El pasado 15 de septiembre, la Embajada de Estados Unidos en México, a través de su cuenta de X, @USEmbassyMEX, difundió una nota periodística acompañada de la siguiente descripción:
“Gran parte de los símbolos con los que México celebra su independencia no se hacen en México. Viva México, Made in China.”

La nota señala que “la industria textil enfrenta competencia desleal con productos importados, principalmente de China” y analiza qué tan mexicanos son realmente los adornos patrios que se venden durante estas fechas.
En el marco de las fiestas patrias, la Embajada de Estados Unidos reclamó, no tan veladamente, a México la cercanía de nuestro país con China.
En paralelo a ese posicionamiento, aparecieron también, en el marco de los festejos patrios mexicanos, tres guiños geopolíticos que obligan a reflexionar sobre el valor y la trascendencia que México tiene en el mundo.
Y es que, a veces, pareciera que todo el mundo conoce la importancia de México, menos los propios mexicanos.
El primero ocurrió en Irán, donde la emblemática Torre Azadi, en Teherán, se iluminó con los colores de la bandera de México para conmemorar el 216 aniversario de la Independencia nacional.
El hecho fue ampliamente difundido en redes sociales, donde se mostró al pueblo iraní en solidaridad con los festejos patrios mexicanos.

Otro de estos gestos vino desde Japón: el embajador de Japón en México, acompañado por su equipo diplomático, interpretó una versión en japonés de “Cielito Lindo”, enviando con ello un fraternal abrazo y sumándose a los festejos del pueblo mexicano.

Y la cereza en el pastel vino de la mano de Zohran Mamdani, encabezando el desfile por la Independencia de México en Sunset Park y lanzando un potente mensaje en favor de los migrantes, particularmente de los mexicanos.
Un mensaje que llena de certeza sobre el respaldo que encuentran los mexicanos en la ciudad de Nueva York, o bien, como afirmó el propio Mamdani: “Puebla York”.
Esos tres guiños geopolíticos permiten dimensionar la impresión y el valor que México tiene como nación a nivel global.
Y es precisamente en el marco del fortalecimiento de nuestra soberanía y de los avances en esa pugna donde se demarcarán también los resultados de la dignidad que, como país, seamos capaces de construir frente a nuestros socios comerciales, particularmente frente a quienes difunden y promueven la injerencia, ahora también a través de posicionamientos mediáticos.
Porque la soberanía también se construye con dignidad.



