responsabilidad como consejera jurídica de la presidenta Claudia Sheinbaum.
En principio, su nuevo encargo sonaría como un simple movimiento colateral igualmente destacado, pues ahora estará formalmente integrada en el gabinete presidencial y responderá directamente a la jefa del Estado mexicano. Otros personajes como Estela Ríos y Julio Scherer también ostentaron ese mismo cargo bajo el gobierno de AMLO.
Sin embargo, y a pesar de que ahora estará al lado de Sheinbaum, dejar el máximo cargo de Morena sí que representa un retroceso en términos de alcance político. Por un lado, ya no tendrá injerencia formal en todo lo que se decide en el interior del partido: estrategia electoral, decisión sobre candidatos, acceso a los recursos del partido y su relación con sindicatos y otros actores públicos, entre otros.
Ha perdido todo poder formal e informal que conllevase las negociaciones de prebendas y otros beneficios con miembros conspicuos del morenismo que aspiraran a convertirse en los candidatos a distintos cargos de elección popular. Las encuestas han sido siempre, como todo lo que hace el partido hegemónico, meros ejercicios de simulación.
Ahora, en contraste, se limitará a “asesorar” a la presidenta en asuntos jurídicos, como si en los hechos la cabeza del Ejecutivo federal no contase con un ejército de abogados que fungen como enlace entre la presidencia y otros organismos del Estado, amén de la presencia del innombrable Arturo Zaldívar, que no estará dispuesto a ceder un milímetro de espacio de influencia frente a una mujer que si bien es miembro destacada del morenismo, es aún inexperimentada en el mundo del poder.
Se ha especulado sobre las posibles razones de la salida de Alcalde. Mientras algunos han apuntado a la voluntad de la presidenta de dejar libre el camino a Andrés López Beltrán, otros, como Loret de Mola, han responsabilizado al petulante Arturo Ávila, pareja de la expresidenta de Morena, como un pasivo político cuyas pifias e impopularidad han tocado a la, hasta hace un par de días, dirigente del partido.
En todo caso, Alcalde ha sufrido un retroceso, pero probablemente pasajero y reversible. Finalmente, se ha consolidado como una de las figuras digeribles de la 4T en la opinión pública, y muy probablemente mantiene sus lazos políticos y afectivos con el titular de la principal fuente de poder y legitimidad en el movimiento: el residente de Palenque, Chiapas.



