Imagina que en tu casa alguien administra el gasto familiar. Le das dinero para pagar la luz, la comida, la escuela, y al final del mes le preguntas: ¿En qué se fue el dinero?
Ahora imagina dos escenarios. En el primero, te dicen: “no tengo bien los recibos”, “se me pasó anotar”, “no sé exactamente cuánto gasté”. En el segundo, te entregan todo claro, ordenado y comprobado. ¿A quién le volverías a confiar el dinero?
La respuesta es obvia, y exactamente así funciona también la política. Los partidos políticos reciben dinero público, que es de todas y todos. Y existe una autoridad, el INE, que se encarga de revisar en qué y cómo se gasta. No es opcional, es una obligación.
Aquí es donde vale la pena detenernos. Cuando el INE revisa las cuentas, no revisa discursos, revisa números. Y esos números, en el Estado de México, arrojaron un resultado muy claro: no todos los partidos administran igual, hay algunos que tienen observaciones por millones de pesos. Es decir, no pudieron explicar bien en qué se gastaron ese dinero.
Pero también hay otra realidad. El Partido Verde, que me toca dirigir, tuvo el nivel más bajo de observaciones en todo el estado: poco más de mil pesos. Mientras otros partidos tienen cifras que alcanzan millones, nosotros entregamos cuentas claras.
Y esto no es es magia ni tampoco suerte, es una forma de trabajar; es tener orden, controles claros.
Te pongo otro ejemplo. En campaña es cuando más se gasta: eventos, recorridos, propaganda. Es también cuando más fácil es perder control. Aun así, el Partido Verde se mantuvo entre los que menos observaciones tuvieron.
¿Y esto qué significa en la práctica? Que mientras unos partidos están ocupados explicando en qué gastaron, nosotros nos ocupamos en hacer bien las cosas desde el inicio.
Ahí está la diferencia. Porque la transparencia no solo es un discurso, es algo que se demuestra cuando alguien revisa tus cuentas. Y aquí no hay forma de darle vueltas: hay partidos que gastan sin control, y hay partidos que saben administrar.
Yo estoy convencido de algo: la confianza que como partidos políticos le pedimos a la gente, no debe ser burlada. Se debe mantener haciendo las cosas bien, incluso cuando nadie te está viendo. Y se confirma cuando alguien —como el INE— revisa y encuentra que todo está en orden.
Hoy mucha gente duda de la política, y muchas veces tiene razones para hacerlo. Pero también es importante resaltarlas cosas que se hacen bien. Porque sí se pueden hacer bien, como lo es cuidar el dinero público y rendir buenas cuentas.
Sí se puede hacer política con responsabilidad. Y cuando se hace bien, no hace falta decirlo, se nota.




