El Día Mundial del Perro suele inundar las redes sociales con historias de fidelidad y ternura, pero detrás de la celebración habita un reclamo urgente. Esta fecha no se creó solamente para aplaudir el cariño que ya les damos en casa al ser parte de nuestra familia, sino para confrontar la inmensa cantidad de animales abandonados a su suerte y aquellos que pasan sus días hacinados en refugios. Es importante recordar el valor de la adopción responsable, combatir el maltrato.
Hay una verdad incómoda que ya no podemos evadir con romanticismo, el perro callejero es una víctima de una gran crueldad, pero también representa un gravísimo problema de salud pública y un riesgo sanitario latente para toda la población.
Reconocer que los animales son seres sintientes con derecho a una vida digna y protegida es el primer paso ético. El abandono es una de las formas de maltrato más severas, pues condena al animal al desamparo absoluto. Pero el impacto de esta acción individual no se queda en la banqueta, cruza la línea hacia el espacio público y se transforma en una amenaza colectiva.
Un perro en la calle carece de un esquema de vacunación y desparasitación. Esto lo convierte en un vector inmediato de enfermedades peligrosas para el ser humano, como la rabia, la sarna, y diversas infecciones parasitarias que ponen en riesgo la vida de las familias, especialmente de los niños, niñas y personas adultas mayores.
El peligro se respira de manera cotidiana. Las toneladas de heces fecales que se acumulan diariamente en las calles se secan, se pulverizan y son arrastradas por el viento. Estos residuos microscópicos contaminan el aire que respiramos y los alimentos que consumimos en la vía pública, detonando brotes constantes de enfermedades gastrointestinales, respiratorias y oculares en la población. A esto se suman los riesgos físicos, las jaurías estresadas por el hambre y el miedo pueden volverse agresivas, provocando ataques severos que incluso cuestan vidas humanas. La negligencia de unos pocos se convierte, así, en un riesgo sanitario y de seguridad para todos y todas.
La solución no puede ser la violencia ni la indiferencia. Entender que la salud humana y el bienestar animal están profundamente entrelazados es vital para detener este ciclo. Atacar el problema de raíz exige políticas públicas firmes de esterilización masiva, educación comunitaria y sanciones severas al abandono. Cuidar de ellos es, en última instancia, protegernos a nosotros mismos.
Juntas y juntos impulsemos políticas públicas y acciones ciudadanas que frenen el abandono, controlen la crisis sanitaria en las calles y devuelvan la seguridad y la salud a nuestras comunidades.
Jennifer Islas. Política y conferencista.
X: @JennIslas
TikTok: @jenniferislas
Instagram: @JennIslas
Facebook: Jennifer Islas V



