“¡Oh! ¿dónde está ese mundo que soñé

Allá en los años de mi edad primera?

¿Dónde ese mundo que mi mente orlé

De blancas flores?....

¡Todo fue quimera!

Hoy de mi misma nada me ha quedado,

Pasaron ya mis horas de ventura,

Y sólo tengo un corazón llagado

Y un alma ahogada en llanto y amargura.”

DOLORES VEINTIMILLA

Se acabó la cumbancha, la fiesta, la jarana. El gobierno cubano acepta la necesidad de romper la ilusión del tipo de cambio (pesos cubanos/dólares americanos) que hasta el jueves se mantenía en la isla.

Con ello se quintuplicó la tasa de cambio y el gobierno ahora comprará dólares a 120 pesos cubanos para “restablecer” el mercado. Es decir, pretende poder conseguir los dólares para sus ciudadanos y turistas, y con ello intentar salir de la crisis económica que asfixia al gobierno de la isla.

Esta medida tiene aciertos y desaciertos. Por cuanto a lo primero, evidencia —una vez más— el desastre del régimen y la imposibilidad de mantener una quimera basada en un falso nacionalismo. Una dictadura bananera que en más de 60 años no han podido hacer de Cuba la maravilla prometida. Y no, antes de que digan, eso no es culpa de los Estados Unidos ni de un embargo, que no bloqueo.

Por cuanto a lo segundo. Fidel Castro decía que la Cuba de Fulgencio Batista era el prostíbulo de Estados Unidos y que no lo permitiría. Pasó a ser el prostíbulo de toda América, incluyendo de los estadounidenses que viajan clandestinamente a la isla. Ahora, con la propuesta de que el gobierno cubano compre dólares estadounidenses a tarifa de mercado negro para captar divisas, Cuba se convertirá en la lavadora de América (incluyendo nuevamente a Estados Unidos)…

Esta medida anuncia el agotamiento de la narrativa comunista, lo que no significa necesariamente el final del régimen. Y es que este puede trastocarse en un régimen manejado por autoridades subordinadas al poder del crimen organizado, lo que significaría extenderse para largo, muy largo. Ojo: no sería el primer gobierno en América Latina que viva dicha situación. ¡Qué va!

Si bien es imposible mantener un tipo de cambio ficticio por más tiempo, soltar el mismo de un día para otro generará otro tipo de crisis a la población. Esta estaría aderezada de inflación en términos reales (si bien sabemos que el gobierno de ese país controla artificialmente los precios de los productos). Y lo peor: si el gobierno compra dólares sin ofertarlos, los mismos volverán a aumentar su valor. En otras palabras, el mercado informal pagará aún más de lo que el gobierno está dispuesto a costear.

Además, de forma indirecta, estará aceptando comprar cualquier tipo de divisa estadounidense, provenga de donde provenga, convirtiéndose en la gran lavadora del continente, particularmente del crimen organizado.

Obviamente se requiere hacer la siguiente pregunta: ¿quién tendrá el interés de vender la cantidad de dólares que requiere el gobierno cubano? Por supuesto los turistas querrán vender sus dólares al precio “justo”, ¿pero cuántos turistas requerirían vender sus divisas para que Cuba logre reunir el dinero necesario para la infraestructura nacional (generar electricidad entre otras cosas)? Relativamente pocos. Esto lleva otra vez a que el dinero que requiere la dictadura tenga como proveedor al crimen organizado.

Queda demostrado que los regímenes retardatarios y dictatoriales juegan a ser genios, pero en realidad resultan pésimos equilibristas de sus “economías”.

La propuesta del gobierno cubano es caer en el lado ilícito de que cualquiera”persona” podrá cambiar sus dólares sin que nadie sepa de dónde proviene ese dinero (insisto, pensemos en las ingentes cantidades que requiere Cuba).

Un resbalón más el trastocar una dictadura trasnochada a una cuya fuerza descanse en el crimen organizado. Y todo porque sus gobernantes sus intereses no quieren aceptar el error de un régimen que, cono otros que conocemos a la perfección, solo ha creado más pobres.

Con este tipo de cambio se acaba la narrativa comunista; el horror de su gobierno, no.