TÚ DECIDES
En los últimos años uno de los debates más delicados en materia de salud pública y derechos de la infancia ha cobrado fuerza en distintos países: la posibilidad de que menores de edad puedan cambiar de sexo mediante tratamientos hormonales o incluso cirugías irreversibles.
Más allá de la intensidad ideológica del debate, hay un punto en el que coinciden numerosos especialistas en medicina, psicología y desarrollo infantil: los niños y adolescentes no tienen la madurez psicológica ni biológica suficiente para tomar decisiones médicas permanentes sobre su propio cuerpo.
La infancia y la adolescencia son etapas de profundo desarrollo emocional, neurológico y social. Durante esos años la identidad personal aún está en formación y los procesos de autoconocimiento apenas comienzan. Diversos estudios médicos han mostrado que muchos menores que experimentan inconformidad con su sexo biológico terminan reconciliándose con su cuerpo al llegar a la adultez.
Investigaciones citadas por especialistas europeos señalan que hasta cuatro de cada cinco menores con comportamientos o dudas sobre su identidad de género terminan aceptando su sexo biológico al madurar, sin necesidad de intervenciones médicas irreversibles. Es decir, lo que en la adolescencia puede ser una crisis de identidad temporal, con el paso del tiempo suele resolverse de manera natural.
A esto se suma un elemento que no puede ignorarse: los riesgos de las intervenciones médicas. Los llamados bloqueadores de la pubertad, las hormonas cruzadas y las cirugías de reasignación pueden provocar consecuencias permanentes: infertilidad, alteraciones en el desarrollo óseo, disfunciones sexuales e incluso una dependencia de tratamientos médicos durante toda la vida.
Por esa razón, durante años los protocolos médicos internacionales establecieron límites muy claros. El llamado “protocolo holandés”, uno de los más citados en este campo, fijaba edades mínimas estrictas: bloqueadores de pubertad después de los 12 años de edad, hormonas cruzadas a partir de los 16 y cirugías únicamente después de los 18.
Sin embargo, la experiencia acumulada ha llevado a varios países que inicialmente impulsaron estos tratamientos en menores a revisar profundamente sus políticas públicas.
En el Reino Unido, por ejemplo, el sistema de salud decidió cerrar la clínica Tavistock, durante años el principal centro público para tratar a menores con disforia de género, después de que investigaciones independientes detectaran que muchos adolescentes eran derivados a tratamientos irreversibles de manera precipitada.
Países como Finlandia y Suecia también revisaron sus políticas sanitarias y concluyeron que la evidencia científica que respalda estos tratamientos en menores es todavía limitada, por lo que optaron por restringir su uso y priorizar la atención psicológica antes que la medicalización.
Paradójicamente, mientras varias naciones europeas comienzan a actuar con mayor cautela, en algunos países de América Latina se discuten leyes que facilitarían el cambio de sexo en menores, incluso con implicaciones médicas futuras. Entre ellos se encuentra México.
La pregunta de fondo es inevitable: ¿puede un menor tomar decisiones irreversibles sobre su cuerpo cuando aún no ha alcanzado la madurez suficiente para comprender plenamente sus consecuencias?
La experiencia internacional parece enviar una señal clara: cuando se trata de la salud y el futuro de los niños, la prudencia debe prevalecer sobre la presión ideológica.
Por eso resulta indispensable que el gobierno mexicano y la Suprema Corte de Justicia de la Nación observen con seriedad lo que está ocurriendo en otras democracias. Mientras países con sistemas de salud altamente desarrollados están corrigiendo el rumbo, México no debería precipitarse a abrir la puerta a decisiones médicas irreversibles en menores de edad.
Proteger a la infancia no es un acto de intolerancia. Es, simplemente, una obligación del Estado. Y cuando se trata del cuerpo y del futuro de los niños, la primera responsabilidad de las autoridades no es experimentar con nuevas ideologías, sino garantizar que ninguna decisión irreversible se tome antes de tiempo.
X: @pablomieryteran





