Clayface, dirigida por James Watkins, supone la primera incursión formal del DCU en el género del horror; siendo una apuesta arriesgada, sobre todo por usar a un villano de segunda línea de Batman.
Si bien Clayface se alza como una gran película de horror, siendo bastante grotesca en varios de sus pasajes, de nueva cuenta tiene el problema de sentirse muy alejada del DCU, para bien y para mal.
Aquí tienes nuestra reseña de 5 puntos:
- Clayface es una historia humana sobre el duelo y la obsesión
- Clayface es horror en su estado puro
- Tom Rhys Harries entrega una gran actuación en Clayface
- Clayface no depende del DCU
- Clayface se siente demasiado solemne para una película del DCU
Clayface es una historia humana sobre el duelo y la obsesión
Clayface es una historia humana sobre el duelo y la obsesión, más allá de ser el origen de un villano de Batman.
El relato sigue la trágica trayectoria de Matt Hagen, un joven de las calles de Gotham que logra convertirse en una estrella emergente de Hollywood antes de que un brutal ataque perpetrado por un jefe criminal lo deje horriblemente desfigurado.

Desesperado por recuperar su estatus y apariencia, Hagen se somete a un tratamiento médico experimental que restituye su rostro, pero que al mismo tiempo resquebraja su estabilidad mental, sumergiéndolo en una espiral insaciable de venganza.
A diferencia de otras producciones que diluyen a sus personajes convirtiéndolos en antihéroes simpáticos, aquí vemos a alguien, oscuro, visceral y sin concesiones.
Una especie de ejemplo de lo más bajo del ser humano, de lo que sucede cuando no podemos superar una pérdida, donde nuestra estabilidad mental depende solo de un elemento de nuestro ser.
Hagen no da miedo por ser un villano, da miedo porque es algo que está dentro de todos nosotros cuando nos dejamos llevar por nuestras obsesiones y resentimiento, he ahí lo humano de la trama.
Clayface es horror en su estado puro
Clayface es horror en su estado puro gracias a la dirección de James Watkins y el guion de Mike Flanagan y Hossein Amini.
La producción decidió combinar el uso de CGI y de efectos prácticos, lo que nos da una crueldad visual digna de los poderes de este villano en cómics, series animadas y videojuegos.
El filme no tiene empacho en presentar secuencias cargadas de mutaciones grotescas y momentos viscerales que producen una tensión real en espectador, debido al rechazo inmediato que provocan.
Sin embargo, la mayor virtud de la película radica en cómo equilibra esa violencia gráfica con una emotiva estructura de romance gótico clásico y matices de humor negro, propio de la era dorada de las películas de horror.

Tom Rhys Harries entrega una gran actuación en Clayface
Siendo el pilar emocional y dramático del largometraje, Tom Rhys Harries entrega una gran actuación en Clayface, dando varios matices a su interpretación.
El actor galés de 34 años logra dotar a Matt Hagen de un encanto juvenil inicial que contrasta con la amenaza silenciosa y la locura progresiva que lo consume.
Si bien no hace que justifiques sus actos, durante varios momentos logra que sientas empatía no por el actor venido a menos, si no por el villano en que se está convirtiendo.
No solo eso, si no que a pesar de todo el maquillaje, logra ser extremadamente expresivo, usando todos sus recursos a la mano —ya sea la voz, la mirada e incluso la respiración— construyendo a un personaje por demás perturbador.

Clayface no depende del DCU
Algo que es bueno y malo al mismo tiempo, lo cual ya veremos en el siguiente apartado, es que Clayface no depende del DCU; funciona como una obra cinematográfica completamente independiente.
No se requiere ningún conocimiento previo sobre el Universo DC o la mitología de Batman para disfrutarla de principio a fin.
Esta aproximación demuestra la viabilidad del modelo de DC Studios; dar prioridad a historias autónomas bien construidas, donde las referencias al universo compartido quedan en un plano secundario.
Lo cual puede hacer de cada producto una puerta de entrada para diferentes audiencias, sin tener que estar ligadas a una franquicia de varios años con distintos productos conectados entre sí.

Clayface se siente demasiado solemne para una película del DCU
Por el lado negativo de lo anteriormente mencionado, Clayface se siente demasiado solemne para una película del DCU, lo cual puede obrar en contra de las intenciones del filme.
Pues crea una disonancia entre lo que hemos visto en Superman y Supergirl, que tenían un estilo más desenfadado.
Si bien tiene su mérito el querer dar una diversidad de tonos a este nuevo DCU, eso también puede crear conflicto y segmentar a las audiencias, pues es poco probable que quienes vean Clayface por curiosidad, vayan a ver Man of Tomorrow en 2027.
Pues Clayface queda como una gran película de terror, pero no se siente como una buena película de cómics o del DCU, lo cual demuestra el caos organizacional que hay dentro de la franquicia todavía al día de hoy.
¿Vale la pena ver Clayface?
Clayface se consolida como una decisión audaz para DC Studios. Al combinar un impecable diseño de body horror, actuaciones apasionadas y un trasfondo trágico sin las ataduras habituales del género.
Por un lado, demuestra que el cine basado en cómics aún puede reinventarse y sorprender a las audiencias más exigentes.
Sin embargo, también pone de manifiesto las costuras del DCU de James Gunn, donde en realidad no parece que haya una unidad real, siendo todos proyectos que parecen aventados al azar, de ahí que el tono y calidad sea tan dispar.
Si se toma como algo alejado, e incluso si se piensa que no parte de un cómic, Clayface funciona de maravilla; pero si se quiere empatar a su origen secuencial o que es parte del mismo universo que Superman, queda mucho a deber.



