Si las guerras fueran positivas para toda la humanidad y no solo para unos cuantos, estaríamos siempre pugnando por tener conflictos bélicos en todo el orbe. Pero la realidad es que las guerras solamente benefician económicamente a un puñado de personas, mientras el resto vive las consecuencias de ellas, incluso pagando con la vida.

Por eso, los señores de la guerra no mandan a su descendencia a pelearlas; para ello están los millones de humanos, insignificantes y reemplazables para esta élite belicista, que son la carne de cañón que sirve a sus intereses.

En este espacio hice patente, desde la llegada de Donald J. Trump al poder, que la industria aérea es lo que menos le importa. Comenzó descalificando a la “aviación verde”, y por ello se salió del Acuerdo de París, cuya finalidad es la mitigación de los Gases de Efecto Invernadero (GEI) a la atmósfera.

La aviación ya sufrió todo el año pasado, sobre todo la norteamericana, aunque también el resto de las aerolíneas que vuelan hacia Estados Unidos padecieron los estragos del cierre del gobierno norteamericano. Pero ahora padecen las consecuencias de la guerra que las administraciones de Donald Trump y la de Netanyahu están llevando a cabo contra Irán.

A esto hay que sumarle el segundo cierre del gobierno norteamericano que comenzó en febrero y que impacta a la gente que trabaja en la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA, por sus siglas en inglés), y que llevan sin cobrar sus salarios desde el sábado 14 de febrero.

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Las consecuencias son evidentes. Los aeropuertos norteamericanos solicitan que los pasajeros lleguen entre cuatro y cinco horas antes de la salida de sus vuelos, previendo la falta de personal, que traen como consecuencia demoras masivas que terminan afectando, tanto a las aerolíneas norteamericanas, como a las extranjeras que operan en Estados Unidos. De hecho, el Aeropuerto de Houston publicó en su cuenta de la red social X:

“Debido al cierre del gobierno federal, los pasajeros deben llegar de 4 a 5 horas antes de su vuelo para tener tiempo adicional para la revisión de la TSA. Los tiempos de espera de la TSA pueden superar los 180 minutos… El cierre del gobierno puede afectar las operaciones de seguridad de un día, e incluso de un turno, al siguiente… Para más información comunicarse directamente con su aerolínea”.

Al final, son las líneas aéreas quienes terminan pagando los platos rotos, porque pagan más de lo que ya tenían calculado por servicios aeroportuarios, además de las compensaciones a los clientes molestos por las demoras. Y por si eso no fuera suficiente, también deben sumarle el alza en el costo del combustible.

Mientras, los trabajadores que todavía cuentan con recursos económicos para presentarse a laborar hacen más evidente la falta de personal, pues si no te pagan, no comes ese día; así de simple: o pagas la renta u ocupas ese dinero para desplazarte de tu casa al lugar de trabajo. Esto, además de afectar la parte económica, estropea la salud emocional de los empleados del TSA.

A diferencia del cierre anterior, este es un “cierre parcial”, pues ni el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), ni tampoco la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés), se han visto afectadas, derivado del millonario presupuesto que obtuvieron el año pasado mediante el “One Big Beautiful Bill”.

Son obvias las “prioridades” del ente naranja que gobierna el vecino país. Hay áreas estratégicas, como la deportación de inmigrantes, que están por encima de un buen manejo, que sea responsable en la gestión aeroportuaria. Por supuesto, culpan a los demócratas del cierre, calificando este cierre como “Democrat shutdown”. Por lo menos así lo han hecho en todos los perfiles que tiene el gobierno de Trump en redes sociales.

Han llegado al colmo de la ridiculez al alojar dentro del sitio web de la Casa Blanca, una página llamada “Government Shutdown Clock”, donde directamente acusan a los demócratas del cierre, y un cronómetro va contando las horas en tiempo real. Pero vayamos ahora a su operación “Epic Fury”, que perfectamente puede ser traducida como Epstein Files.

Porque no podemos engañarnos; todos los “patines” que Donald Trump hace por el mundo son a raíz de las implicaciones que él mismo tiene en los expedientes Epstein. Cada día hay más y más información sobre actos deleznables en contra de menores de edad, realizados por quien hoy lleva las riendas del supuesto país “más poderoso”.

Jeffrey Edward Epstein fue un magnate financiero estadounidense, que como miembro del MOSSAD sirvió al gobierno de Benjamín Netanyahu en la obtención de material incriminador, que ha servido para que Israel presione a los Estados Unidos a entrar en una guerra contra Irán.

El cuento tiene 30 años repitiéndose: “Irán está a 15 minutos de tener un arma nuclear”; con esta falsa narrativa, y en aras de “defenderse” de un supuesto ataque por parte de los iraníes, los Estados Unidos e Israel bombardearon a Irán, en una supuesta acción “preventiva”.

Esto ha traído como consecuencia una crisis a la industria aérea, cuyas dimensiones todavía son desconocidas. La guerra que se libra sobre el espacio aéreo del Golfo Pérsico está golpeando a la aviación, de una manera sin precedentes.

Y no lo digo yo, la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA, por sus siglas en inglés), ha alertado que, de seguir el conflicto armado, se corre el riesgo de no tener el suficiente suministro de combustible, que es finalmente más del 40% dentro de una operación aérea.

El cierre del estrecho de Ormuz ha prendido todas las alarmas, pues no hablamos nada más de que se eleve el precio, o falte el combustible para las líneas aéreas, sino que también el riesgo se presenta con los cierres de ciertos espacios aéreos, y las demoras y cancelaciones que en estas dos semanas han sufrido las líneas aéreas, con los costos que esto conlleva, y no solo las que son de Medio Oriente, sino el resto de líneas extranjeras que vuelan a dicha región.

En consecuencia, el precio de los boletos de avión ha aumentado, generando un extraño desbalance en el mercado, y la forma de competir entre líneas aéreas, porque no todas tienen un respaldo “energético”, como Emirates o Qatar Airways, por nombrar algunas.

Además, tener que evacuar a miles de turistas y personas que huyen de la zona de conflicto, tiene un elevado costo para la aviación. La reprogramación de miles de vuelos está poniendo -literalmente- a prueba a la industria aérea a niveles insospechados, adaptando su operación según se estén dando los bombazos.

Por supuesto, con este maravilloso caldo de cultivo que incluye el cierre de los espacios aéreos en Medio Oriente, la reorganización de todos los vuelos y la elevación del costo de la turbosina se ha dejado de lado la utilización de SAF (combustible sostenible).

Se está operando “con lo que se tiene y como se puede”, así que las sanciones que la Unión Europea llevaba a cabo para incentivar a las líneas aéreas en un mayor uso de combustible sostenible, ha tenido que suavizarlas.

Con esto, queda cada vez más lejos la meta de descarbonizar la industria aérea, y alcanzar para el 2050 las cero emisiones de GEI a la atmósfera, como aspira el programa de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI). Seamos realistas en cuanto a la huella de carbono y el impacto ambiental de los misiles utilizados en el conflicto Irán-Israel.

Se estima que emiten decenas de miles de toneladas de gases de efecto invernadero en periodos cortos de tiempo. Además, el uso de misiles balísticos y de crucero no solo genera emisiones directas durante la combustión, sino también impactos indirectos a través de incendios en infraestructuras, sin contar los GEI generados durante la producción del armamento.

Pero no tenemos que ir tan lejos para darnos una idea del daño económico a la industria aérea. Hasta el momento se han contabilizado pérdidas por alrededor de los 5 mil millones de euros, y no sabremos a cuánto más pueda ascender la cifra, y eso que únicamente nos enfocamos en transporte de pasajeros; la historia con el transporte aéreo de carga es que la región de Medio Oriente representa un 13% del mercado, y esto de manera inevitable afectará a todo el mundo.

Si todo lo anterior no fuera suficiente, muchas líneas aéreas se encuentran enfrentando pérdidas importantes en las acciones que tienen en las bolsas del mundo; según la agencia Reuters, las pérdidas en este rubro suman ya 22,600 millones de dólares, por la caída de las acciones.

Con estos datos, y con los pelos de la burra en la mano, podemos decir que el gobierno de Donald J. Trump ha sido sumamente nocivo para la aviación comercial, tanto la de su país, como el resto de líneas aéreas alrededor del mundo.