Todo proceso electoral —más allá de que las reglas de participación sean claras— necesita de mucho oficio y sagacidad para llevarlo a buen puerto antes de que sea muy tarde. Una dirigencia nacional, por ejemplo, actúa como una bisagra; es decir, tiene la encomienda de organizar, pero también de cuidar que no existan sobresaltos. Edificar, en pocas palabras, un blindaje que cubra el fuego cruzado que siempre se propaga entre quienes compiten. No es nada fácil controlar el vendaval que azota con mucha fuerza. Al ser mucho lo que está en juego, evidentemente, siempre se multiplican las estrategias perniciosas. Después de todo, viéndolo bien, cada expresión debe estar más que preparada, mayormente cuando existe, de parte de la ciudadanía, mucha aversión porque estas cosas sucedan. En buena medida, entonces, suministrar el diálogo y reunir a quienes aspiran —con la prudencia que se debe— habla de un gesto que puede recomponer cualquier malentendido.
En Morena, por ejemplo, hay ideas claras y preceptos bien firmes para encauzar todo proceso interno que se esté llevando a cabo. Las coordinaciones de la defensa del voto, por ejemplo, están viviendo su etapa interna en su mayor apogeo. Como sabemos, habrá elección para gobernador en diecisiete entidades federativas. Algo de esa magnitud, donde se tiene que procesar muchos recorridos territoriales y asambleas, es fundamental estar atentos para cualquier tensión. Incluso, todo esto que hemos visto no constituye un punto de inflexión, sino indicios que se pueden enmendar con diálogo y capacidad operativa.
Encontramos claras muestras de esas tareas en distintos puntos en los que Ariadna Montiel y Citlalli Hernández, dos mujeres muy cercanas a Sheinbaum, están reuniéndose con los aspirantes de algún enclave, principalmente aquellos en los que se elevó la pugna.
Algunas fotografías que comenzaron a circular en las redes sociales este fin de semana dieron cuenta de la operación cicatriz que está maniobrando la dirigencia nacional en aquellos puntos álgidos. De hecho, muchas imágenes ilustraron que se ha mantenido una charla permanente para alinear a todos. Ariadna Montiel y Citlalli Hernández, en otras palabras, han definido que las únicas reglas de participación son las encuestas y, de algún modo, el propio consenso, que puede ser un factor que incline la balanza. Dado que el mensaje permeó, no creemos que nadie se salte las trancas o, de plano, intente irse por la libre. Incluso, están los ejemplos claros del ejercicio de las corcholatas donde, de manera hábil, AMLO hizo un acuerdo con todos y todas para que perdurara la cohesión. Algo similar está preparando el CEN, no para premiar, sino para reconocer los esfuerzos y la voluntad de quienes se han inscrito.
Esos ambientes conciliadores, en la previa de un ejercicio de esta magnitud, tienen mucho valor y un peso específico para que los aspirantes no se salgan del redil. De hecho, podemos decir que, con estas reuniones, se ha librado la primera batalla para inhibir el encono, que era una de las grandes preocupaciones de la dirigencia nacional. Tanto Ariadna Montiel como Citlalli Hernández saben desplegarse por territorio. Ambas, en enclaves que citamos en algún momento, han actuado para evitar erosiones y sobresaltos, máxime cuando la unidad se edifica con mucho diálogo. Por cierto, el punto de partida de estas reuniones ha sido Michoacán donde, a tirios y troyanos, veíamos una guerra sin cuarteles en las disputas por el posicionamiento de las encuestas internas. Entonces todo esto, hacia afuera, trae consigo una certidumbre de que los militantes y simpatizantes no se dividirán y, por ende, trabajarán la unidad sin rasgarse las vestiduras.
Más allá de que Ariadna Montiel, como Citlalli Hernández, acapararon los reflectores, funcionó la estrategia de unificar el proceso de transformación. Podrá haber diferencias; eso en toda fuerza política sucede, pero lo más sustancial es mantenerse juntos para refrendar el triunfo en Michoacán y en las 16 entidades federativas restantes. Incluso, se tiene contemplado, de acuerdo con las encuestas de mayor prestigio, ganar 15 de 17, entre ellas el territorio purépecha, más allá de las técnicas corrosivas que propaga la oposición.
A propósito, dejo mis pronósticos con base en la percepción, pero también en las encuestas que han ganado mayor terreno en confianza:
En Baja California, por ejemplo, Ismael Burgueño continúa posicionándose como la figura con mayor fortaleza; en Baja California Sur, las tendencias se inclinan de manera clara hacia Milena Quiroga; y en Sinaloa —uno de los bastiones más sólidos del oficialismo— todo indica que la senadora Imelda Castro mantiene una ventaja cómoda.
En Nayarit, donde la izquierda busca refrendar su triunfo, el panorama se ha ordenado alrededor de Héctor Santana. Un escenario similar se observa en Querétaro, donde Santiago Nieto avanza con paso firme.
En Aguascalientes, nuevamente, Nora Ruvalcaba aparece como la figura más competitiva, mientras que en Colima las mediciones siguen favoreciendo de manera consistente a Rosi Bayardo.
En Campeche, Pablo Gutiérrez se perfila con claridad, al igual que Gino Segura en Quintana Roo.
El caso de Tlaxcala resulta especialmente ilustrativo: la legisladora Ana Lilia Rivera conserva una ventaja de dos a uno prácticamente en cualquier escenario.
En Nuevo León, el anuncio de Tatiana Clouthier sobre su intención de competir por la gubernatura generó un efecto inmediato: domina los ejercicios internos con una ventaja amplia.
En Chihuahua, todo apunta a que la candidatura recaerá en un hombre, y el perfil más sólido es Cruz Pérez, alcalde de Ciudad Juárez con licencia.
Y en Michoacán, sin duda, los planetas se están alineando a favor de la causa de Raúl Morón, mayormente ahora que el PT, de forma unánime, puso en las manos del senador toda la capacidad territorial con la que cuentan. Inclusive, hemos podido constatar que el legislador lleva un paso contundente que, a diferencia de los demás, es demasiado alargado el margen a su favor. Él será, en unos meses más, quien ocupe la coordinación y, a la postre, la silla del ejecutivo estatal del Solio de Ocampo.



