Como se esperaba, Rubén Rocha Moya regresó a la gubernatura de Sinaloa. Terminó la licencia temporal que solicitó al Congreso del Estado el pasado 1 de mayo y volvió para ejercer el cargo que, recuerda él mismo, le otorgaron los ciudadanos hasta el 31 de octubre de 2027. Hasta ahí, todo podría parecer un simple trámite constitucional.

Lo verdaderamente llamativo fue la frase elegida para anunciar su regreso: vuelve, dice, “con la frente en alto”. Y es precisamente ahí donde comienza la discusión.

Porque Sinaloa no atraviesa precisamente un momento para presumir. El estado lleva demasiado tiempo pagando las consecuencias de una crisis de seguridad que ha golpeado su vida cotidiana, su economía y la tranquilidad de miles de familias. Rocha puede argumentar, con razón jurídica, que fue electo gobernador y que su mandato todavía no termina. Puede recordar que una licencia no equivale a una renuncia y que, concluido el periodo autorizado por el Congreso, tiene derecho a regresar.

Pero una cosa es tener derecho a volver y otra muy diferente es pretender que el regreso borre todo lo ocurrido. Las urnas otorgan legitimidad de origen; los resultados construyen —o destruyen— la legitimidad durante el ejercicio del poder.

Por eso resulta difícil entender qué significa exactamente regresar “con la frente en alto”. ¿Por haber solicitado una licencia cuando el estado atravesaba uno de sus momentos más delicados? ¿Por volver cuando los problemas que motivaron buena parte de las críticas a su administración siguen presentes? ¿O simplemente porque jurídicamente puede hacerlo?

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Rocha Moya no regresa al mismo Sinaloa que dejó. Regresa a un estado profundamente marcado por la violencia y por una ciudadanía que lleva demasiado tiempo escuchando explicaciones mientras espera resultados. Regresa también con una responsabilidad política todavía mayor: demostrar que su retorno sirve para algo más que recuperar la oficina, la agenda y el título de gobernador.

Porque gobernar no consiste únicamente en ocupar constitucionalmente un cargo. Gobernar significa asumir las consecuencias de lo que sucede durante una administración, dar la cara cuando las circunstancias son adversas y, sobre todo, entregar resultados.

El gobernador está en todo su derecho de recordar que fue electo hasta octubre de 2027. Pero ese argumento tiene también una contraparte: precisamente porque los ciudadanos le entregaron el gobierno por seis años, pueden exigirle cuentas por esos mismos seis años. No solamente por los meses buenos. También por los peores.

Ahora Rocha vuelve y asegura hacerlo “con la frente en alto”.

Quizá hubiera sido más prudente regresar simplemente a trabajar. Porque cuando un gobernante necesita explicar que vuelve con dignidad, mientras alrededor permanecen demasiadas preguntas sin respuesta, la frase corre el riesgo de convertirse en algo muy distinto de lo que pretendía comunicar.

Como se esperaba, Rubén Rocha Moya está nuevamente en la gubernatura de Sinaloa. Una mala broma para muchos sinaloenses. El chiste se cuenta solo.