Es verdad: la misión de Morena es ganar elecciones, no aplicar encuestas. Y, por el contrario, la misión de un encuestador es aplicar encuestas, no ganar elecciones.

Morena acaba de seleccionar mediante encuestas a sus candidatos y candidatas a los distintos gobiernos estatales que estarán en disputa en 2027, pero…

Como bien saben las dirigentes principales de Morena, Ariadna Montiel y Citlalli Hernández, las encuestas son probabilísticas, es decir, pueden dar buenos o malos resultados. Y las cosas se complican cuando se pone a la gente a decidir entre muchas opciones.

Alguna vez leí a un experto en teoría de la decisión que ponía un ejemplo interesante para explicar la complejidad de elegir. Decía que optar entre dos opciones es sencillo. Pero si metemos una tercera, la decisión se vuelve más compleja. Y si añadimos todavía más opciones, para encontrar la mejor se necesitan instrumentos matemáticos con los que, obviamente, no cuentan las personas entrevistadas por las casas encuestadoras.

El especialista ponía este ejemplo:

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Llega un señor a un restaurante. El mesero le pregunta:

—¿Qué desea comer?

El cliente responde con otra pregunta:

—¿Qué hay?

El mesero contesta:

—Pollo y carne de res.

El cliente replica:

—Quiero pollo porque el médico me dijo que si como carne de res enfermaré.

Se retira el mesero, pero regresa de inmediato:

—Perdone usted, señor. También tenemos pescado blanco.

—Ah —dice el cliente—, ¿por qué no me lo dijo antes? Entonces quiero carne de res.

Es decir, cuando había dos opciones eligió la más racional: el pollo y no la carne, porque la carne, le habían advertido los médicos, le hacía daño.

Al incluir una tercera opción, su proceso de decisión se alteró y terminó optando por el platillo que podía llevarlo al hospital.

En las encuestas relacionadas con Morena en Nuevo León se puso a elegir a la gente no entre tres, sino entre siete aspirantes: Clara Luz Flores, Waldo Fernández, Andrés Mijes, Tatiana Clouthier, Felipe de Jesús Cantú, Judith Díaz y Jesús Elizondo.

Si elegir entre tres opciones puede ser complicado, seleccionar entre siete cae en el terreno de lo metodológicamente imposible si no se cuenta con la ayuda de instrumental matemático o tecnológico.

De plano no es posible hacer una encuesta y decirle a la gente: entre estas ¡siete personas!, ¿quién le gustaría a usted que representara a Morena? ¿Quién es más honesto u honesta? ¿Quién blablablá?

El encuestador hace la encuesta, entrega gráficas y cobra su cheque. Hasta ahí. No puede garantizar que la gente que responde, ¡en unos cuantos minutos!, tenga realmente la capacidad de analizar tantísimas opciones y todavía más atributos.

En Morena deberían hacer una reflexión seria. Hay en el partido militantes con conocimientos de estadística, filosofía, epistemología y teoría de la decisión. Pueden analizar el que, a mi juicio, es un método fallido.

La misión del encuestador no es ganar elecciones. Ganar es la misión de Morena. El encuestador no hace análisis político: no sabe, no se le pide que lo haga o, simplemente, no le corresponde.

¿Qué pasa si una encuesta, que podemos suponer estuvo bien hecha, no genera crecimiento para el partido, ni siquiera indiferencia, sino que provoca una fuerte caída? Es el caso de Nuevo León.

Si a encuestas vamos, hay ya por lo menos dos mediciones preliminares que, con metodologías distintas, apuntan en la misma dirección: una caída muy fuerte de Morena después de la nominación de Clara Luz Flores. Encuestas con solo tres opciones, lo que es complicado procesar mentalmente, pero no tanto como seleccionar entre siete.

En una de ellas —de somosloquesigue.mx— Morena tiene apenas 9%. En otra, de Arias Consultores, Adrián de la Garza, por el PRI-PAN, 35.1%; Mariana Rodríguez, por Movimiento Ciudadano, 20.6%, y Clara Luz Flores, por Morena, 16.7%.

Son encuestas preliminares, reitero. Pero Morena, antes de la nominación, aparecía en todas las mediciones con alrededor del 30% de las preferencias. Hay un problema, pues, y muy fuerte.

Si Morena es tan encuestadora, que mida: qué pasó, cuánto cayó y por qué cayó; qué carajos se descompuso después de su encuesta oficial.

Hay algo todavía más importante que los números. En política, percepción es realidad. Y la percepción generalizada en Nuevo León es que Morena se desplomó.

La única defensa es cambiar la percepción, algo muy difícil si quienes fueron los principales rivales de Clara Luz Flores—Waldo Fernández, Andrés Mijes y Tatiana Clouthier— se niegan a apoyarla.

Clara Luz es una mujer trabajadora, una política con vocación. Pero por alguna razón su nominación no generó entusiasmo, sino todo lo contrario. Y hay algo todavía más delicado: el sentimiento de que Morena entregó Nuevo León porque pactó con alguien.

¿Pactó con alguien? ¿Con quién? Las apuestas están divididas. Hay quienes dicen que Morena busca favorecer a Mariana Rodríguez, la esposa del gobernador Samuel García, de MC. Otras personas afirman que el morenismo pretende beneficiar a Adrián de la Garza, del PRI-PAN.

No afirmo que haya existido tal pacto. Digo que esa percepción existe y, lo peor, que es creciente.

Hay, además, otro problema con la encuesta: mide el presente, pero no sabe juzgar el pasado. Una encuesta no tiene memoria histórica.

¿Cómo pudo ser considerado aspirante de izquierda al gobierno de Nuevo León alguien como Felipe de Jesús Cantú, quien fue diputado federal del PAN y, desde octubre de 2009, presidió la Comisión de Energía de la Cámara de Diputados; en efecto, en el sexenio de Felipe Calderón?

Cantú trabajó, ya como presidente de la Comisión de Energía, en la consolidación legislativa de la reforma energética calderonista de 2008, a la que Claudia Sheinbaum se había opuesto encabezando el movimiento de las Adelitas, brigadas de mujeres que realizaron una resistencia civil pacífica contra aquella reforma.

En resumidas cuentas, una encuesta puede medir. Lo que no puede hacer es pensar por un partido político.

No hablo, que conste, de otros estados en los que probablemente no ha ocurrido nada semejante. Habrá algún inconforme por ahí, pero al final las cosas tomarán su cauce y Morena seguirá adelante.

En Nuevo León la situación es distinta. En esta entidad Morena parece haber caído no en un bache, sino en un precipicio. ¡Se lanzó al vacío! No es culpa de Clara Luz. Pero ese es el hecho.

Tristemente, la encuesta que favoreció a Clara Luz Flores perjudicó a Morena en Nuevo León.

La pregunta clave es: ¿por defender una encuesta, por aferrarse a un método, se tiene que renunciar a competir en la entidad más importante de todas las que estarán en juego el próximo año?

Hay quienes dicen: “Pues ni modo. Esas eran las reglas, que se respeten y ya no hay nada que hacer”.

Yo llamaría a esto la falacia de la burocracia: creer que cumplir el procedimiento es más importante que cumplir el objetivo para el que ese procedimiento existe.

¿Cómo que no hay nada que hacer?

El espíritu de Morena se consolidó en 2006 en el plantón en el centro de la Ciudad de México, sobre Paseo de la Reforma, las avenidas Juárez y Madero y el Zócalo capitalino. Una protesta inspirada en el principio de la desobediencia civil.

Recordemos que el concepto de la desobediencia civil lo desarrolló Henry David Thoreau, el estadounidense que se negó a pagar impuestos —y fue a la cárcel— porque no quería contribuir a financiar la injusta guerra de Estados Unidos contra México.

Un principio bastante sencillo: es moralmente legítimo desobedecer una norma cuando esta conduce a una injusticia.

Si semejante principio aplica en tan elevados niveles éticos, con mayor razón un partido político puede utilizarlo para no caer en el burocratismo de decir: “Ni modo. El reglamento dice encuesta y encuesta se queda, aunque el partido se vaya a la lona”.

La misión de una encuestadora es hacer encuestas. La misión de Morena es ganar elecciones. Confundir una cosa con la otra puede resultar carísimo, como en Nuevo León.