Decía el poeta Octavio Paz: “Es necesario que existan los cambios en nuestras instituciones si queremos avanzar en el mundo que vive un presente que no es intacto”. Y así lo tuvimos claro desde el principio en nuestra Universidad Michoacana, bastión ideológico de la Independencia de México y corazón intelectual de Michoacán.

Desde el 2023, aquí trazamos con claridad una agenda reformista, que, por decisión u omisión, permaneció estancada durante décadas. La modernización del Estatuto Universitario, la actualización de la Ley Orgánica y la adición constitucional para establecer la autonomía universitaria y el presupuesto que no podrá ser inferior al otorgado en el ejercicio inmediato anterior, no solo dotaron de vanguardia documental a nuestra institución, sino que escuchó el clamor nicolaita de ser protagonista de la transformación.

La designación de rectora o rector mediante un proceso democrático se convirtió en lo más novedoso en nuestro sistema universitario, siguiendo los pasos avanzados que previamente ya habían dado en las universidades de Zacatecas y Puebla, quienes valientemente le dotaron a su comunidad la voz y el voto para elegir a sus autoridades. Sin embargo, llegó el tiempo del arrepentimiento.

Seis reformas importantes antecedieron ese proyecto que en nuestros días se presenta para la nueva etapa de nuestra Universidad. Reformas que en su momento respondieron a la conciencia de los universitarios de otras épocas.

La primera reforma de la Ley Orgánica de la Universidad fue en el temprano año de 1921. Se adecuaba la institución a un país que daba los primeros pasos de la modernización posrevolucionaria. Después, 1933 y 1939, la Universidad buscaba su identidad con el pueblo de México y se ofrecía como la educación del pueblo y para el pueblo. Más tarde, en los años convulsos, una reforma en 1963 buscó proteger la actuación libre y democrática y que, a través de protestas, marchas, resistencia… represión, asesinatos y aprehensiones, dejó abierta la puerta de la nostalgia, de una derrota no aceptada para las nuevas generaciones.

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Los hechos siempre dan la razón. Vivimos una vida de afirmaciones y negaciones, de dudas y esperanzas, pero sobre todo de aspiraciones a la renovación y al cambio. Las reformas se obligan por las circunstancias que son irreversibles. Nuestro mundo comienza a parecerse a un mundo que no conocíamos. Los vientos de la reivindicación democrática han entrado por nuestras ventanas. Estamos en un viaje agitado. Es un viaje de conciencia. Son los tiempos en los que debemos privilegiar la democracia sobre el monopolio de cualquier autoridad. Las nuevas reformas no deberán nacer de una élite, sino como respuesta a una demanda comunitaria.

El tejido democrático se sostiene con la pluralidad de ideas y de opiniones. La democracia deberá ser diálogo y participación. Estamos aprendiendo a descubrirnos. Nos hemos encontrado como parte de una comunidad, de ella germinamos, en ella florecemos y a ella nos debemos. Con la comunidad universitaria, todo. Sin la comunidad universitaria, nada.

En 2023 el Consejo Universitario actualizó el Estatuto empolvado con 60 años de espera, para continuar con el resto de la normatividad con la Reforma de la Ley Orgánica, que para la opinión de muchos eso no era necesario pues funcionaba de acuerdo a las necesidades de la Universidad, según ellos, aunque en realidad yo le llamaría perversidad política que no requiere disimularse demasiado, pues confía en que la ciudadanía no prestará atención. Aquí es donde se construye la jaula con la misma mano con la que se redactó el decreto que prometía libertad. Lo que está ocurriendo con la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo en estos días es exactamente eso.

Digámoslo con la claridad que exige la gravedad del momento, porque ya no hay tiempo para eufemismos académicos.

Nuestra Universidad se ha convertido en el campo de batalla ante la próxima elección del nuevo rector o rectora. La reforma que impulsaba democratizar la elección, esa que firmó el Ejecutivo y aprobó el Legislativo con tanto orgullo y con tantos fotógrafos presentes, ahora es el principal obstáculo.

La democracia no permitirá “negociar” a nombre de nadie quién será el o la próximo mandatario universitario. La democratización que se pregonó como legado deja sin el instrumento de control que siempre quiso conservar.

Y mientras los políticos juegan al ajedrez con nuestra institución, los más perjudicados son quienes tienen menos culpa de todo esto.

Hoy, la Universidad vive una huelga más política que reivindicación de los empleados. Así más de cincuenta y siete mil estudiantes nicolaitas que no pueden acceder físicamente a sus aulas. Son las familias michoacanas de estratos populares que depositan en la Universidad su única apuesta de movilidad social. Son los investigadores de los centros de ciencia que ven interrumpidos proyectos que no se recuperan con un decreto. Son los estudiantes de posgrado cuyos calendarios se desfasan. Son los trabajadores sindicalizados honrados que merecen una negociación real, y no ser utilizados como instrumentos de presión política donde las ambiciones personales valen más que la educación de Michoacán.

Vendrán más embates, uno de ellos es condicionar y usar como palanca de negociación política el financiamiento que merecen los trabajadores docentes y administrativos por un servicio prestado.

La ciudadanía tiene en sus manos algo que ningún decreto puede otorgar ni quitar: la legitimidad de su voz colectiva, la cual debe alzarse ahora y exigir a cualquier actor político que respete el mandato constitucional que sus propios integrantes aprobaron por unanimidad y honrar la reforma firmada con tanto aparato ceremonial, así como demostrar madurez política e inteligencia para que se comprenda que la prometida democratización universitaria significa precisamente que quien decide la vida en la Casa de Hidalgo es cada corazón que late en sus aulas y pasillos en este momento.

Recodemos que la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo ha sobrevivido guerras, revoluciones, dictaduras, crisis económicas y pandemias. Sobrevivirá también a estos embates.

¡Humanistas por siempre! ¡Por siempre nicolaitas!

Yarabí Ávila González, rectora de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.