Crónica por Jorge H. Aguilera
Debajo de las escaleras que sostienen, en letras doradas, la frase “Gobernar la ciudad es servirla”, reposaba una pequeña mesa.
Ahí, el hombre más rico de México y uno de los más ricos del mundo anunció una inversión histórica para el Centro Histórico de la ciudad de Puebla, sin precedente en los últimos 50 años, según comentaban algunos de los empresarios que acudieron al evento.
A su lado estaba quien, dicho por el propio ingeniero Slim, era el responsable y articulador de esta gran inversión: el alcalde de Puebla, Pepe Chedraui, o “don José Chedraui”, como se refirió a él al inicio de su intervención.
No más de 200 personas aguardaban en el patio del Palacio Municipal, pendientes y atentas al mensaje, aunque se sobreentendía que, en buena medida, el mensaje era el mensajero.
Empezó el mensaje.
El ingeniero Slim mostró respeto por el auditorio, como acostumbra hacerlo en sus conferencias ante grandes audiencias o en aquellas larguísimas ruedas de prensa frente a los medios nacionales.
Ahí, las interrogantes de los periodistas, muchas veces afiladas en forma de cuchillo, terminan convertidas en rosas sin espinas ante la ágil e inteligente respuesta de Carlos Slim frente a la prensa nacional.
Ante la prensa poblana, los empresarios estatales y los rectores de las universidades más importantes de nuestra entidad, el ingeniero Carlos Slim mostró el mismo respeto por los presentes e interés por la conversación que acostumbra en sus intervenciones de alto nivel.
Durante largos minutos desarrolló una explicación concreta sobre la experiencia previa en el Centro Histórico de la Ciudad de México, donde, a partir de una inversión detonante de Grupo Carso, se impulsó su revitalización.
Explicó también cómo, a partir de diversas inversiones —algunas de las cuales serían presentadas posteriormente—, Puebla podría verse beneficiada por un proceso similar para la urgente revitalización de su Centro Histórico.
Refirió que, además de la inversión en infraestructura, era importante vincular el desarrollo con políticas de promoción cultural y con el aprovechamiento de los espacios destinados a la proyección artística y a los conciertos, como el Centro de Convenciones.
Hizo referencia a la experiencia de la Ciudad de México, donde ese proceso también convirtió al corazón de la capital en un epicentro de conciertos, música y cultura.
Puebla, detalló, debe buscar ese mismo aprovechamiento: no solo desarrollo económico e infraestructura, sino también el fortalecimiento de un polo cultural.
Pero el mensaje no solamente fue el mensajero: fue también una oportunidad sin precedentes para el Centro Histórico de Puebla, con la posibilidad de generar beneficios directos e indirectos para comerciantes, artistas, artesanos y para todo el entorno del bellísimo centro de la ciudad.
El mensaje, además del mensajero, fue que el hombre más rico de México explicó, con paciencia y entusiasmo, durante más de una hora, a un sector importante y representativo de la sociedad poblana por qué es importante soñar y trabajar en la dignificación del Centro Histórico y en su revitalización como espacio económico y cultural de Puebla.
La cereza del pastel llegó en la democrática ronda de preguntas y respuestas. Y digo democrática porque pasó de todo.
Un estruendoso periodista, cuyo estilo ya a nadie sorprende, se vistió de “vocero anticapitalista” y, en tono poco educado, recriminó al ingeniero Slim que su propuesta fuera clasista y promoviera la gentrificación.
El ingeniero no escuchó en un primer momento los gritos, pidió que se le repitiera la pregunta e incluso confundió al periodista, que se autopercibe influencer, con el secretario de Cultura del estado de Puebla.
El periodista, todavía vestido de “vocero anticapitalista”, reiteró la pregunta en forma de grito.
Slim respondió con una brillantez excepcional y con la categoría de uno de los empresarios más exitosos que ha tenido este país.
Con una picardía brutal sentenció:
“No se trata de clasismo, sino de mejorar las clases”.
Pero, sin duda alguna, el punto de inflexión llegó cuando hizo uso de la voz Carolina Fernández, directora de El Popular, e interrogó al empresario.
¿Por qué invertir ahora en Puebla? ¿Por qué en este preciso momento y no en algún otro? ¿Por qué esta coyuntura para realizar una inversión histórica de cuatro mil millones de pesos en la capital?
Ante la filosísima y elocuente pregunta de Carolina Fernández, Carlos Slim respondió sin titubeos, pero con absoluta serenidad:
“Estoy aquí por Pepe Chedraui. Él es el que gestionó todo”.
El mensaje, entonces, no solo fue el mensajero.
Fue el mensaje explícito, el mensaje mismo.
El desarrollo de la ciudad de Puebla no solamente pasa por la iniciativa privada y el esfuerzo empresarial. Durante el evento, este esfuerzo fue reconocido por los rectores del Instituto Politécnico Nacional, Campus Puebla, y de la Universidad Anáhuac.
Ambos ofrecieron también a sus universidades como motores de conocimiento y análisis urbanístico y técnico al servicio del proyecto, y agradecieron el esfuerzo que Grupo Carso realizará en Puebla.
A este esfuerzo de desarrollo promovido por el gobierno de la ciudad y la iniciativa privada, encabezada en este proyecto por Grupo Carso, se suma uno de los programas sociales centrales de la presidenta Claudia Sheinbaum: Vivienda para el Bienestar, con el que ya se encuentran en desarrollo cientos de viviendas dignas en la capital poblana.
La tarde de ayer, en el Palacio Municipal, uno de los grandes empresarios mexicanos se presentó vestido de amigo, con un evidente propósito de contribuir al desarrollo del Centro Histórico y de la ciudad de Puebla, la ciudad que encabeza y lidera “su amigo”, Pepe Chedraui Budib.




