En un momento de alta tensión diplomática y económica, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, sostuvo una llamada telefónica de alrededor de cuarenta minutos con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Según se informó, ambos mandatarios abordaron temas clave de seguridad y comercio.
El intercambio, descrito por Sheinbaum como “muy productivo y cordial”, no solo simboliza un intento por suavizar posturas, sino que se inscribe en una estrategia más amplia de negociación comercial, reposicionamiento internacional y manejo de presiones políticas internas. Es decir, un movimiento táctico en un tablero cada vez más complejo.
Mensaje político detrás de la cordialidad
Durante y después del diálogo, la presidenta difundió declaraciones que subrayan los ejes prioritarios de la relación bilateral y la intención de mantener una coordinación permanente con Washington: “Sostuvimos una productiva y cordial conversación con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Seguimos avanzando en temas comerciales y en la relación bilateral”. Más tarde, en la mañanera, añadió que en seguridad “vamos muy bien” y en lo comercial “seguimos conversando y avanzando”, aunque evitó detallar compromisos concretos.
También confirmó que Trump la invitó a visitar Estados Unidos, sin que se haya fijado fecha. Omisión nada menor: revela cautela y control del ritmo político. Por su parte, la coyuntura doméstica que atraviesa Trump es complicada, marcada por desgaste político y la pérdida de popularidad. Desde esa lógica, necesita resultados visibles en política exterior. No sorprende, entonces, que calificara a Sheinbaum como una “maravillosa y altamente inteligente líder” y reiterara su interés en fortalecer la relación bilateral y el futuro del tratado comercial trilateral.
El T-MEC: presión y negociación
La llamada ocurre a días de que el secretario de Economía, Marcelo Ebrard y el representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, acordaran iniciar conversaciones formales para la revisión del T-MEC. Entre los temas centrales figuran reglas de origen más estrictas, colaboración en minerales críticos y el fortalecimiento de derechos laborales y de productores.
Ebrard aseguró que hay avances para que el proceso sea “lo más rápido y lo mejor posible”. Aunque se ha insistido en que no hay señales de ruptura, la revisión del tratado apunta a modificar equilibrios que durante años beneficiaron a sectores específicos del empresariado mexicano.
Líneas que se adelgazan
El diálogo bilateral se enmarca en la controversia tras la detención en México del presunto narcotraficante canadiense Ryan Wedding. Mientras el gobierno de Sheinbaum sostiene que se trató de una entrega voluntaria, el director del FBI se refirió a una operación conjunta, lo que México ha rechazado.
El episodio expone una tensión de fondo: cooperación sí, pero sin admitir narrativas que comprometan la soberanía. Esa línea, cada vez más delgada, será uno de los principales retos de la relación en los próximos meses.
Al escenario se suma la decisión del gobierno mexicano de pausar el suministro de petróleo a Cuba. Aunque se insista en que se trata de una determinación soberana, Washington observa y el gesto puede leerse como señal de ajuste pragmático más que como un viraje ideológico.
¿Un giro estratégico de fondo?
La llamada sugiere un posible cambio de fondo en la política exterior de Sheinbaum. Tras meses de fricciones, amenazas y presiones en torno al T-MEC y la seguridad, la presidenta parece optar por un equilibrio pragmático que preserve la relación con Washington sin romper del todo con el discurso de soberanía.
En lo económico, la revisión del T-MEC apunta a afectar intereses de la oligarquía nacional. Sectores antes intocados, como la minería, podrían verse obligados a abrirse, lo mismo que otros grupos empresariales tradicionales y nuevos beneficiarios del poder político.
El ala más dogmática del obradorismo enfrenta un entorno menos protector, marcado por mayor escrutinio y cooperación en seguridad. Nombres como Mario Delgado, María del Pilar Ávila, Audomaro Martínez, Adán Augusto López, o incluso los hijos del expresidente ven reducirse sus márgenes de maniobra.
Beneficio mutuo, riesgos compartidos
Este viraje favorece a ambos mandatarios. Trump despresuriza el tema interno y se anota un triunfo político; Sheinbaum se sacude parte de la presión del obradorismo y abre espacio para ejercer un liderazgo propio.
Aún sin victorias definitivas, las señales parecen moverse en una lógica de intereses y no de lealtades heredadas.
X: @diaz_manuel




