El mundo no está en peligro por las malas personas, sino por aquellas que permiten la maldad.

Albert Einstein

Hay políticos que llegan al poder por el voto y otros que llegan por su capacidad para operar dentro de él. Alejandro Encinas Rodríguez pertenece, sin duda, al segundo grupo.

Militante del Partido Comunista Mexicano, fundador del PSUM, del PMS y posteriormente del PRD, Encinas construyó una larga carrera desde la izquierda. Sin embargo, su trayectoria electoral nunca estuvo a la altura de la influencia que posteriormente alcanzaría dentro del aparato político.

Fue candidato del PRD a gobernador del Estado de México en 1993 y en 2011. Contendió por la jefatura delegacional en Álvaro Obregón en 2000 y buscó la presidencia nacional del PRD en 2008, no consiguió ninguno de esos cargos.

Supervivencia política y servilismo

Durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador en la Ciudad de México, Encinas ocupó diversos cargos, entre ellos secretario de Desarrollo Económico y secretario de Gobierno. En 2006 aspiró a ser candidato a jefe de Gobierno, pero terminó por sustituir a López Obrador cuando éste dejó el cargo para buscar la Presidencia.

Desde esa posición se convirtió en uno de sus principales respaldos políticos.

Las columnas más leídas de hoy

En 2010, ocurrió un episodio que refleja su lealtad al proyecto. El entonces diputado electo Julio César Godoy Toscano, buscado por la PGR por presuntos vínculos con La Familia Michoacana, logró ingresar clandestinamente a la Cámara de Diputados para rendir protesta y obtener fuero. Para hacerlo permaneció oculto durante aproximadamente 48 horas en la oficina de la coordinación de la bancada perredista que encabezaba Encinas.

La operación fue digna de una película de política mexicana.

Posteriormente, las autoridades difundieron grabaciones que vinculaban a Godoy con Servando Gómez, “La Tuta”. El diputado perdió el fuero y volvió a la clandestinidad. Reapareció públicamente el 10 de noviembre de 2020, tras haber permanecido 10 años prófugo de la justicia.

Con la llegada de la 4T, Encinas volvió a ocupar una posición estratégica. López Obrador lo nombró subsecretario de Derechos Humanos, Población y Migración y posteriormente encargado de despacho de Gobernación. También encabezó la Comisión para la Verdad y Acceso a la Justicia del caso Ayotzinapa.

La disputa por el poder

El caso Ayotzinapa convirtió nuevamente a Encinas en una figura política de primer nivel. Durante la investigación, su comisión señaló la participación de distintos funcionarios y actores políticos en la construcción de la llamada “verdad histórica”.

En los informes relacionados con reuniones de autoridades sobre el caso apareció el nombre de Omar García Harfuch. Su inclusión generó una fuerte controversia, particularmente porque el entonces jefe de la policía capitalina se perfilaba como uno de los principales aspirantes a gobernar la Ciudad de México.

Más tarde Encinas encabezó el equipo de transición de Clara Brugada y posteriormente, en 2025, como premio a su lealtad fue designado representante de México ante la Organización de Estados Americanos.

Una carrera que demuestra que la influencia política puede sobrevivir a las derrotas electorales.

El poder que se hereda

Pero el mejor ejemplo de cómo encaja Encinas en esta serie sobre las familias de poder de la 4T está en su propia casa.

Su hijo, Alejandro Encinas Nájera, pasó por la Secretaría del Trabajo, llegó a la Subsecretaría de Comercio Exterior de la Secretaría de Economía y posteriormente a la Secretaría de Anticorrupción y Buen Gobierno.

En Economía sustituyó a Luz María de la Mora, una funcionaria con amplia experiencia en negociaciones comerciales internacionales, en un momento especialmente delicado por las consultas del T-MEC.

Más tarde acompañó a Raquel Buenrostro, otra incondicional de AMLO, en la nueva Secretaría de Anticorrupción y Buen Gobierno, donde fue designado subsecretario de Buen Gobierno, una de las áreas responsables de combatir la corrupción y vigilar el comportamiento de los servidores públicos. Los resultados visibles son opacidad, discrecionalidad y una persistente corrupción.

Su ascenso meteórico ha generado fundadas dudas sobre su experiencia para asumir responsabilidades de esa magnitud y cuestionamientos sobre actos de nepotismo que impulsan su carrera.

La historia de Alejandro Encinas es la de un político que para permanecer cerca del poder durante décadas no necesitó conquistar grandes triunfos electorales, sino que ha atravesado partidos, gobiernos y coyunturas como un operador político indispensable.

Y en la 4T, como hemos visto con otras familias, se valora más la lealtad que la eficiencia para gobernar. Encinas lo sabe y ya prepara su relevo, porque la influencia política también puede transmitirse de una generación a otra.

X: @diaz_manuel