SpaceX abortó el decimotercer lanzamiento de prueba de Starship cuando el vehículo estaba listo para despegar desde la base de Starbase, en Texas.
La empresa informó que los sistemas informáticos ordenaron detener automáticamente la operación al concluir la cuenta regresiva, aunque por ahora se desconoce el origen de la falla.
La cancelación obligó a descargar el combustible del cohete y aplazar una misión clave para perfeccionar el rendimiento de la tercera versión del vehículo espacial.
La misión buscaba probar nuevas capacidades de Starship
La prueba de Starship estaba programada para evaluar mejoras en el propulsor Super Heavy, considerado la primera etapa del cohete más potente construido hasta ahora.
Entre los objetivos figuraban completar las fases de ascenso, separación y los reencendidos de motores durante el regreso para intentar un aterrizaje controlado sobre una plataforma marítima.

La misión también contemplaba transportar por primera vez 20 satélites Starlink V3 de nueva generación en una trayectoria suborbital antes de su reingreso atmosférico.
Esos satélites disponían de aproximadamente 20 minutos para enlazarse mediante sistemas láser con la constelación principal de Starlink antes de desintegrarse.
La NASA mantiene un seguimiento constante del programa porque esta versión de Starship será utilizada en futuras misiones tripuladas del proyecto Artemis hacia la Luna.
Los retrasos en el desarrollo del cohete influyeron en el aplazamiento de la misión lunar, prevista ahora para mediados de 2027 en lugar de finales de 2026.
Mientras investiga las causas de la interrupción, SpaceX continúa la preparación de nuevos ensayos en una competencia tecnológica donde también participa Blue Origin con su sistema Blue Moon.



