Morena, en su calidad de fuerza mayoritaria, se dispone a encabezar un proceso interno para definir a los perfiles que representarán un proyecto de nación. Antes de llegar a esa etapa, lo que realmente permitió allanar el camino fue el acuerdo de unidad firmado por las tres fuerzas que integran la coalición Seguimos Haciendo Historia. Ese entendimiento, al menos por ahora, avanza con estabilidad gracias a las mesas de trabajo y al diálogo permanente entre sus dirigencias.
Mientras la mayoría de los aspirantes formalizará su registro en los próximos días, comienza a tomar fuerza una expectativa: la posibilidad de que el PT y el PVEM logren encabezar alguna de las coordinaciones de organización del voto. Aunque el margen para ello es limitado, en los círculos políticos se menciona con insistencia que el Partido del Trabajo podría tener oportunidades, particularmente en Michoacán y Zacatecas.
Partiendo de la premisa de que ha edificado una alianza, tengo la impresión de que esta, en términos de proporción, tiene como fin arrasar en cada uno de los espacios de participación. Morena va por todo. Al parecer eso se conseguirá, mayormente ahora que la oposición vive una profunda crisis. Lo más apremiante es la lectura de las encuestas que nos vienen anticipando un escenario como ese. De hecho, no debe existir ninguna controversia: las encuestas o el consenso deben superar cualquier sobresalto y las pugnas internas que generan una atmósfera sofocante. Creemos que eso, como tal, se ha superado un poco. El periodo de registros vino a calmar un poco las aguas, básicamente por el manejo de la convocatoria que, de manera oficial, abre el periodo de registros esta misma semana. Vale la pena detenerse un poco en este instante porque esperamos una competencia clara donde las reglas de participación sean lo más transparentes posible.
Para que no se erosione el pacto de unidad, desde luego, la encuesta es una herramienta precisa para saber el pulso de la población. Que no nos sorprenda lo que puede llegar a ocurrir, pues muchos, con todo un periodo para posicionarse, tuvieron el tiempo para hacerse presente en muchos actos públicos o asambleas que se organizaron para informar a la ciudadanía. Viéndolo desde ese ángulo, eso generó una competencia muy reñida entre hombres y mujeres. La mejor interpretación, obviamente, saldrá de los cuestionarios que aplique la Comisión Nacional de Encuestas. Derivado de eso, las tres fuerzas ya saben el cómo y el cuándo se publicarán los resultados. Al tomarse una decisión de esa índole, obviamente, el nerviosismo aumenta en cada uno de los aspirantes, sobre todo en aquellos que cargan con muchos compromisos con la gente.
Será una verdadera prueba de juego ahora que conoceremos una lista infinita de aspirantes en la carrera por las gubernaturas. Hoy, precisamente que conocemos a detalle los pormenores de la convocatoria, tenemos una lectura muy clara acerca del puñado de participantes que, ya no hablemos de voluntad, sino de capacidad para poder imponerse, se asoman con gran intensidad. Lo más sustancial de todo ello, además de ser competitivos, es la capacidad de adaptación a los mecanismos internos. Muchos, incluyendo hombres y mujeres, podrán quedarse fuera a fin de equilibrar las fuerzas en el tema de paridad de género. Antes de que eso suceda, en definitiva, cada uno de los perfiles conoce a profundidad las reglas y, por ende, debe aceptarlas, sea cual sea el resultado. El propio calendario, que está flexibilizando el registro, nos dibuja el camino de lo que será.
Lo señalamos hace algunos días: la coalición Seguimos Haciendo Historia, que ha construido un pacto de unidad, se encamina hacia un momento culminante. Antes de llegar a esa apoteosis, cada actor deberá actuar con disciplina y reconocer el resultado que le corresponda, sea favorable o no. Ese gesto, por sí mismo, contribuirá a generar una percepción positiva hacia el interior del movimiento.
Cuando esa percepción se consolida, la ruptura se aleja o se desprende totalmente. Quienes han intentado competir bajo las siglas de otra fuerza política suelen terminar debilitados; además de interpretarse como un acto de deslealtad, implica perder el respaldo del Comité Ejecutivo Nacional, un apoyo que suele ser determinante en cualquier contienda.
En este contexto, Ariadna Montiel ha reiterado su compromiso de garantizar condiciones equitativas para todos los participantes. Ha subrayado que habrá supervisión puntual de cada entrevista y de cada cuestionario, especialmente en el momento decisivo en que se tomen las determinaciones finales.



