Su apellido nos remite a Magdalena de Kino, el municipio de Sonora que fue gobernado por su abuelo, Luis Colosio Fernández, entre 1982 y 1985, cuando su padre Luis Donaldo era director general de Programación y Presupuesto Regional, reclutado por Carlos Salinas de Gortari.
Luis Donaldo Colosio Riojas, nace en ese municipio a finales de julio de 1985 y abandona el estado a finales de 1994, para ser arropado por los amigos de su padre en la capital de Nuevo León, al quedar en la orfandad.
Antes de ser electo senador en la elección de 2024, Colosio Riojas fue alcalde de Monterrey y previamente diputado local. En los tres casos, registrado por el partido Movimiento Ciudadano. Una trayectoria política que denota arraigo y querencias en Nuevo León.
Viene a cuento el proemio anterior, porque Luis Donaldo se placea en Sonora, pulsando qué tan atractivo se mantiene su apellido entre el electorado, de un estado gobernado por quien fue un distinguido integrante de la nomenklatura colosista, Alfonso Durazo Montaño, que termina su sexenio el próximo año.
Desde la óptica del derecho, una interpretación gramatical de la Constitución Política sonorense, señala que Colosio Riojas puede ser candidato de MC a la titularidad del Poder Ejecutivo, aunque sea senador por Nuevo León.
De acuerdo al artículo 70 de dicha Constitución, uno de los requisitos para ser gobernador de Sonora es: Ser mexicano por nacimiento, hijo de padres mexicanos y nativo del Estado, y Colosio Riojas lo cumple cabalmente.
Pero no lo exenta de impugnaciones en su contra, ante la Sala Superior del TEPJF, por esta situación atípica, como la definió Durazo Montaño, o curiosa como dijo la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo con jiribilla, refiriéndose a quien coquetea a la ciudadanía que abandonó hace 32 años y por la que nunca se había preocupado hasta ahora.
Situación muy diferente a la de Porfirio Muñoz Ledo en 1991, cuando alegó el ius sanguini para ser candidato a gobernador de Guanajuato, siendo que no era originario ni tenía la residencia en ese estado, pues era chilango.
Tan ajeno y distante está hoy Colosio Riojas de Sonora, que todos sus puntos de acuerdo promovidos en el Senado, que suman 61, se han enfocado a resolver la problemática de Nuevo León, particularmente el suministro de energía y la contaminación de la zona conurbada de Monterrey.
Pero el dilema que enfrenta no es jurídico, sino ético y nos remite a la figura biblia de Judas Iscariote, a propósito de la Semana Santa: traicionar o no a 810,431 ciudadanas y ciudadanos de Nuevo León, que votaron para que los represente hasta el 2030.
Una cantidad de votos nada despreciable rumbo a la sucesión neoleonesa de 2027, pues supera a los 786,808 que obtuvo Samuel García Sepúlveda para ganar la gubernatura en 2021.
Hándicap que no tiene Colosio Riojas en Sonora, en donde Ernesto de Lucas Hopkins, originario de Magdalena de Kino y sobrino de otro distinguido colosista, Guillermo Hopkins Gámez, obtuvo la tercera posición para MC en la elección senatorial de 2024, con 126,011 sufragios.
Así, el placeo de Luis Donaldo por Sonora, se presenta como un menosprecio a la ciudadanía neoleonesa y como una confesión pública de que su proyecto se ha desinflado en Nuevo León, en donde la aprobación de la presidenta Sheinbaum Pardo alcanza el 64%, de acuerdo a la encuesta de Mitofsky, 20 puntos arriba del mandatario estatal.
Dicho de una manera más cruda, no es que el nieto de la dinastía Colosio haya perdido la brújula, sino que sabe que su eventual candidatura en Nuevo León está condenada al fracaso, en donde Morena se perfila como el partido ganador de la sucesión gubernamental de 2027, beneficiado por la alta aprobación presidencial.
Finalmente, un escenario thinking outside the box es que, desde Sonora, Luis Donaldo presione el tablero político de Nuevo León, para evitar que lo saquen de la baraja sucesoria sabiéndose la carta mejor posicionada.




