Alito Moreno, dirigente del PRI, convocó ayer de nuevo al PAN y a MC a formar una alianza rumbo a las elecciones federales de 2027. Lo hizo en medio de la controversia en torno al futuro de la reforma electoral presentada por la presidenta Sheinbaum.

Se debe empezar con una idea que parecería irrefutable: el PRI no tiene futuro. Está desahuciado. Aquel Revolucionario Institucional que durante décadas dominó los destinos de México ha muerto y está enterrado. No queda nada más. Ni de la ideología nacionalista revolucionaria que tuvo origen en el Partido Nacional Revolucionario ni como partido de corte neoliberal encabezado por Carlos Salinas de Gortari en los noventa.

Sus bases electorales han sido capturadas por Morena, copiándole no solo sus prácticas clientelares sino también reproduciendo sus estrategias de cooptación de sindicatos. Lo ha hecho recientemente con el SNTE con la afiliación de sus agremiados. También ha heredado del PRI las peores prácticas de corrupción. En adición, el partido de AMLO ha convertido en gobernadores y embajadores a rancios cuadros del PRI.

Debe señalarse igualmente la lamentable figura de Moreno. Su reputación ha sido seriamente cuestionada. Ha sido acusado de corrupción y tráfico de influencias, y hoy su nombre es miel en los labios del oficialismo para descalificar a cualquier opositor. El apelativo de PRIAN resultó devastador para Xóchilt Gálvez en 2024.

Por otro lado, a diferencia del PAN, que ha sido capaz de conservar sus bastiones, tales como Guanajuato, Aguascalientes, Querétaro y Chihuahua, el PRI lo ha perdido todo. Sus derrotas en los estados de Hidalgo y el Estado de México dieron muestras ostensibles de su colapso definitivo.

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El PRI, en suma, ha perdido la brújula, su identidad y su propio liderazgo. Es una pena, no obstante, para los priistas valiosos, honestos e inteligentes que aún siguen esas siglas. Tal vez la mejor idea sería dejar una barcaza que se hunde irremediablemente en el mar del desprestigio y la indiferencia.

Con la eventual formalización de Somos México, el PAN y Movimiento Ciudadano tendrán la oportunidad de crear una alianza nacional que catapulte a los mejores candidatos de los tres partidos a buscar recuperar el terreno perdido frente a Morena.

Jorge Romero, Jorge Álvarez Maynez y los liderazgos de Somos México deberán, a mi juicio, sentarse en la mesa de negociaciones con el propósito de configurar una alianza opositora que sea capaz de plantar cara a un partido hegemónico que se empecina en hundir la democracia y que está muy lejos de resolver las principales problemáticas que aquejan al país. Pero no deberán hacerlo con el PRI. Al tiempo.