En estos tiempos, hay presiones geopolíticas que amenazan la soberanía suiza. La delegada de Estados Unidos irrumpe en el Churchill-Saal de la Universidad de Zúrich y anuncia represalias directas contra cualquier ciudadano helvético que vote a favor de unirse a la IDA (Internationale Demokratie-Allianz).

Las amenazas de la estadounidense a la sociedad suiza incluyen la cancelación de tarjetas de crédito, la congelación de cuentas bancarias y la prohibición explícita de ingresar a territorio estadounidense —¡no les harán válida la ESTA o autorización electrónica de viaje, el equivalente a las visas que necesita la gente en México!—.

Esta imaginaria amenaza forma parte de la obra de ciencia ficción política Die Allianz der letzten Demokratien (La alianza de las últimas democracias), producida por el colectivo teatral Proberaum Zukunft bajo la dirección del dramaturgo Eneas Prawdzic en el festival Theater Spektakel.

Leí sobre lo anterior en el semanario alemán Die Zeit. La ficción se desarrolla en agosto de 2027 y el público participa en la decisión de si Suiza cede o no a las presiones de EEUU.

A los asistentes al auditorio que rinde homenaje a Winston Churchill se les traslada a un escenario global devastado por dos factores: el terrible verano de 2026 —con temperaturas récord e incendios forestales en Europa— y la llegada de la extrema derecha al poder en Francia.

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Lo peor es el avance de superpotencias autocráticas como Estados Unidos, Rusia y China. Frente a ellas, un bloque de 44 países —que abarca desde Gran Bretaña hasta Barbados y Timor Leste— ha redactado la Carta de la IDA para coordinar un frente defensivo multilateral, incluso con recursos militares, que supervise y garantice la calidad democrática de sus miembros.

En la representación, el público encarna a una delegación de ciudadanos suizos elegidos por sorteo que, a lo largo de dos horas de debate con políticos, diplomáticos y filósofos reales —entre ellos el exembajador Thomas Borer y la expresidenta Micheline Calmy-Rey—, debe decidir en referéndum si el país se adhiere o no a esta alianza internacional.

La votación es compleja. Sumarse a este proyecto exige a la nación helvética triplicar de inmediato su presupuesto de defensa, además de someter su soberanía a auditorías externas. Esto pondría en riesgo su histórica neutralidad y su modelo de democracia directa, basado en consultas populares para casi cualquier decisión nacional.

El periodista Tobi Müller, de Die Zeit, apunta que todo transcurre con la pulcritud y el orden característicos de la sociedad helvética. Nadie se altera en el recinto, y qué bueno. El público cambia en cada función y el resultado de la consulta también: hay jornadas en las que gana el NO —lo que complace a Estados Unidos— y otras en las que se impone el , desencadenando las presiones de Washington.

Me quedo con la amenaza de la delegada estadounidense a los delegados suizos: si votan por integrarse al bloque de naciones que busca frenar el avance antidemocrático de Estados Unidos y otras potencias, se les castigará con la congelación de cuentas bancarias y la revocación de sus permisos para ingresar a la nación más poderosa del mundo que, en la ficción de 2027, es todavía más autoritaria que en la actualidad.

Lo que en Suiza es una pesadilla imaginaria resulta en México un infierno cotidiano debido a las constantes y reales presiones de Estados Unidos.

En nuestro país hemos visto embates que se parecen bastante a la fantasía política montada en la misma sala de la Universidad de Zúrich donde Winston Churchill pronunció, el 19 de septiembre de 1946, su histórico discurso La tragedia de Europa.

Aquello es representación teatral; lo nuestro, una dura realidad. Experimentamos el día a día de una nación democrática, México, que se niega a someterse a las exigencias injerencistas de Washington y paga las consecuencias.

En junio de 2025, Estados Unidos decidió que CIBanco, Intercam y Vector —instituciones financieras mexicanas— podían estar relacionadas con lavado de dinero y prohibió transferencias de fondos vinculadas con ellas. No hubo pruebas, pero sí castigo.

Asimismo, el retiro de visas a personajes de la política mexicana vinculados al movimiento de izquierda es asunto politiquero de todos los días.

Interesante, ¿no? Para el espectador suizo, la escena de las amenazas estadounidenses pertenece a la ficción del teatro político, mientras que para alguien de México resulta un escenario inquietantemente familiar que se sufre en forma cotidiana.

Saldremos del averno del injerencismo estadounidense, claro que sí. La presidenta Claudia Sheinbaum tiene el carácter y el talento para superar dos grandes retos: los brotes de traición interna y la vocación imperialista de EEUU.

Ya sabrán en Suiza cómo abandonamos del laberinto de las presiones de Washington, cómo defendemos nuestra soberanía y cómo, sin fuerza militar, solo con las armas de la dignidad nacional, hacemos entrar en razón a la gran potencia. Y seguro lo adaptarán a su obra los realizadores de la pieza teatral Die Allianz der letzten Demokratien.