El conflicto que vive hoy la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en torno a la evaluación estandarizada de ingreso o admisión a los programas de licenciatura (verano de 2026), a través de una plataforma contratada por la institución, a una empresa privada externa, para aplicar un examen en línea, es complejo y va más allá de un simple problema técnico. Es un conflicto estructural de gestión institucional y de toma de decisiones sobre las políticas de ingreso, permanencia y egreso.
El contexto
La UNAM, durante la rectoría del doctor Leonardo Lomelí, desde 2023, se ha visto envuelta en diversos conflictos que han caracterizado su vida institucional, la cual podría calificarse, en este tiempo específico, como de “alta inestabilidad”: La universidad ha transitado desde problemas de inseguridad interna (denuncias de actos porriles, violencia, homicidios); paros y tomas de instalaciones como parte de diversas demandas estudiantiles (contra los actos porriles, a favor de los comedores económicos, programas de salud mental); acusaciones de persecución a activistas, controversias presupuestales hasta, recientemente (2026), irregularidades en el examen de admisión o ingreso a los programas de licenciatura.
En particular, el año 2025 ha sido el más conflictivo y complejo, pues se vivió una crisis de inseguridad, protestas, paros y movilizaciones estudiantiles relacionadas con diferentes causas. El 22 de septiembre se dio el lamentable homicidio de Jesús Israel Hernández (estudiante del CCH Sur) por otro alumno (Lex Ashton). Este hecho detonó protestas masivas, exigencias de seguridad y de atención psicológica.
También se ha registrado una serie de amenazas de bomba (más de 40 reportadas) en varios planteles, lo que provocó paros en más de 20 facultades o escuelas, cierres de escuelas y realización de clases virtuales como alternativa. Adicionalmente, se han presentado tomas de instalaciones y bloqueos por diversos motivos. Por otra parte, se han publicado, tanto en redes sociales digitales como en medios informativos convencionales, críticas a las actitudes de “tibieza”, falta de claridad y lentitud en las respuestas del rector Lomelí ante estos conflictos.
Los eufemismos
En el caso del conflicto generado por irregularidades en el proceso de admisión o ingreso de estudiantes de licenciatura, la respuesta que ha dado la máxima autoridad de la UNAM ha sido evasiva, confusa e imprecisa. Para ello, se ha recurrido a los eufemismos o a las figuras retóricas para no dar cuenta, de manera directa y clara, de los problemas que han estallado en torno a los procesos de admisión a la mencionada institución educativa.
El boletín de la UNAM del 21 de julio señala lo siguiente: (fragmento): “El rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, Leonardo Lomelí Vanegas, instruyó la elaboración de un informe sobre el proceso de selección de ingreso a licenciatura para el ciclo escolar 2026-2027/1 de la UNAM. El objetivo es contar con información detallada del proceso y de los resultados de los exámenes efectuados en línea por los aspirantes…”
Al respecto, Imanol Ordorika comentó recientemente que “el comunicado difundido el 21 de julio por la Rectoría –anunciando apenas un informe y una comisión técnica– es, en el mejor de los casos, insuficiente; en el peor, un intento de ocultar la magnitud del problema y de evadir la responsabilidad y el desprestigio de las autoridades”. (Ver: “UNAM: nombrar el fraude y enfrentarlo”, La Jornada, 23 de julio, 2026).
Por otra parte, Alejando Canales, colega, docente e investigador del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación (IISUE) de la UNAM, se ha referido a este conflicto de la siguiente manera: “Un asunto de trascendencia que no solamente importa por la seguridad técnica del examen o la modalidad de evaluación utilizada, sino porque exhibe el problema de las oportunidades educativas, al tiempo que pone en juego el destino educativo de miles de jóvenes y la credibilidad de la institución”. (Ver: “El verano de la crisis del examen universitario”, IISUE, OPE, Observatorio de Políticas Educativas, 27 de julio, 2026).
Las trampas de la fe y de la Inteligencia artificial
Es indudable que el origen del conflicto de la evaluación para nuevo ingreso o admisión a licenciatura, en la UNAM, es de carácter estructural social e institucional, y está relacionado con las dinámicas añejas que las instituciones educativas de nivel superior y medio superior han implantado en legítima, pero cuestionable, actitud para cumplir con su función seleccionadora.
En el fondo, la lógica institucional establecida es que deben ingresar sólo algunas y algunos “porque no hay suficientes lugares”, es decir, aquellas y aquellos que demuestren un alto desempeño cognitivo y académico, a través de ese tipo de exámenes estandarizados.
Por lo tanto, se da un valor especial al mérito individual, sin considerar las desigualdades sociales, económicas y culturales en que se encuentran y viven, día a día, las y los estudiantes que aspiran a ganar un lugar en la “máxima casa de estudios” del país, y específicamente en los programas de licenciatura (o de bachillerato, en su caso).
Sin embargo, dado que la función “seleccionadora” no se puede hacer a un lado, (¿o hay una alternativa?) la UNAM debe estar más allá de las trampas de la fe y de la inteligencia artificial. Lo planteo así, porque, por una parte, evoco la metáfora creada simbólicamente por Octavio Paz sobre las dificultades que enfrentó Sor Juan Inés de la Cruz, en el siglo XVII, ante la jerarquía eclesiástica y a la moral del virreinato. En este caso, por otra parte, la UNAM cuenta con las capacidades técnicas, científicas, tecnológicas y humanísticas para enfrentar los desafíos que le presentan, inevitablemente, las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial, y para llevar a cabo sus procesos de selección, permanencia y egreso de manera independiente y autónoma. ¿Por qué contratar a empresas externas para que lleven a cabo procesos que son estratégicos para la institución? ¿Por qué no destinar 40, 50 o 60 millones de pesos para que la UNAM genere su propia plataforma de evaluación, donde combine, entre otros procesos, lo presencial con lo virtual?
Las comisiones técnicas
El rector Lomelí anunció la instalación de una “comisión técnica integrada por 16 expertos universitarios que, desde diversas disciplinas, revisarán el procedimiento del examen y los resultados del concurso de selección”. Pregunta: ¿El rector se dedicará a crear o a improvisar una comisión técnica de expertos (“jueces de políticas públicas” o evaluadores de procesos) para cada conflicto que se dé en la institución? ¿Habrá una nueva comisión técnica para el tema del porrismo y la violencia dentro de los planteles? ¿Y otra comisión técnica para revisar las políticas salariales, la precarización de la docencia universitaria y los conflictos derivados de las llamadas “academias doradas”? (distribución cerrada de cargos de funcionarios universitarios y plazas de tiempo completo mediante prácticas corporativas). En fin, ¿crear una comisión para cada conflicto representa el camino para resolver los problemas en la UNAM?
¿Sociedades deshonestas?
Las aportaciones de la sociedad hacia el sistema de transas y trampas en la educación es, por decirlo de manera suave, sobresaliente. México ha creado el famoso “Campus Santo Domingo”, lugar ubicado en el centro histórico de la Ciudad de México donde se establecieron, desde hace décadas, pequeñas empresas que ofrecen servicios de impresión de tesis o tesinas, pero que también se le ha conocido, popularmente y por mala fama, como el lugar el que se fabrican títulos de licenciatura, maestría y doctorado apócrifos.
En los datos recabados y publicados por Canales, se afirma que “este año, según información oficial, el examen alcanzó 191 mil 306 personas inscritas, de éstas 158 mil 712 lo presentaron y, al final, 21 mil 962 lograron un lugar. En el proceso, aclararon las autoridades, a 2% de aspirantes les cancelaron el proceso “por haber realizado conductas contrarias a lo establecido en la Convocatoria y en la Legislación Universitaria”, es decir, por malas prácticas al resolver el examen. En suma, del total de aspirantes sólo fue admitido el 13.8 %. Cifra similar a la de años anteriores que demuestra las reducidas oportunidades de ingresar a la Universidad Nacional.”
Pregunto: ¿Las reducidas capacidades de admisión de la UNAM a estudiantes de licenciatura justifica la realización de prácticas deshonestas para ingresar a la institución? Claro que no.
Historias de falsificaciones y trampas
Durante la historia institucional de la educación, en México, se ha pasado de las prácticas de falsificación de títulos en las altas esferas gubernamentales (no hay que olvidar el caso de Fausto Alzati, primer titular de la SEP del gobierno de Ernesto Zedillo, entre 1994 y 2000, quien tuvo que renunciar al demostrarse que no había obtenido el grado de doctor), a las prácticas de venta de exámenes, compra de reactivos y respuestas, pantallas clave, SIM o micro chips para “pasar” el examen de admisión.
La nación ha llegado a la etapa de la historia de las instituciones educativas donde las máquinas y los paquetes o plataformas de alta tecnología informática y cognitiva vigilan y controlan a las y los aspirantes en nombre de la “honestidad intelectual”. La SEP, hoy, hace lo mismo para evaluar a las y los docentes y a las y los directivos escolares para fines de promoción horizontal o vertical. De seguir las cosas así, el renovado lema de la UNAM del siglo XXI será: “Por mi raza hablará la inteligencia artificial”.
Transitamos, así, de los valores intelectuales (reconocimiento al mérito individual, a las capacidades cognitivas, a las altas “competencias” académicas y a los desempeños de “excelencia”) a la superioridad de los valores éticos y morales (sólo quedarán inscritos las y los estudiantes honestos y quedarán fuera las y los deshonestos) para determinar quién ocupa un lugar en las aulas, auditorios, bibliotecas y laboratorios.
UNAM, cómo no te voy a querer.
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@jcma23



