“La ideología suele ser el lenguaje con el que se justifican decisiones ya tomadas por otras razones”.
Albert O. Hirschman
“La política energética es demasiado importante para dejarla en manos de la retórica”.
(adaptación sobre Daniel Yergin)
Durante años, el fracking fue el villano favorito de la 4T. Contaminante, neoliberal, casi pecado capital. Andrés Manuel López Obrador lo convirtió en símbolo de lo que estaba mal en la industria energética: saqueo, abuso, privatización disfrazada. Había que prohibirlo. Cancelarlo. Exorcizarlo.
Dos doritos después, resulta que siempre sí. Ahora Claudia Sheinbaum nos explica que el fracking regresa, pero que no es el mismo. Que este es un fracking bueno, responsable, casi ecológico. Una especie de fracking con conciencia social, certificado moralmente por el régimen. Porque, claro, no es lo mismo contaminar en tiempos neoliberales que contaminar con transformación...
El problema es que la geología no vota. Y el fracking tampoco cambia porque lo rebauticen en la mañanera. Así que conviene dejar de lado la farsa técnica y entrarle a lo que de verdad importa: el dinero.
México produce alrededor de 2,300 millones de pies cúbicos diarios de gas, pero consume mucho más. El faltante se cubre —en un 75%— con importaciones de Estados Unidos. Es decir, la tan cacareada “soberanía energética” depende, en la práctica, del gas texano. Y el gas texano no se paga con discursos. Se paga con dólares. Dólares que hoy escasean más de lo que el gobierno quisiera admitir. Porque, aunque se diga lo contrario, Pemex sigue siendo un barril sin fondo con forma de empresa productiva del Estado.
Ahí está el primer asunto medular: la presión fiscal sobre Pemex ya no se puede maquillar con narrativa. Ya no alcanza para sostener refinerías que no refinan —pero bien que se incendian— ni proyectos que prometen más de lo que entregan. Y en ese contexto, el fracking deja de ser ideología… y se vuelve urgencia.
El segundo asunto es todavía más interesante: Pemex no tiene ni la capacidad técnica ni la experiencia para explotar yacimientos no convencionales por sí sola. Traducido al español de la política mexicana: se van a necesitar privados.
Y aquí es donde la historia se pone buena. Porque no estamos en 2013. No estamos en tiempos de Enrique Peña Nieto ni de la reforma energética que tanto demonizaron. Estamos con Morena, donde el problema nunca fue el negocio ni el robo ni la corrupción… sino quién se quedaba con las ganancias de todo eso.
Así que prepárese: viene una nueva temporada de contratos, asignaciones y “aliados estratégicos”. Algunos nombres ya empiezan a sonar en voz baja —empresarios cercanos al poder, operadores reciclados, y uno que otro milagro norteño que encontró en la energía una alternativa más presentable que otros giros menos confesables.
Porque sí: el mapa del fracking coincide sospechosamente con regiones donde el Estado comparte territorio —y a veces intereses— con el crimen organizado. Pero seguro ahora sí habrá controles, transparencia y licitaciones impecables. Claro que sí. Nomás faltaba.
La presidenta anunció un comité de expertos. Ojalá no termine siendo, como tantas veces, un comité de lealtades con credencial de científico... Siendo absolutamente francos, si algo ha perfeccionado este régimen es la simulación técnica: disfrazar decisiones políticas de diagnósticos especializados.
Se habla también de usar agua reciclada. Suena muy bien… hasta que alguien menciona que eso implica plantas tratadoras por cada punto de extracción, con costos millonarios y viabilidad limitada. Pero no arruinemos una buena narrativa con minucias incómodas.
El punto no es si el fracking es bueno o malo. El punto es la desvergüenza del giro. Ayer era anatema. Hoy es política pública. Ayer era corrupción neoliberal. Hoy será, seguramente, “desarrollo con justicia”. Ayer era Calderón. Hoy es Sheinbaum.
Y en medio de ese giro, lo único constante es lo de siempre: la reasignación del negocio. Porque no nos engañemos. Esto no es un cambio de opinión. Es un cambio de caja.
La realidad —esa que no se somete a consulta— terminó por imponerse. No hay dinero suficiente, no hay autosuficiencia energética, y no hay margen para seguir vendiendo fantasías sin empezar a cobrar la factura.
Y el fracking, en ese contexto, es exactamente eso: una factura. Que alguien va a pagar… y alguien más va a cobrar con creces. Les apuesto mil a uno que algunos nombres los ha escuchado…
Giros de la Perinola
(1) Pemex dice que hay 141.5 billones de pies cúbicos de gas en yacimientos no convencionales. “Hay”, en el mismo sentido en que había petróleo infinito, autosuficiencia garantizada y una refinería lista en tres años. Es decir, en PowerPoint.
(2) La presidenta habla de “abrirse a nuevas tecnologías”. Ojalá la apertura incluya también la memoria. Porque en este país no solo reciclamos el agua: reciclamos errores, discursos… y negocios.
(3) Hace años, los moneros de El Chamuco dibujaron a Vicente Fox con una hormiga haciéndole fracking en la cabeza mientras prometía soluciones mágicas. Viéndolo bien, no era una caricatura. Era un adelanto.






