Quizás, el teléfono no hubiera sido posible sin la Euphonia de Joseph Faber, la máquina que hablaba con cara de mujer.
El alemán estudió matemáticas pero sabía de física y música, talentos que reunió en su Euphonia, máquina que se dedicó a crear cuando, tras recuperarse de una grave enfermedad, cayó en un estado de hipocondría.
Para distraerse, dedicó toda su atención y energía en la máquina parlante, cuya primera versión fue presentada en al rey de Baviera en 1841, suscitando poco interés.
Muy triste, destruyó a Euphonia y se mudó a Estados Unidos con el propósito de probar fortuna allí, construyendo su “Maravillosa máquina parlante”.

¿En qué consistía la Euphonia de Joseph Faber?
En 1844, Joseph Faber presentó Euphonia, la primera máquina parlante, en Nueva York, dejando impresionando a Robert M. Patterson, el científico y director de la Casa de la Moneda.
Este buscó respaldo financiero para el creador, pero no tuvo éxito, así que por segunda ocasión, Faber destruyó su invento.
“En lugar de pronunciar unas pocas palabras, es capaz de pronunciar oraciones completas compuestas de cualquier palabra. lo que sea”
Joseph Henry.
Un año después, Patterson llevó a su colega, el famoso físico estadounidense Joseph Henry, al taller de Joseph Faber, quien le había agregado a Euphonia una réplica móvil de rostro femenino.

Joseph Henry quedó atónito y recomendó a Faber demostrar sus capacidades en el Musical Fund Hall de Filadelfia, cosa que hizo en diciembre de 1845, pero sin los resultados esperados.
“Las letras en el teclado eran A, O, U, I, E, L, R, W, F, S, Sh, B, G, y estas eran todo lo que era necesario para producir todas las combinaciones de sonidos conocidas por la economía fonética”
No obstante, Henry alcanzó a explicar el funcionamiento de Euphonia:
- 16 palancas o teclas proyectaban 16 sonidos elementales mediante los cuales todas las palabras de todos los idiomas europeos se pueden producir claramente
- Una decimoséptima llave abría y cerraba el equivalente a la glotis, una abertura entre las cuerdas vocales
- El plan de la máquina es el mismo que el de los órganos humanos del habla, las diversas partes son accionadas por cuerdas y palancas en lugar de tendones y músculos

Euphonia, la increíble máquina de Joseph Faber que nació para morir
Ya en 1846, Phineas Taylor Barnum, un empresario y animador estadounidense, fue el primero que en realidad llamó Euphonia a la máquina que hablaba con cara de mujer.
Expuso el invento de Joseph Faber en el Salón Egipcio e hizo que cantara God Save the Queen. Palancas separadas controlaban los movimientos de la lengua, los labios, la mandíbula y las cuerdas vocales.
El resultado fue que las personas comentaron que incluso podían sentir el “aliento” de Euphonia que emanaba de los labios de goma de la India colocados en una máscara de “ojos de piedra” del rostro femenino.

En realidad, el motor básico del aparato era un fuelle grande operado por un pedal, cuyo aire comprimido se conducía a través de una colección de lengüetas, silbatos y resonadores tipo cojín, modificados por varias persianas y deflectores.
Sin embargo, John Hollingshead, el director de teatro londinense, hizo después la descripción más completa y deprimente de la máquina parlante Euphonia:
“El profesor no estaba demasiado limpio, y su cabello y barba lamentablemente requerían la atención de un peluquero.
No tenía dudas de que dormía en la misma habitación que la figura, su monstruo científico de Frankenstein, y sentí la influencia secreta de una idea de que los dos estaban destinados a vivir y morir juntos.
El teclado, tocado por el Profesor, producía palabras que, lenta y deliberadamente, con voz ronca y sepulcral, salían de la boca de la figura, como del fondo de una tumba.
Como colofón, la cabeza cantó una versión sepulcral de ‘Dios salve a la reina’, que sugería inevitablemente, Dios salve al inventor”
John Hollingshead

El trágico final de Euphonia, la máquina parlante de Joseph Faber
Joseph Faber y su Euphonia generaron muy pocas ganancias, así como un respeto mínimo, pues a menudo eran objeto de burlas.
Una de sus últimas exposiciones fue en el Barnum’s Circus alrededor de 1860, cuando el periódico Toronto Mail anotó que todas sus palabras sonaban monótonas y similares, mofándose de un posible resfriado o una mandíbula dislocada.
Tras mucho trabajo y poca recompensa, Joseph Faber se quitó la vida en 1850. Nunca llegó a ver lo que su creatividad provocó.
Melville Bell, quien sí estaba encantado con Euphonia, mostró la máquina que hablaba con cara de mujer a su hijo, Alexander Graham Bell, el creador del teléfono.
Inspirado por Joseph Faber, este hizo varios intentos de reproducir el habla, logrando así el famoso teléfono.






