Ayer, con una mezcla de orgullo y complacencia, Ciro Gómez Leyva dijo que las figuras de la radio y la televisión de la actualidad son las mismas que las de antes del año 2000: él mismo, López Dóriga, Sergio Sarmiento, Aristegui, Denise...
Ciro lo expresó en su columna de Excélsior a propósito de un viejo programa de televisión que él dirigía en el antiguo Canal 40, el de Javier Moreno Valle, que fue despojado por Ricardo Salinas Pliego.
En ese programa, debatían periodistas de hace más de 30 años —que siguen dominando los medios concesionados en la actualidad—. El video se hizo popular ahora porque fue exhibido en la mañanera de la presidenta Claudia Sheinbaum para subrayar una frase de Sergio Sarmiento —desde entonces en TV Azteca—, la de que en el periodismo mexicano se miente.
Sarmiento se defendió diciendo que la sacaron de contexto. Con ese argumento lo han respaldado Gómez Leyva, Jorge Fernández Menéndez y otros periodistas. Pero hay un contexto que el colaborador de TV Azteca ignoró: que su patrón, Salinas Pliego, se hizo a la mala del Canal 40, lo que le resta mucha o toda ética a esa empresa.
Ciro, al defender a Sarmiento, dio elementos para subrayar que no ha habido renovación entre las figuras principales de la radio y la TV. A él le llenó de orgullo decirlo: las mismas viejas personas del pasado milenio siguen “informando” a quienes ven los noticieros televisivos y escuchan los radiofónicos.
Gómez Leyva presumió, con orgullo personal, que forma parte de una generación que se ha mantenido vigente en la televisión y la radio desde hace más de tres décadas.
El columnista de Excélsior y conductor de noticieros en Radio Fórmula expuso, sin proponérselo, una de las patologías de los medios tradicionales: la endogamia y la resistencia al relevo generacional.
Eso nunca es bueno. Me lleva a recordar las academias científicas francesas de la década de 1830, dominadas por figuras consagradas que, al menos en un caso, despreciaron el talento de un verdadero genio: Évariste Galois (1811-1832).
Ha habido pocos matemáticos más geniales que Galois, cuyos trabajos fueron de plano ignorados por las instituciones de su tiempo, controladas por vejetes de la ciencia que no dejaban pasar al nuevo talento.
Galois murió a los 20 años de edad de la manera más absurda —en un duelo a pistola por líos políticos y amorosos— y tuvieron que pasar años para que su obra fuera rescatada y revolucionara el álgebra.
El sistema científico francés de aquella época no estaba abierto a la renovación de la inteligencia porque las ideas novedosas no se ajustaban a sus formatos ni a sus criterios de validación, defendidos por los viejos que controlaban las academias.
Me temo que algo parecido le ha pasado a la televisión y a la radio comerciales en México, dominadas por el mismo envejecido y nada innovador oligopolio de voces y rostros que insiste en ofrecer a las audiencias las mismas recetas periodísticas de hace 30 años.
Buena parte de la culpa la tienen quienes administran las empresas mediáticas, que prefieren la comodidad de las personalidades conocidas y predecibles antes que arriesgarse con nuevos talentos y con un nuevo periodismo que, por supuesto, sería no solo impredecible, sino quizá incontrolable para los dueños de la radio y la televisión.
¿Es bueno que el periodismo televisivo y radiofónico sea el mismo de hace 30 años? Desde luego que no. México cambió, sobre todo a partir de la llegada de la 4T a la presidencia, proceso que fue posible porque en la hazaña de la izquierda mexicana hubo una participación brillante de la juventud, expresada en movimientos como #YoSoy132 y en la invasión juvenil de las redes sociales para denunciar el anquilosamiento e incluso la corrupción de los viejos medios tradicionales.
México es otro, pero el periodismo de la radio y la televisión sigue siendo el mismo. Los mismos vicios periodísticos de hace 30 años, los mismos estilos, las mismas personas frente a la cámara, los mismos sesgos ideológicos y políticos.
No hay en la radio y la televisión mexicanas otra manera de hacer periodismo que la que se practica desde antes del cambio de milenio. Ridículo.
Entonces, al no abrir espacios a un periodismo más fresco, los medios tradicionales se han estancado en los viejos moldes diseñados por el antiguo sistema político, que con dinero dictaba las líneas editoriales o, con todavía más dinero, las modificaba si se apartaban de lo que los presidentes del PRI y del PAN consideraban conveniente.
Se acostumbraron los medios tradicionales a cuestionar mucho para que se les silenciara con más recursos públicos. Hoy el griterío no para porque los presupuestos son mucho más escasos y ya no alcanzan para calmar el apetito de la arrugada y canosa casta mediática.
La mañanera ha sido un catalizador para acelerar no la irrupción, sino el liderazgo de los medios alternativos, que hoy retan a los viejos periodistas de la radio y la televisión, los mismos que discutían en el año 2000 con menos arrugas en el rostro y menos canas en el cabello, pero con la misma falta de objetividad y de responsabilidad frente a las audiencias.
Por eso se cuestionan tanto las mañaneras en los medios tradicionales: primero las de AMLO y ahora las de Sheinbaum. Pero gracias a esas ruedas de prensa diarias de la 4T, los medios alternativos dominan ahora la escena periodística.
Youtuberos y otros periodistas independientes, alejados de la radio y la televisión o sin cabida en esos espacios mediáticos, han quebrado y dejado hecho pedazos el sistema tradicional, porque la legitimidad y la credibilidad emigraron de la radio y la televisión hacia los videos de internet en YouTube, Instagram, TikTok y otras plataformas.
La gran aportación de las mañaneras ha sido democratizar el periodismo y convencer a las audiencias de que existe información verificable y objetiva lejos de la radio y la televisión. La legitimidad periodística ha dejado de ser un patrimonio exclusivo otorgado por las grandes concesionarias de radio y televisión a los mismos viejos periodistas de hace 30 años, que insisten, fallidamente, en manipular a una sociedad que cambió sin que ellos se dieran cuenta e incluso en contra de sus deseos.
Desde luego, hay de todo en las redes sociales, desde debates de elevada calidad intelectual hasta basura —casi toda con origen en la radio y la televisión—. Pero si aparece por ahí un Galois, su talento podrá desarrollarse sin necesidad de que lo acepten en el club de los vejetes del periodismo de la radio y la televisión.
La mañanera ha acelerado la aparición de nuevo talento periodístico. En ese sentido, la 4T ya cumplió. Pero la tarea más importante está todavía por hacerse y dependerá de los propios jóvenes que participan en las redes sociales, quienes deberán desarrollar su periodismo con rigor, verificación, independencia, cultura y objetividad.

