En 1990 surgió la Asociación Internacional de Exorcistas (AIE), encargada de formar, orientar y coordinar a los sacerdotes que realizan exorcismos dentro de la iglesia católica.
La asociación fue reconocida formalmente por el Vaticano en 2014, lo que le dio carácter institucional dentro de la iglesia.
Para el 2023, la AIE sumaba ya 905 miembros operando alrededor del mundo.
Exorcistas del Vaticano: en qué países operan y cómo se distribuyen a nivel global
El 70% de los exorcistas miembros de la AIE se encuentra distribuido a lo largo de Europa, lo que se traduce en 483 sacerdotes. Mientras que el resto se encuentra en:
- Estados Unidos: 62 exorcistas
- México: 48 exorcistas
- Brasil: 46 exorcistas
- África: 13 exorcistas
- China: 3 exorcistas
- Taiwán: 2 exorcistas

La verdad detrás de los exorcistas del Vaticano
La AIE fue una iniciativa de los sacerdotes italianos Gabriele Amorth, Jeremy Davies y René Chenesseau, quienes consideraban los exorcismos y las posesiones como problemas ignorados por la iglesia.
Lo anterior se traducía en un número reducido de sacerdotes capacitados para este tipo de prácticas.
El contexto bajo el que se creó la asociación de exorcistas es importante, pues a finales del siglo XX hubo un aumento en el interés colectivo por temas paranormales.
Hoy en día, la AIE continúa capacitando y designando sacerdotes como exorcistas, mientras que el fenómeno sigue generando debate dentro y fuera de la iglesia católica.
Incluso, y pese a lo extravagante que pueda parecer el oficio, la iglesia y el Vaticano insisten en que los exorcismos son poco frecuentes y un último recurso.
Esto debido a que primero se deben evaluar los posibles fenómenos espirituales como trastornos psicológicos o psiquiátricos, con una valoración médica previa.

Cómo decide la iglesia cuándo realizar un exorcismo y quién lo autoriza
La iglesia católica sigue un proceso riguroso para determinar cuándo es necesario realizar un exorcismo, descartando primero cualquier explicación médica o psicológica antes de considerar una causa espiritual.
En primera instancia, la persona es sometida a evaluaciones médicas y psiquiátricas para identificar posibles trastornos de salud mental, ya que la institución prioriza diagnósticos clínicos sobre interpretaciones sobrenaturales.
De forma paralela, un sacerdote realiza un análisis pastoral del caso, escuchando el contexto del afectado y observando comportamientos que pudieran ser considerados fuera de lo común dentro del ámbito religioso.
Entre los signos que la iglesia toma en cuenta se encuentran:
- Supuesta manifestación de fuerza inusual
- Hablar lenguas desconocidas
- Mostrar rechazo extremo a símbolos religiosos
La autorización final corresponde al obispo diocesano, quien designa a un sacerdote capacitado como exorcista y determina si el ritual procede, siempre como último recurso dentro de los protocolos establecidos.






