Yucatán, que alguna vez fue vanguardia de derechos, instituciones y políticas públicas transformadoras, hoy es reducido a una plataforma de propaganda de un proyecto centralista que desprecia el federalismo y quita sentido a la autonomía estatal.
La entidad fue cuna de figuras del Partido Socialista del Sureste, como Felipe Carrillo Puerto, quien en 22 meses como gobernador transformó profundamente la vida pública del estado; Manuel Berzunza, su cercano colaborador; o Joaquín Ancona Cámara, alcalde de Mérida que dejó huella imborrable en la ciudad. Ellos construyeron principios, instituciones y políticas públicas que hoy han sido enterradas bajo el discurso y las prácticas de la Cuarta Transformación.
Legado, no retórica
Estos personajes impulsaron el voto de la mujer, tradujeron la Constitución al maya, crearon la Comisión Reguladora del Henequén, promovieron una ley laboral avanzada y otorgaron a las mujeres derechos inéditos para su época, como licencias de maternidad de hasta dos meses. Avances que marcaron a Yucatán y sirvieron de ejemplo para el país.
En años recientes el estado se distinguió por su pluralidad política, civilidad y estabilidad institucional. Aun gobernado por actores de distintas filiaciones políticas, como suele señalar la presidenta municipal de Mérida, Cecilia Patrón: se ha privilegiado la construcción de comunidad, la integración social y una gobernanza efectiva que mantiene a la capital yucateca como referente nacional.
El estilo de la 4T
Sin embargo, a la llegada de Morena, claudicaron muchos de estos principios. No se puede evaluar la gestión del gobernador Joaquín “El Huacho” Díaz Mena sin analizar el estilo de gobernar que impone la Cuarta Transformación: un modelo profundamente centralista, que recuerda más a prácticas de la época colonial que a un federalismo moderno.
Las decisiones relevantes no se toman en Mérida, sino en Palacio Nacional (¿o en Palenque?). Al gobernador se le “cobra la alcabala” que le permitió llegar al cargo y a cambio debe aceptar políticas, obras, contratistas y funcionarios, y hasta la imposición del lugar donde debía presentar el informe.
Tradicionalmente, como un acto republicano diseñado para rendir cuentas al pueblo sobre el estado que guarda la administración pública, el informe se entregaba al Congreso del Estado, la representación popular por excelencia y luego el gobernador dirigía un mensaje político.
Sin embargo, el ritual impuesto por la 4T vació de contenido ese ejercicio. En esta ocasión, Díaz Mena debía rendir su informe desde el Puerto de Altura de Progreso, un lugar lleno de inconvenientes logísticos, inseguridad e inoperancia para un acto político.
Expertos advirtieron sobre las inconveniencias, pero la instrucción del centro es presumir y justificar obras federales. Cuando el Puerto ya era un caos, a última hora, el Huacho decidió cambiar la sede al Centro de Convenciones de la Ciudad de Mérida.
Obras del Puerto de Altura
Oficialmente y con la intención de convertir a Yucatán en un nodo logístico global, la ampliación y modernización del Puerto de Altura contempla dragado profundo, la creación de 80 hectáreas de una nueva plataforma para terminales y la conexión con el Tren Maya y el Corredor Transístmico.
Sin embargo, la obra federal se encuentra plagada de inconvenientes técnicos y estructurales: incrementar el calado de 12 a 16 metros es casi imposible debido a la dureza extrema del lecho marino, resultado del impacto del meteorito de Chicxulub, y la interconexión logística prometida depende de infraestructuras fallidas.
El Tren Maya, que se ha descarrilado en varias ocasiones, opera con limitaciones severas, constantes fallas y una infraestructura que no soporta la capacidad para la que fue diseñada, y el Tren Interoceánico tampoco escapa a la improvisación ni a los accidentes con consecuencias fatales, mismos que evidencian tanto la supervisión deficiente de Gonzalo López Beltrán, como una ejecución orientada más a favorecer contratistas que a garantizar la seguridad.
A ello se suma el control absoluto de las aduanas por parte del SAT de Antonio Martínez Dagnino, cercano a Andrés López Beltrán, y Rafael Marín Mollinedo, primo de “Nico”, el conocido chofer del expresidente. Un esquema que cierra el círculo del poder y los negocios.
La obra urgente: generar energía
Los apagones recurrentes evidencian la necesidad de ampliar el suministro de gas natural mediante la duplicación del ducto Mayakán, un proyecto concebido desde el sexenio de Peña Nieto y retrasado durante años, que, aunque hoy avanza a marchas forzadas, su conclusión se estima hasta finales de 2027. En tanto Yucatán continuará enfrentando estrés energético y severos apagones, especialmente en temporada de calor.
Si bien debe reconocerse que Díaz Mena ha mostrado empeño en impulsar el proyecto, junto con la Agencia de Energía encabezada por Pablo Gamboa, la CFE, con Erendida Corral directora de CFE Energía y la secretaria de Energía, Luz Elena González, han obstaculizado sistemáticamente cualquier avance, favoreciendo la compra de diésel y perpetuando un negocio heredado del bartlettismo.
Sin energía, sin infraestructura funcional y sin capacidad real de decisión, el puerto, el tren y el discurso del desarrollo parte de una puesta en escena diseñada en Palacio Nacional.
La Cuarta Transformación con un gobernador atrapado entre la lealtad al centro y la incapacidad de responder a sus gobernados, está sustituyendo el legado de Yucatán en simulación y negocios de familia, eso sí, con un choro populista larguísimo de lambisconería y sumisión del gobierno estatal al centro del país.
X: @diaz_manuel




