LA POLÍTICA ES DE BRONCE
Al momento de escribir estas líneas, la mezcla mexicana de petróleo se cotiza en 62.91 dólares por barril, mientras que la gasolina Magna cuesta 24 pesos por litro; la Premium, alrededor de 29 pesos por litro, y el diésel, 27 pesos por litro. Se dijo hasta el cansancio que el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán de hace tres meses y el cierre del estrecho de Ormuz habían provocado el aumento desproporcionado de los precios del petróleo y, por tanto, de los combustibles.
Antes del conflicto, el precio de la gasolina Magna se había topado en 24 pesos por litro, pero la guerra en Medio Oriente había disparado los precios de la gasolina premium y el diésel, combustible que ocupa el 80 por ciento del transporte de servicios y de carga en el país.
México enfrentó una situación ambigua. Por un lado, es un país productor de petróleo y el aumento de los precios provocó un incremento momentáneo de sus ingresos por las ventas de crudo; por otra parte, es un país importador de gasolina: alrededor del 60 por ciento de su consumo es importado. La Secretaría de Hacienda, a través del IEPS, mantenía el control sobre los precios de los combustibles.
En términos generales, en esta coyuntura México quedaba tablas. Los ingresos adicionales por la venta de petróleo crudo se destinaban a subsidiar los combustibles. Al menos, eso se nos ha dicho.
Afortunadamente, después de tres meses, Donald Trump firmó un acuerdo de paz con Irán. Después de la firma de dicho acuerdo, el precio de la mezcla mexicana de petróleo volvió a sus niveles previos a la guerra, que rondan entre los 60 y los 65 dólares por barril. El asunto, lo que llama la atención y genera preocupación, es que las gasolinas y el diésel siguen por las nubes. No han bajado un peso, lo cual sí ha ocurrido en Estados Unidos, una de las naciones que más se vio afectada por el incremento en los precios de los combustibles.
Una preocupación adicional es que el precio del petróleo mexicano regresó a sus niveles normales, con lo cual ya no existe el ingreso adicional que se tuvo durante tres meses. Queda, entonces, la duda de cómo el gobierno va a subsidiar los combustibles.
La pregunta incómoda es: ¿cuándo van a bajar el diésel y la gasolina Premium? En la lógica estricta del mercado, de acuerdo con la información que nos dio la Secretaría de Hacienda, las gasolinas en el mercado mexicano tendrían que bajar de precio, al menos, al nivel previo a la guerra en Irán.
A menos que, como siempre, los economistas se pasen la mitad del tiempo explicando sus teorías económicas y la otra mitad explicando por qué fallan. El problema es que estos aumentos en los combustibles presionan el precio de otros productos. Qué digo de otros: de todos los productos básicos, afectando la economía de miles de familias.
Eso pienso yo. ¿Usted qué opina? La política es de bronce.


