La presidenta Claudia Sheinbaum llegó a un Chiapas distinto al de hace un par de años. Decenas de miles de chiapanecas y chiapanecos se reunieron para recibirla, escucharla y respaldarla.

El estadio “Zoque Víctor Manuel Reyna” fue insuficiente para contener una convocatoria que mostró presencia territorial, organización y una enorme capacidad de movilización.

Horas antes, desde Tuxtla Gutiérrez, el Gobierno de México había presentado cifras que explican buena parte del momento que vive el estado.

Los homicidios dolosos han disminuido 64% respecto de diciembre de 2024. Los delitos de alto impacto también registran una reducción importante. La propia presidenta destacó que hoy la gente se siente más segura y atribuyó estos avances a la coordinación entre la Federación y el gobierno de Eduardo Ramírez.

Durante los últimos años la violencia penetró regiones que durante décadas habían vivido de otra manera. Hubo carreteras que dejaron de transitarse con tranquilidad, comunidades sometidas al miedo, desplazamientos forzados, ciudades con calles vacías y una frontera cuya situación llegó a ocupar la atención nacional.

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La presidenta Claudia Sheinbaum definió públicamente a Eduardo como “un gran gobernador, honesto, trabajador, entregado a su pueblo”.

Coincido con ella. No son palabras que hoy puedan decirse de todos los gobernadores y gobernadoras de México, mucho menos viniendo de una presidenta que conoce el país, recorre los estados y trabaja directamente con cada uno de ellos.

Desde mi punto de vista, Eduardo Ramírez es hoy el mejor gobernador del país.

Recibió un estado con desafíos extraordinarios y decidió enfrentarlos. Lo ha hecho en coordinación con la Federación y con una estrategia propia. Recuperó presencia institucional donde se había debilitado, y Chiapas se ubica hoy como la segunda entidad con mayor crecimiento económico promedio de los últimos tres años. Está haciendo lo indispensable en Chiapas, gobernar en territorio.

Eduardo y su esposa Sofía obsequiaron a la presidenta un libro realizado por artesanas chiapanecas, cuyos textiles bordados narran episodios de su vida. Las manos de mujeres de Chiapas contando la historia de la primera mujer presidenta de México. Un regalo que emocionó a la presidenta y a quienes la admiramos.

El poder puede conseguir obediencia. Puede llenar agendas y multiplicar discursos. Lo que no puede ordenar es el cariño de la gente.

Y Chiapas mostró un cariño auténtico a la presidenta Claudia Sheinbaum. Somos un pueblo que sabe agradecer, pero sabemos distinguir. Hemos aprendido, muchas veces dolorosamente, la diferencia entre quien llega al poder por el poder y quien llega a servir.

Las palabras de la presidenta Claudia Sheinbaum sobre Eduardo tuvieron mucho peso. Honestidad. Trabajo. Entrega a su pueblo.

Tres cosas sencillas de pronunciar y enormemente difíciles de sostener cuando se gobierna.

Ese es el camino correcto para Chiapas. Federación y estado trabajando juntos, sin estorbarse, sin disputarse reconocimientos, con un gobierno federal respetuoso de las decisiones y las iniciativas estatales, entendiendo que el único mérito que finalmente vale es que la gente viva mejor.

Qué bueno ver a Chiapas otra vez de pie, recuperando la paz y, con ella, lo que ningún presupuesto puede comprar, la confianza en su propio destino.