El Partido del Trabajo mantiene a Geovanna Bañuelos como la posible candidata sin alianza. La batalla en tierras zacatecanas estaría perfilando una ruptura en la 4T tras la designación de Verónica Díaz como virtual candidata a la gubernatura, decisión que generó malestar entre los aspirantes. Creo que es violencia política en razón de género sugerir que su candidatura deriva de vínculos exclusivamente familiares, tanto como sería ingenuidad ignorar que mantiene un vínculo de grupo con quienes han retenido al Estado por décadas.

Nos cuentan que este fin de semana Bañuelos será la carta del PT para Zacatecas, con la misión de inflar la votación para ese partido a nivel local. La posibilidad de triunfar es real y la fórmula es probada, durante otros ejercicios electorales, el acuerdo fue postular candidaturas no competitivas para que mediante los partidos aliados, ganaran realmente las candidaturas soportadas. Política ficción.

El hartazgo en Zacatecas es real. Las desapariciones son reales y también lo es el desgaste por gobiernos monárquicos, esos en los que solo el derecho de sangre parece permitir la sucesión.

Creo que Morena le apuesta a mantener alianzas, aunque eso implique jugar en canchas separadas. El hecho es que las candidaturas que se presentan en la boleta en 2027, además de las validaciones por encuesta y por los mecanismos internos de cada partido, contienen un filtro especial: la comprobación de posibles vínculos o relaciones, presentes o pasadas, con personas vinculadas con el crimen organizado.

Zacatecas no solamente está eligiendo entre nombres, partidos o grupos políticos. Está frente a una discusión mucho más profunda, si la alternancia será capaz de romper con las inercias del poder o si, una vez más, las mujeres serán utilizadas como el nuevo rostro de viejas estructuras.

Las columnas más leídas de hoy

Verónica Díaz y Geovanna Bañuelos representan, desde espacios distintos, dos rutas políticas para una misma entidad. Una llega respaldada por la decisión interna de Morena y por su cercanía con el grupo político de los Monreal; la otra aparece como la carta que el PT puede utilizar para conservar identidad propia y capacidad de negociación frente a Morena. La designación de Díaz ya provocó tensiones dentro del movimiento y el PT ha expresado inconformidad con el proceso. José Narro Céspedes ha denunciado que pareciera una herencia de gobernadores a sus elegidos. El hecho es que Andrés Manuel López Obrador ha dicho que “tonto es el que piensa que el pueblo es tonto”. Ni el miedo ni el amago sustituye el anhelo profundo por el cambio.

La discusión sobre Díaz no puede reducirse a su apellido, pero tampoco puede ignorar su trayectoria política. Fue delegada de los programas de Bienestar en Zacatecas, senadora y estuvo casada con Luis Enrique Monreal Ávila, hermano del actual gobernador David Monreal y del diputado Ricardo Monreal. Es precisamente esa cercanía familiar y política la que ha colocado el concepto de continuidad en el centro de la discusión zacatecana. En la definición de “nepotismo” como un tipo de corrupción que se presenta cuando se favorecen a familiares, aquí hay actualización plena.

El problema es que Zacatecas no necesita únicamente continuidad administrativa. Necesita recuperar la confianza.

Los datos obligan a matizar cualquier discurso triunfalista. La ENVIPE 2026 registró una reducción de 25% en la tasa de delitos por cada 100 mil habitantes en Zacatecas, que pasó de 29,167 en 2024 a 21,862 en 2025. También disminuyó 15.8% la tasa de víctimas de delito, de 18,690 a 15,733 por cada 100 mil habitantes. Son reducciones relevantes y deben reconocerse.

Hay otra cifra que no puede esconderse detrás de ninguna estadística favorable: 83.3% de las personas adultas en Zacatecas consideró inseguro vivir en la entidad entre febrero y abril de 2026. Y, durante 2025, apenas 11.7% de los delitos fueron denunciados; la cifra oculta llegó a 92.6%.

Ese contraste importa. Los zacatecanos y zacatecanas son rehenes de su gobierno y la propuesta en la boleta es que elijan, de nuevo, al opresor para dominarles.

Una elección no ocurre en las hojas de cálculo del gobierno. Ocurre en las calles, en las casas, en las familias que esperan una llamada, en quienes modifican sus horarios, en quienes dejan de salir de noche y en quienes aprenden a desconfiar antes de aprender a votar. En las centrales de autobuses que acumulan fichas de búsqueda.

Por eso el filtro de seguridad para las candidaturas no puede convertirse en un trámite burocrático ni en una herramienta de propaganda. Morena ha planteado revisar a sus aspirantes mediante instancias como la Fiscalía General de la República, mientras que el Gobierno federal y el INE preparan mecanismos para identificar posibles riesgos de infiltración del crimen organizado en las elecciones de 2027. La propia autoridad electoral ha advertido que la verificación no sustituirá la responsabilidad de los partidos en la selección de sus candidaturas.

Zacatecas merece algo más que una sucesión. La ciencia política dice que para calificar como democrático un proceso debe existir alternancia e incertidumbre. Alternancia como cambio de partido que gobierna, incertidumbre como para que el resultado de una elección dependa realmente de la voluntad popular y no de la operación del gobernador en turno o de acuerdos cupulares.

Zacatecas merece saber quién decide, con qué información decide y a quién beneficia esa decisión. El verdadero desafío de 2027 no será únicamente determinar cuál de estas dos mujeres llegará a la boleta. Será demostrar que una candidatura puede representar algo más que la continuidad de un grupo, la supervivencia de una alianza o la rentabilidad electoral de un partido.

En Zacatecas, dos mujeres pueden terminar disputando un mismo camino. Pero el estado no necesita simplemente cambiar de rostro. Necesita cambiar la lógica del poder.

Cuando 83.3% de la población todavía dice sentirse insegura, cuando más de nueve de cada diez delitos no llegan a denunciarse y cuando la discusión pública vuelve a girar alrededor de los apellidos, las alianzas y las familias políticas, hay una pregunta que ninguna encuesta puede responder por adelantado: ¿quién está dispuesto a gobernar para que Zacatecas deje de ser un territorio donde el poder se hereda y vuelva a ser un lugar donde el poder se gana, se vigila y se puede perder? El único camino es la democracia, que el pueblo hable sin presión ni miedo ni incentivos perversos.