Ayer jueves 16 de abril el escenario político nacional vibró con una noticia que resonó en todos los rincones del país: Citlalli Hernández Mora había decidido dejar su cargo como titular de la Secretaría de las Mujeres.
No era una renuncia cualquiera. Ella había sido la primera mujer en ocupar ese puesto, la arquitecta que desde principios de 2025 se había encargado de dar vida, estructura y alma a una dependencia federal recién creada, diseñada para ser el baluarte de la igualdad y la protección de las mujeres en México.
Citlalli no solo era la secretaria; era la fundadora. Bajo su liderazgo, se distribuyeron 25 millones de cartillas informativas, se impulsaron reformas constitucionales y se consolidaron más de 500 centros de atención para víctimas de violencia bajo la red “Tejedoras de la Patria”. Su gestión era reconocida como “excepcional” y su trabajo había logrado tender puentes importantes con colectivos y organizaciones de la sociedad civil.
En la mañanera del pueblo, la propia presidenta Claudia Sheinbaum fue quien lo confirmó, y en su voz se notó la sorpresa. Con una honestidad que la caracteriza, admitió ante los medios y la nación: “Casi me voy de espaldas”. Era evidente que, aunque la decisión era estratégica, tomaba a todos por sorpresa.
Pero la política tiene sus propios tiempos y llamados.
La razón de la renuncia no eran diferencias ni conflictos internos, sino una misión de otra índole. La dirigencia nacional de Morena, encabezada por Luisa María Alcalde, le había hecho una petición especial: regresar al corazón del partido para preparar el terreno de cara a las elecciones intermedias de 2027. Importantísimas, pues se renovarán la Cámara de Diputados, 17 gubernaturas y cientos de cargos locales.
Citlalli no dudó. Para ella, aceptar este nuevo rol fue un honor. Ya tenía experiencia previa; había coordinado alianzas cruciales en las elecciones de 2024, donde Morena arrasó en todo el país y llevó a la presidencia a la primera mujer en México.
Hoy el escenario es distinto. Hay varias piedras en el zapato, personajes desleales y traicioneros que antes dijeron ser aliados y en realidad parecen enemigos. O de plano no parecen, lo son.
Menudo trabajo le tocará a Citlalli: tejer nuevamente los acuerdos entre el Partido del Trabajo y el Partido Verde Ecologista de México, tras los intensos debates que dejó la reforma electoral.
Será la presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones y Alianzas de Morena. Un cargo que no es solo administrativo, sino el corazón estratégico del partido, desde donde se definirán las candidaturas, las alianzas y el rumbo que tomarán en los próximos meses.
Tema nada, pero nada menor. Su nuevo puesto es clave, estratégico y poderoso.
Mientras tanto, la Secretaría de las Mujeres entra en una nueva etapa. El reto también es gigante: no solo mantener lo logrado, sino seguir construyendo sobre esa base sólida que ella dejó. La agenda de género no se detiene, la lucha por la igualdad continúa, y el relevo que viene marcará el curso de una de las causas más importantes de nuestra época.





